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Tanto como un 3% de hombres a los cuarenta años son impotentes. Esta es una
cifra terrible y no mejora nada al envejecer. A los 70 años, más del 40% de los
hombres son impotentes. ¿Por qué es esto? Para entender una causa posible,
necesitamos mirar al mecanismo de la erección.
El Dr. Eugene Shippen describe esto en gran detalle. Para resumir lo que dice:
dos músculos se extienden hacia adelante desde los huesos de donde nos sentamos,
para sostener y anclar la base del pene. Las fibras de uno de estos músculos,
llamados isquio cavernosos, rodean a las principales cámaras del pene, los
cuerpos cavernosos, en su base, y es altamente responsable en permitir la
dilatación arterial y fomentando la constricción venosa durante una erección de
manera que la sangre no escape. En realidad hay hasta ocho veces más de sangre
en un pene erecto que en uno flácido. Otro músculo del pene es llamado bulbo
cavernoso; causa la expansión de la cámara en la cabeza del pene. También le
permite al hombre levantar voluntariamente su pene hacia arriba, y es
responsable de la fuerza de la eyaculación y de las sensaciones placenteras que
aparecen con ella. Todos los músculos – y aún las fibras nerviosas – de la
región genital tienen muchos más receptores de testosterona que los de otras
partes del cuerpo. Esto no es coincidencia.
Como enfatiza Shippen, es la testosterona la que mantiene el acondicionamiento
de los músculos vitales de la región genital. Sin entrada de hormonas, los
músculos gradualmente se secan y una plenitud sostenida de la erección se vuelve
imposible. Aún más catastrófico, una disminución de la tensión de los isquio
cavernosos impiden a la sangre ser mantenida en las cámaras del pene.
El hecho de que la testosterona sea mucho la responsable del funcionamiento de
los órganos sexuales del hombre ha sido demostrado por estudios en ratas. Cuando
las ratas macho son castradas, las fibras musculares en los músculos genitales
degeneran rápidamente: incluso las terminaciones nerviosas dejan de transmitir
mensajes efectivamente. La rata, quizá no sorprendentemente, comienza a perder
interés en el sexo así como también su capacidad de producir una erección. No es
necesario decir, que cuando se administra testosterona, las ratas regeneran
ambos músculos y nervios y su función sexual retorna casi un cien por ciento.
Parece que aunque los seres humanos pueden diferir de las ratas en muchos
aspectos, en este respecto de nuestra fisiología tenemos mucho en común.
Shippen toma la posición de que las soluciones hormonales a disfunciones
eréctiles funcionan en la mayoría de los casos, aunque admite que no todos los
hombres retoman su función eréctil después de la administración de hormonas.
Apunta que muchas cosas pueden dañar el sistema circulatorio del pene: beber,
fumar, depósitos de grasa en las arterias, y las acciones de ciertas drogas
pueden todos destruir la capacidad del sistema vascular de funcionar
correctamente. En realidad, una de las pruebas de funcionamiento correcto es la
medida de la presión sanguínea. Si la presión en el pene no es la misma que en
su brazo, implica que ha habido alguna degeneración permanente del sistema
vascular en el pene que presagia fallas en su habilidad para restaurar su
función sexual. Y Shippen también apunta que el estrógeno, o más correctamente,
el estradiol, puede ser tan enemigo sobre los receptores de testosterona de la
región genital como en cualquier otra parte del cuerpo. También enfatiza que la
restauración de la función sexual puede llevar un tiempo para que los músculos y
los nervios se regeneren hasta un estado completamente efectivo. Por cierto,
dice que puede tomar tanto como un año, pero sostiene que a la mayoría de sus
pacientes se les restaura la función sexual.
Shippen apunta otras cosas importantes para sostener su caso. Por ejemplo, la
importancia en conjunto de los niveles adecuados de testosterona en el hombre
sexualmente activo está ilustrada por la sutileza de sus efectos, que se
extienden hasta la bioquímica: La testosterona en el pene parece estimular la
producción de gas óxido nítrico. El óxido nítrico es un neurotransmisor que
estimula los nervios y estimula la vasodilatación, erecciones y por lo tanto la
función sexual en su totalidad.
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