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Es un hecho que Woody Allen hace mucho que brindó sus mejores obras al séptimo arte, y en años recientes se ha limitado a hacer comedias que usan de manera mínima los elementos que ya han marcado, con los años, su vena estilística. En este contexto, Melinda y Melinda (2004) constituye un agradable cambio dentro de la línea allenesca, ya que no sólo es de lo mejor que le hemos visto al realizador en mucho tiempo, sino que además nos regresa (al menos por poco más de hora y media) al Allen que era cómico, reflexivo, y analítico de la condición humana… todo a la vez.
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