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"Los extraterrestres nos llaman..."
Así rezaban los titulares de la prensa matutina el 20 de junio de 1972,
refiriéndose al hallazgo de los cadáveres de José Rodríguez Montero, de 47 años
y Juan Turú Valles, de 21, ufólogos afincados en Tarrasa (Barcelona), que habían
puesto fin a sus vidas arrojándose a la vía férrea.
La noticia conmocionó en su época el medio ufológico. Investigadores de todas
partes se sintieron responsables hasta cierto punto de la suerte de estos dos
personajes. Sin embargo, en lugar de llevar a cabo las investigaciones de rigor,
especularon con diversas hipótesis, entre las que destacaba la del asesinato,
acaso ocultando cierta beligerancia a la hora de enfrentarse a tan incómodo
suceso. Esto es comprensible en un época donde coexistían, junto con la
investigación OVNI, otros aspectos más especulativos tales como los hombres de
negro, supuestos censores del estudio de los OVNIs, hoy constituidos en
verdaderos mitos, pero entonces creencias fuertemente arraigadas en las mentes
de los investigadores. Cuando dieciocho años después, y gracias a la
colaboración de ufólogos como Javier Sierra, Enrique de Vicente o Vicente Perez,
hemos conseguido acceder a la correspondencia privada de aquellos estudiosos,
pudimos enfocar nuestra investigación desde una dimensión diferente.
A unos treinta metros del lugar del incidente, se halla la vetusta casa de don
José Fernández, ex-guardagujas de RENFE. El y su esposa nos dieron el primer
dato sorprendente: "aquí no vino nadie a preguntar nunca nada; ni policías, ni
periodistas, ni nadie".
Nos desconcertó que el primer testigo potencial no hubiera sido interrogado
nunca. Ante la sorpresa, optamos por encaminar nuestros pasos a los organismos
oficiales. Los medios de comunicación y los investigadores habían hecho
infinidad de conjeturas sobre la posición de los cuerpos, tratando así de hallar
una explicación relacionada con algún crimen ritual.
El Comisario Jefe de la Policía Nacional, señor Valdivieso, nos facilitó un
croquis de la posición de los cuerpos que era radicalmente distinta a la
ofrecida por los periódicos de la época. Necesitábamos con urgencia acceder al
sumario de la causa y así tener la certeza de los datos obtenidos. Creímos
erróneamente que los años transcurridos facilitarían nuestra incursión en el
aparato burocrático de nuestra justicia. Fueron necesarios tres intentos, el
asesoramiento jurídico de amigos letrados y una buena dosis de insistencia para
conseguir tener en nuestras manos el sumario 42/72 que contiene las diligencias
del denominado "Caso Tarrasa".
"En la ciudad de Tarrasa, a 20 de Junio de 1972 -leíamos en el expediente-
siendo las 6 h y 45 minutos, el señor Juez instructor numero dos en funciones de
guardia, con mi asistencia y la del médico forense, nos hemos constituido en el
lugar de los hechos, vía férrea de la RENFE, proximidades de la estación de
Torrebonica... "
Nuestra vista se paseaba veloz, pero segura, por el pliego de folios mientras
una profunda emoción recorría nuestro cuerpo: "Debo hacer constar -señala el
sumario- que en posesión de cada uno de los cadáveres ha sido hallada una nota
escrita en papel cuadriculado y bolígrafo que dice: LOS EXTRATERRESTRES NOS
LLAMAN".
El sumario contenía, además, un dibujo de un platillo volante, la narración de
una experiencia en Júpiter, una poesía y otras diligencias referentes a las
declaraciones de los padres, así como cartas póstumas que más adelante
revelaremos. Sin embargo, había algo que nos interesaba en sobremanera: el
informe de la autopsia practicada por el forense Don Manuel Baselga. La autopsia
revelaba la muerte por decapitación de ambos ufólogos. Pero había dos datos que
llamaban poderosamente la atención: el hallazgo en la mano derecha de José
Rodríguez de algodón limpio que no fue analizado, y el hecho de que éste había
permanecido en ayuno mientras que su compañero de viaje, Juan Turú, tenía en su
estómago restos alimenticios. En realidad dudábamos que el algodón hubiera
servido para taponar los oídos, tal y como apuntaba un periódico
sensacionalista. Nos inclinábamos a pensar que éste, impregnado de alguna
substancia estupefaciente, tuviera como misión suavizar la "partida a
Júpiter"... Pero no adelantemos acontecimientos.
La investigación no se desarrollaba con la agilidad que esperábamos. Una
inquietante cortina de silencio rodeaba todo lo concerniente al caso. El ejemplo
más sintomático se produjo en Zaragoza donde nos reunimos con Amadeo Romanos,
uno de los destinarios de las cartas que con carácter póstumo enviaron los
suicidas. En aquél entonces, Amadeo presidía la SEPIC (Sociedad Española Para la
Investigación del Cosmos); conoció a José Rodríguez a través de un anuncio
publicado en la revista Algo, y en mayo de 1970, se conocieron personalmente.
A lo largo de las dos entrevistas que mantuvimos con él en Zaragoza, tratamos
inútilmente que nos facilitase información acerca de Rasdi & Amiex, nombre del
grupo del cual eran integrantes los dos ufólogos, así como detalles de su
encuentro con ellos en Zaragoza. Sin embargo, Romanos negaba cualquier vínculo
entre la SEPIC y los infortunados pese a que, como averiguaríamos más tarde,
Joan Turú formaba parte de dicha asociación. Amadeo Romanos era un muro
inexpugnable, de modo que decidimos probar suerte con otros componentes de la
SEPIC. En el numero 14 de la calle Don Bosco vive Martín José Labay, también
destinatario de una de las cartas. Labay mantenía estrecho contacto con los
suicidas, participaba de sus contactos y viajaba asiduamente a Terrassa para
verlos. Era la persona idónea para hacernos una idea de cómo pensaban José
Rodríguez y Joan Turú, pero el infortunio estaba con nosotros. Martín José Labay
trató de suicidarse el día de Reyes de 1988 arrojándose por el patio interior de
su casa desde una altura de siete pisos. La suerte parecía decidida a darnos la
espalda.
De regreso a Barcelona, nos pusimos en contacto con Enrique Rubio, el cronista
de sucesos que sin duda publicó más sobre el caso. El podía poseer información
de primera mano de los familiares. Sin embargo, se negó en redondo a facilitar
cualquier dato por minúsculo que fuese. ¿Qué podía esconderse detrás de tanto
misterio? ¿Por qué, al mencionar nuestro interés en el caso, amigos como José
María Casas Huguet o José Ruesga, se negaban a ayudarnos escudándose en la
confidencialidad del caso? Intuíamos que ese silencio estaba motivado por
Tivissa, una misteriosa zona colindante a Mora de Ebro en la que Joan Turú
estuvo investigando por cuenta del CEI (Centro de Estudios Interplanetarios).
Curiosamente, el dossier de Tivissa es el único que ha sido robado del archivo
de esta institución en veinte años.
José Antonio Galán se interesó desde 1967 en la fenomenología ovni. Miembro de
la RNC (Red Nacional de Corresponsales) y ADIASA, en 1.972 empieza a indagar
sobre el "caso Tarrasa" y halla importantes paralelismos con otro "suicidio": el
de dos jóvenes de 16 y 18 años de Lérida. Su común denominador: el suicidio en
la vía del tren y su interés por Tivissa. Después de intensos años de trabajo,
Galán se deshace de su archivo y deja definitivamente la ufología. Galán llegó a
la conclusión de que José Rodríguez y Joan Turú fueron asesinados.
El difunto escritor y pionero de la ufología Marius Lleget era en aquella época
uno de los mayores divulgadores del tema ovni-extraterrestre. A raíz del
"suicidio" de los ufólogos de Tarrasa su trayectoria dio un giro de 180 grado.
Cuando, tras la muerte de éstos, se convierte en destinatario de dos cartas
póstumas, sus editores lo exprimen al máximo. Sin embargo Lleget, en el fondo
poeta del cosmos, se sume en una profunda depresión que le lleva en dos
ocasiones al borde del suicidio y a un año de reclusión en un psiquiátrico.
Antes, como decíamos, sería utilizado como punto de mira por sus editores. Su
condición de pluma ágil y docta en materia extraterrestre lo situaba en una
posición privilegiada para enjuiciar el caso de los suicidas y el de muchas
asociaciones de amigos del espacio que entonces existían. Lleguet no tardó en
erigirse en el "enemigo del tema extraterrestre" para muchos ufólogos. Cuando el
tema de los suicidas empieza a enfriarse, el director de Lleguet, Enrique Rubio,
recibe un anónimo que rezaba así:
"¿SABIA USTED QUE JUAN TURU VALLES ESTUVO INVESTIGANDO HASTA LA SACIEDAD SOBRE
LA "CONCA" DE TIVISSA EN BUSCA DEL REFUGIO DONDE SE CREE HABITAN "ELLOS", O SE
ADAPTAN A NUESTRA ATMOSFERA?¿POR QUE NO INVESTIGA, "DE VERDAD"? QUIZA
ENCONTRARIA ALGO QUE LE INTERESA MUCHO"
Después de nuestras investigaciones, encontramos serios indicios de que el mismo
Marius Lleguet había sido el autor del anónimo. No obstante, y tratando de
seguir hasta las últimas consecuencias la investigación, preparamos la
expedición a Tivissa en febrero del presente año. Convertida en "meca de la
ufología" durante los años 70, a la Conca de Tivissa habían acudido decenas de
ufólogos españoles pretendiendo encontrar en alguna de sus cientos de cuevas la
entrada a la supuesta "base extraterrestre" cuya existencia defendían algunos
divulgadores como Julio Roca Muntañola. Nosotros tampoco encontramos la "base"
pero, para nuestra sorpresa, tres días antes de nuestra llegada, un OVNI había
sido avistado en la zona. Sin embargo, no encontramos ninguna pista que
relacionase directamente a Joan Turú con Tivissa, y comenzamos a intuir que ésta
podía haber sido una pista falsa preparada años antes para desorientar a
posibles investigadores posteriores del "caso Tarrasa".
Sin embargo, no nos desalentamos y comenzamos a seguir otra pista relacionada
con el caso: el affaire UMMO. Tal y como nos diría el Padre Enrique López
Herrero, conocido investigador sevillano del tema UMMO en los años 60 y 70,
"todo contactado español debía estar relacionado con el asunto UMMO",
notablemente divulgado en aquella época en la que aún no existían en España
otros grupos como Fraternidad Cósmica o Misión Rama. Si además tenemos en cuenta
que existía una total afinidad entre la filosofía de José Rodríguez y Fernando
Sesma, además de su probable amistad personal, no es de sorprender esa relación.
Pero, por si esto no fuese bastante, recientemente, y gracias al investigador
José Juan Montejo, localizamos un documento de la asociación ERIDANI, receptora
de la información de UMMO, en el que se vincula directamente a Rodríguez con los
"ummitas". Esto no nos sorprende, ya que él viajaba constantemente debido a su
profesión y estaba en contacto con multitud de investigadores españoles. Incluso
había estado relacionado con otros fenómenos extraños como, por ejemplo, las
apariciones del Palmar de Troya, en las que llegó a asistir al propio Clemente
Domínguez, el "Papa" del Palmar, en alguno de sus trances.
Sin embargo, todos estos hechos fueron ignorados por la policía en su día.
Cuando nos entrevistamos con Angel Hernández, hoy Jefe de la Policía Municipal
de Tarrasa, y en su día oficial al cargo de la investigación del caso, él mismo
nos confesó que la investigación había sido relativamente escueta. Unas
entrevistas a familiares e interrogatorios a algunos vecinos y compañeros de
trabajo dictaminaron la resolución del caso "Al fin y al cabo estaba muy claro
que eran dos simples chalados por los OVNIs...". Pero nosotros no opinábamos que
fuesen "simples", y menos teniendo en cuenta que la relación de José Rodríguez y
Joan Turú no se remontaba a años, ni siquiera a meses, en contra de lo que todo
el mundo pudiese imaginar. Juan conoció a éste apenas unas semanas antes del
suicidio de ambos. A este respecto, pudimos consultar a Jordi M., amigo íntimo
de Joan Turú y compañero en su afición ufológica: "Yo conocí a José Rodríguez
porque Joan me lo presentó 15 días antes de morir. El era la segunda vez que lo
veía. Se habían conocido poco antes por un anuncio en Algo".
Esto fue confirmado por Emilio Sáchez Montero, primo de José Rodríguez Montero y
quien, de no haber existido Joan Turú, quizás habría sido el compañero de "viaje
a Júpiter" de su primo. Emilio, que era psicólogo, hombre equilibrado y de
formación racional, nos habló de su pariente como un hombre culto y de un
carisma arrasador.
"Mi primo tenía una gran personalidad, pero además de eso llevaba toda su vida
estudiando, e incluso desarrollando lo que ustedes llaman capacidades
parapsicológicas. Practicó yoga, meditación y, aunque parezca increíble, llegó a
desarrollar esas facultades. Recuerdo que un día, poco antes de su muerte, me
presentó a Joan Turú. El me contó, visiblemente emocionado, que José no podía
ser una persona normal. Me dijo que lo había visto levitar a cuatro metros del
suelo y cosas más increíbles. Yo no lo vi hacer nada semejante, pero en varias
ocasiones mi primo me demostró que tenía poderes de clarividencia y otros.
Incluso después de su muerte, viví una serie de fenómenos que no puedo
explicar...".
Otras personas tuvieron oportunidad de vivir experiencias insólitas con José
Rodríguez, entre ellos un conocido político catalán, el cual nos pidió que no
hiciéramos público su nombre. Por no hablar de las cuatro fotografías de
supuestos OVNIs en Tarrasa, que hemos encontrado vinculadas con el caso. Todo
esto ha hecho suponer a algunos que quizás Rodríguez, conocido en el mundillo
ufológico como el "Venusino" por su extraña personalidad, fuese en realidad lo
que decía, y que sus viajes a Júpiter y sus casi mil páginas de mensajes
revelados por "ellos" resultasen auténticos. Sin embargo, pagar un billete a
Júpiter con la vida nos parece demasiado caro para un joven de 21 años que
estaba a punto de comenzar una nueva vida con la que iba a ser su esposa.
La entrevista a decenas de vecinos, familiares, ufólogos y autoridades; los
viajes a Madrid, Zaragoza, Tivissa y Terrassa, así como la consulta de archivos
ufológicos y policiales, hemerotecas y bibliotecas, nos ha servido para
reconstruir la historia de este gran "tabú" apestado de la ufología española,
pero no para alcanzar a comprender qué pudo llevar a un hombre como José
Rodríguez a elegir una muerte tan horrible y a inducir a un joven inteligente
como Joan Turú a acompañarle. Tampoco a comprender cómo los fervientes
"discípulos" de Rodríguez pudieron presenciar el suicidio y colocar, como nos
hizo deducir M. Rodellar (el funcionario de juzgado que realizó el levantamiento
de los cadáveres), el cartel de "los extraterrestres nos llaman" en los cuerpos
recién decapitados. Quizás todo formase parte de un experimento de control
mental. Quizás fueran "silenciados" por una agencia de inteligencia extranjera,
o quizás han viajado a Júpiter del brazo de algún alienígena. Pero mientras
nadie demuestre lo contrario, el suicidio de ambos es el resultado de un delirio
místico producido por el excesivo amor al cosmos y a los extraterrestres. Y es
que, a veces, la hermosa luz de las estrellas nos deslumbra tanto que nos ciega,
impidiéndonos ver lo que tenemos a nuestro alrededor y la realidad que, en
definitiva, nos ha tocado vivir en nuestro mundo. Quizás antes de buscar
"muletas extraterrestres" debamos aprender a caminar por nosotros mismos...
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