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El deseo sexual no puede ser constante, ni en el caso del hombre ni en el de
la mujer. Lo importante es respetar los momentos de cada uno... y saber cómo
avivar el fuego en el momento adecuado
Fijar un día determinado a la semana para el amor significa, en primer lugar,
negar esta igualdad. Porque aunque a veces ambos coincidan en su disposición
para amar, es poco frecuente que los dos protagonistas se sientan con el mismo
deseo un día determinado programado fríamente con anticipación.
Desde siglos atrás, y por un acuerdo tácito entre el hombre y la mujer, la
iniciativa del juego es masculina. Por ello, es el hombre el que inicia el rito
del sábado (o de cualquier otro día) y quien hace que la mujer acepte su
imposición en la fecha que él estime conveniente.
Sin embargo, ¿qué sabe el hombre de la mujer? ¿Acaso el sábado esta considerado
por los médicos entre los días del mes en que la mujer siente un deseo mas
intenso?
El hombre egoísta ni siquiera se interesa en saberlo. Actúa pensando únicamente
en él, busca su satisfacción sin preocuparle si la mujer esta en disposición de
aceptarlo o no. Es posible que en ciertos días la mujer no se encuentre apta
para la vida íntima, emocional o físicamente.
¿Lo tiene en consideración el marido, especialmente en el día asignado para la
intimidad? Muchos no lo tienen en consideración. Proceden como siempre han
procedido. La mujer la secunda aunque no responda como deseara, actuando en
forma totalmente pasiva.
¿Cuales son las consecuencias?
Todas negativas. Los médicos afirman que la represión y la falta o participación
limitada de la mujer en la vida conyugal íntima es la causa principal de muchas
enfermedades sicosomáticas y de muchas enfermedades sicosomáticas y de muchos
trastornos fisiológicos femeninos.
Los sicólogos también están de acuerdo que esta es la razón principal por la que
muchas mujeres, a determinada edad, desarrollan las más diversas neurosis. Se
inicia así una reacción en cadena de causa y efecto que, en muchos casos, puede
destruir la más sólida unión matrimonial.
¿Cómo reacciona el hombre cuando la mujer responde en forma reprimida y limitada
en la intimidad?
Por lo general se siente absolutamente libre de culpa. Y con sinceridad, porque
no se ha detenido a pensar en los efectos que esta causando a su esposa la
rutina que él ha establecido.
Los franceses, para diferenciar las reacciones del hombre y la mujer dicen:”La
mujer que se da un golpe en el pie al tropezar con una silla, se lamenta por el
daño que se ha hecho... el hombre protesta porque alguien ha dejado la silla en
medio del paso”.
Así es común que el esposo indolente llegue a la conclusión de que la mujer es
frígida, y en algunos casos este concepto le sirve como justificación consigo
mismo para buscar aventuras sentimentales extramatrimoniales.
Cuando la vida íntima de un matrimonio es forzada, sin espontaneidad, la mujer
posiblemente asumirá que su matrimonio es infeliz. En el silencio de la noche
del sábado, mientras se produce el rito sexual en forma sistemática y calculada,
la mujer llegara a pensar que ella no es normal porque solo es capaz de
despertar el deseo en su marido una vez a la semana.
Si se halla en condiciones de juzgar la situación con más serenidad y
objetividad, pensara que su marido la engaña y que la noche del sábado es el
único indicio de que su matrimonio no ha naufragado del todo.
En algunos casos, la mujer acepta la imposición de su esposo. En otros, busca la
verificación de su feminidad y una venganza contra aquel que la ignora en un
aspecto tan fundamental para la vida conyugal.
¿Cómo? No es difícil imaginarlo...
Ahora bien, ¿que sucedería si en vez de ser hombre quien conduce el juego fuera
la mujer quien estableciera la rutina del sábado?
Es preciso tener en cuenta que el hombre, lo mismo que la mujer, tiene momentos
en que el deseo es mas intenso. Pero en otros, el interés es mínimo e inclusive
es posible que exista cierto grado de rechazo o indisposición.
Esto es normal y así debe ser aceptado por ambos cónyuges. En el caso de un
hombre que se vea obligado por su esposa al rito sabatino, la situación presenta
más complicaciones todavía.
Si el sábado coincide con su periodo de poco interés por la intimidad – que
puede ser causado por fatiga, preocupación o, simplemente, por causas biológicas
de diferente índole, según hemos mencionado- la mujer indudablemente pensara que
ha dejado de interesarle, que existen otros factores para que no reaccione de la
forma que ella espera, y llegara a mil conclusiones diferentes.
Probablemente todas están lejos de la realidad. No olvidemos que si bien la
mujer puede fingir en ciertas circunstancias, el hombre no.
A pesar de que estos problemas, cuando se exponen en un articulo o se conservan
con alguna amiga intima, parecen simples y fáciles de resolver, la realidad es
que son complejos. La mujer misma los hace complejos porque no tiene la
suficiente franqueza para exponerlos al esposo.
Y el hombre los hace complejos, porque su actitud indolente hace que la mujer
busque a la misma una justificación y esta es, generalmente, negativa para la
relación conyugal. La mayoría de los matrimonios se refugian en el silencio en
una forma egoísta.
Cada uno considera que el problema es culpa del otro y poco a poco esta actitud
ejerce su influencia destructiva en el matrimonio.
Es indudable que la vida intima tiene un papel fundamental en el equilibrio
emocional de una pareja y en la armonía de sus relaciones. Con el transcurso del
tiempo, cuando la etapa del noviazgo y la luna de miel han sido superadas, las
relaciones entre los cónyuges se tornan diferentes. Alcanza el nivel normal a
todo ser humano.
El amor sigue siendo el mismo, solo que no es preciso estar demostrándolo a cada
instante con caricias y repetidas frases de amor. Otros elementos sustituyen esa
confirmación constante que algunos individuos necesitan y entonces el amor se
convierte en una evidencia de que la relación conyugal continúa en plena
armonía.
Para alcanzar ese equilibrio que es esencial para todo matrimonio, es preciso
entablar el dialogo entre los cónyuges. Además, es imprescindible que exista
comunicación.
Y esta comunicación debe extenderse a todos los típicos, desde los más triviales
– por ejemplo, porque a él no le gusta que ella se ponga determinado vestido –
hasta los más serios y embarazos – porque él la desea únicamente una vez a la
semana.
Ninguno de los cónyuges debe buscar refugio en la timidez ni inhibirse. Es
necesario tratar de establecer la situación, buscar las causas y, juntos,
adoptar una actitud positiva que supere los conflictos que hayan podido
presentarse.
Encontrar una excusa para eludir un tema que puede influir en el fracaso de un
matrimonio es absurdo. Aceptar una situación de esta naturaleza como algo
ineludible es igualmente un error mayúsculo. Para lograr la felicidad conyugal
plena, los compromisos entre los cónyuges deben quedar rotos.
La noche del sábado ha llegado a convertirse en un compromiso para muchos
matrimonios. Y es uno de los compromisos más penosos, por cierto.
Porque con él, la intimidad pierde toda la espontaneidad. Y de igual forma, la
ilusión que es tan esencial para el amor, decae en forma proporcional.
Cualquier momento puede ser apropiado para el amor. Así lo deben comprenderlo
ambos cónyuges. Las rutinas siempre tienden al hastía. Si la rutina se lleva a
la intimidad, ese hastío puede significar una situación insalvable.
La entrega entre un hombre y una mujer es maravillosa, cuando cada uno
complementa al otro. Pero ambos deben estar dispuestos a dar, no solamente a
recibir. Día tras día, no únicamente el sábado.
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