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Los juegos previos, tan deliciosos como el mismo sexo, son un arte que no
todos dominamos. Y la mejor forma de superarnos es reconociendo que no lo
sabemos todo. Aprende a evitar esos errores comunes que suelen disgustar a las
mujeres.
A raíz de su carácter cordial, comprensivo y educado, muchas veces las mujeres
deciden ignorar esas pequeñas cosas -ligeramente irritantes- que realizas
durante el jugueteo previo.
De hecho, ellas se mantienen en silencio para guardar las apariencias, y
nosotros podríamos pensar que es nuestra vergüenza lo que están preservando,
cuando en realidad es la de ellas. La mujer puede ser un poco tímida a la hora
de confesar las posiciones y movimientos que prefiere, así que muchas veces
prefiere callar y seguir adelante.
A continuación, te ofrecemos una lista con sugerencias que te ayudarán a evitar
aquellas cosas que podrías estar haciendo mal durante el jugueteo previo. No
importa si crees que eres el amante más avezado, lee el siguiente artículo y
asegúrate de no estar cometiendo estos comunes errores.
1. Ser demasiado rudo
Los hombres preferimos, por lo general, que nos toquen en una forma más
agresiva, por lo que tocamos a las mujeres como a nosotros nos gustaría que nos
toquen. Desgraciadamente, esto no funciona bien, por lo general, porque las
mujeres prefieren ser tocadas con suavidad; con cuidado, sería una buena forma
de describirlo. Por lo tanto, la próxima vez que estés haciendo algo a tu mujer
y dudes si la está pasando bien, trata de hacerlo un poco más suave y ve como
responde.
La regla:
Si estás dudando, en primer lugar, relájate. Es mucho más fácil para ella
pedirte que vayas más rápido que pedirte que te seas más suave; tenlo en cuenta.
Comienza con un contacto suave y luego sube el nivel de intensidad. Esto
funciona a la perfección a la hora del sexo oral, y te permite aprender sin la
necesidad de que ella te instruya explícitamente; sus respuestas te dirán si
estás yendo por el camino adecuado o no.
2. Usar movimientos repetitivos
Cuando alguien frota la misma zona un largo rato, ésta se puede irritar. Las
mujeres, a menudo, se las deben ver con hombres que, al escuchar que algo “se
siente muy bien”, deciden quedarse allí eternamente. Estos sujetos, asimismo,
deciden continuar con este mismo movimiento durante toda la sesión de juegos
eróticos, lo que puede hacer las cosas aburridas y rutinarias después de un
rato.
La regla:
Cambiar las posiciones con regularidad es mucho mejor que correr el riesgo de
darle una sobredosis de posiciones y caricias repetitivas. La repetición sólo
sirve para desensibilizarla y, eventualmente, aburrirse como ostras. Mantenlo
interesante, y haz que ella esté siempre sensible, cambiando las áreas de
contacto.
Por ejemplo, comienza besándole la boca y luego muévete a su cuerpo –cuello,
pechos, brazos (codos interiores, antebrazos internos, y dedos), estómago,
muslos internos y vagina-. En lugar de terminar en su vagina, desciende a sus
pies y luego vuelve a subir a su cuello y pechos.
3. Perderse en la rutina
Aburrirse en la cama es, normalmente, resultado de la falta de imaginación y,
desde ya, de la falta de entrenamiento. Como opuesto a la timidez y a la
limitación de hacer sólo lo que creemos correcto (tal vez ser demasiado firmes o
repetitivos), el entrenamiento nos da confianza en nosotros mismos para intentar
nuevas cosas.
La regla:
Todo tiene que ver con el método de la prueba y el error. Trata diferentes
posiciones y diferentes presiones y luego pregúntale cómo se siente. No te
olvides: ella también estará en modo de “entrenamiento”, descubriendo qué es lo
que le gusta y qué no.
Nunca asumas que, sólo porque ella no se ha quejado, estás haciendo un buen
trabajo. Posiblemente, ella no quiera pincharte el globo diciendo que no has
sido el mejor amante que ha tenido. No creas que sabes todo y que ella no es
capaz de decirte cómo hacer las cosas. Sé un buen estudiante y las recompensas
serán todas tuyas.
4. Ser agresivo durante el sexo oral
Algunos de ustedes, sin dudas, habrán tenido o tendrán compañeras sexuales que
no gusten del sexo oral. Puede haber varias causas para esto, pero la más común
es que, posiblemente, no se lo hayan practicado en forma correcta. En primer
lugar, trata de no tener la boca seca cuando comienzas. Otro error es ser
demasiado rudo o morder. Por último, muchos suelen alejarse de los puntos
calientes demasiado rápido.
La regla:
Ten un refresco a mano si pretendes explorar en sus partes bajas. Una bebida
dulce es buena porque rápidamente inicia –y sostiene durante buen rato- la
segregación de saliva. Esta saliva, será suave y espesa –como una miel-, y te
permitirá deslizarte a lo largo de la vulva. El agua cumplirá la misma función,
aunque sin igual efectividad.
Cuidando de no sobrepasarte con la fuerza, comienza con el toque más ligero que
puedas mostrar, y mantente así hasta que ella empiece a gemir e intente
aproximarse hacia ti. Cuando ella se aproxime, en busca de un contacto mayor,
evita caer en la tentación de ejercer mayor presión, y sostén el toque suave del
inicio –justo lo contrario a lo que ella quiere-.
Esto la volverá loca –en el buen sentido-, pero procura no prolongar demasiado
esta actitud o ella podría darte una bofetada. Luego, comienza a incrementar la
presión gradualmente. Una lengua cálida, relajada y escurridiza es mágica cuando
se hacen las cosas con corrección. Como si tú no lo supieras...
Por otra parte, recuerda la importancia de nunca jamás morder su vagina;
simplemente duele. Morder ligeramente algunas partes de su cuerpo, como la
espada o las nalgas, puede ser erótico; pero las partes más sensitivas son, como
la palabra lo dice, sensitivas.
La vagina y los pezones son zonas que no deben ser mordidas, al menos que tu
amante te lo pida expresamente. No obstante, cuando decidas pegarle unos
mordiscones, procura hacerlo apropiadamente. Esto significa sin clavarle los
dientes en busca de sangre y sin dejar marcas, como haría un vampiro. Al menos
que ella te pida mordiscos fuertes, mantén la calma y no vayas más allá de una
caricia con los dientes.
Siempre se ha acusado a los hombres de “encaminarse hacia los puntos húmedos”
directamente, en lugar de tomarse el tiempo necesario para “encender” a una
mujer en forma correcta. Esta acusación, desafortunadamente, está bien fundada.
Muchos de nosotros tenemos el mal hábito de ir directo al sur después de unas
caricias en los pezones y unos besos en el vientre.
Las mujeres necesitan más estimulación y juego previo de lo que solemos darle, y
si no respetamos este factor biológico podrías encontrarte desesperado y
solitario, y lo que es peor, posiblemente no sepas por qué. Tómate el tiempo
necesario para aprender a leer a tu mujer.
5. Retorcimiento de pezones
Es hora de saberlo: retorcer los pezones de tu mujer, definitivamente, no es
sexy. El retorcimiento de pezones es algo que los hombres suelen hacer, a pesar
de formar parte de uno de los errores sexuales más graves, y muchos incluso
preferiríamos la muerte a renunciar a su práctica.
Tal vez, se deba a que nadie se tomó la molestia de leerle el manual de las
pasiones de las mujeres. Cualquiera sea la razón, el retorcer pezones no resulta
erótico ni sexy, y no se siente bien; de hecho, duele. Al menos que te lo pidan
específicamente, no lo hagas. Si ella lo quiere fuerte, te pedirá que lo hagas
fuerte.
La regla:
A la hora de trabajar sobre los pezones de una mujer, puedes tirar, succionar, y
chuparlos fuertemente. También puedes frotarles con los dedos y los puños,
friccionarlos generosamente entre dos dedos, o tocarlos suavemente con tus
dientes –el truco para esto es tocar el pezón con tus dientes, luego mover la
mandíbula ligeramente -y lentamente- de lado a lado, de modo que los dientes
rocen la aureola del pezón.
6. Perder el clítoris
Por más que intentes incansablemente desplegar tu magia allí abajo, a veces es
fácil sentirse un poco perdido a causa de la aparente ausencia del clítoris.
Recuerda que ellas tienen cuatro labios vaginales: dos externos y dos internos.
También hay que tener en cuenta que no es el lugar más fácil para trabajar, dado
que en la mayoría de las situaciones, no tenemos la mejor iluminación sobre la
zona.
La regla:
La forma más fácil y más efectiva de conocer una vagina es abrir bien los ojos y
ocuparla con tu boca y con tus manos. Mira lo que estás haciendo mientras la
sientes, de modo que cuando no la puedas ver, tengas el conocimiento para
guiarte por el tacto.
Si no está excitado, el clítoris puede ser difícil de encontrar, y algunas
mujeres lo tienen más escondido que otras. Esto deberás imaginarlo, y, si estás
inseguro, sería conveniente que le preguntes. Sí, ella estará encantada si
simplemente “lo sabes ubicar”, pero si no lo consigues, aprende. Cuando el
clítoris está excitado, sobresaldrá como un pequeño capullo duro por debajo de
la piel. Si lo tocas generosamente, lograrás sentirlo al tacto.
En cuanto a los engañosos labios mayores y labios menores, baja a su perineo y
realiza un registro de la zona de la misma manera. En cualquier caso, al momento
de manipular una vagina, asegúrate de tener siempre los dedos húmedos –incluso
cuando ella todavía no esté húmeda, le dará la impresión de que sí lo está,
haciéndola excitar con gran efectividad-.
El amo de sus dominios
Con un poco de práctica y voluntad, cualquiera puede dejar de ser un novato –o
un desganado- en la cama. Todos hemos cometido errores atroces y dolorosos
durante el jugueteo previo, a raíz de mordidas fuera de lugar, repetición y
falta de imaginación, entre otras causas.
Por lo general, suele ser difícil para el hombre entender por completo el
complejo mundo de la sexualidad femenina. Esto es porque el cuerpo femenino
necesita distintos tipos de estimulación para lograr una excitación completa,
que transforme a la mujer en esa diosa sexual capaz de hacer lo que sólo ella
sabe.
El mejor consejo que se le puede dar a un hombre es el de practicar. Ser un
estudiante flexible y dispuesto es terriblemente atractivo. La única forma de no
atascarnos es admitir que no sabemos todo –es decir, puedes saber dónde está el
clítoris, pero no debes limitarte a ello ni contentarte con tan poco-.
Por otra parte, este reconocimiento te hará, de algún modo, vulnerable, y ella
querrá de ti mucho más. El ego suele interponerse en el camino del mejor sexo,
así que procura apartarlo y evita que tu vida sexual sufra por ello.
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