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Arteriosclerosis es un término general que designa varias enfermedades en las
que se produce engrosamiento y pérdida de elasticidad de la pared arterial. La
más importante y la más frecuente de estas enfermedades es la aterosclerosis, en
la que la materia grasa se acumula debajo del revestimiento interno de la pared
arterial.
La aterosclerosis afecta a las arterias del cerebro, el corazón, los riñones,
otros órganos vitales y los brazos y las piernas. Cuando la aterosclerosis se
desarrolla en las arterias que alimentan el cerebro (arterias carótidas), se
puede producir un ictus; cuando se desarrolla en las arterias que alimentan el
corazón (arterias coronarias), se puede producir un infarto de miocardio.
En la mayoría de los países occidentales, la aterosclerosis es la enfermedad más
frecuente y la causa principal de muerte, representando el doble de las muertes
por cáncer y 10 veces más que por accidentes. A pesar de los significativos
avances médicos, la enfermedad de las arterias coronarias (que es producida por
la aterosclerosis y causa los infartos) y el ictus aterosclerótico son
responsables de más fallecimientos que todas las demás causas juntas.
DESARROLLO DE LA ATEROSCLEROSIS
La aterosclerosis comienza cuando los monocitos (un tipo de glóbulos blancos)
que se hallan en la circulación sanguínea, entran en la pared arterial y se
transforman en células que acumulan materias grasas. Esta situación provoca un
engrosamiento en algunas zonas (placas) del revestimiento interno de la pared
arterial.
Calcificación: Proceso mediante el cual los tejidos organicos se endurecen por
el deposito de sales cálcicas dentro de estas sustancias
Hemorragia: Salida de sangre hacia los vasos sanguineos
Ulceración: Un defecto local o una excavación en la superficie del tejido que se
produce por tejido inflamatorio o necrótico.
Trombosis:Lla formacion, desarrollo o presencia de un trombo. Una agregación de
factores sanguineos, principamente plaquetas y fibrina, frecuentemente causando
obstruccion vascular.
CAUSAS
La aterosclerosis se inicia cuando unos glóbulos blancos llamados monocitos
migran desde el flujo sanguíneo hacia el interior de la pared de la arteria y se
transforman en células que acumulan materias grasas. Con el tiempo, estos
monocitos cargados de grasa se acumulan y producen engrosamientos irregularmente
repartidos por el revestimiento interno de la arteria. Cada zona de
engrosamiento (llamada placa aterosclerótica o ateroma) se llena de una
sustancia blanda parecida al queso, formada por diversas materias grasas,
principalmente colesterol, células musculares lisas y células del tejido
conjuntivo. Los ateromas pueden localizarse en cualquier arteria de tamaño
grande y mediano, pero, por lo general, se forman donde las arterias se
ramifican (presumiblemente porque la turbulencia constante de estas zonas, que
lesiona la pared arterial, favorece la formación del ateroma).
Las arterias afectadas por la aterosclerosis pierden su elasticidad y, a medida
que los ateromas crecen, se hacen más estrechas. Además, con el tiempo los
ateromas acumulan depósitos de calcio que pueden volverse frágiles y romperse.
Entonces, la sangre puede entrar en un ateroma roto, aumentando su tamaño y
disminuyendo todavía más la luz arterial. Un ateroma roto también puede derramar
su contenido graso y desencadenar la formación de un coágulo sanguíneo (trombo).
El coágulo estrecha aún más la arteria e incluso puede ocluirla o bien se
desprende y pasa a la sangre hasta llegar a una arteria más pequeña, donde
causará una oclusión (embolia).
SINTOMAS
Por lo general, la aterosclerosis no produce síntomas hasta que no estrecha
gravemente la arteria o causa una obstrucción súbita. Los síntomas dependen del
lugar donde se desarrolla la aterosclerosis: el corazón, el cerebro, las piernas
o casi en cualquier parte del organismo.
Dado que la aterosclerosis disminuye de manera importante la luz de una arteria,
las zonas del organismo que ésta alimenta pueden no recibir suficiente sangre y,
en consecuencia, el oxígeno necesario.
El primer síntoma del estrechamiento de una arteria puede ser un dolor o un
calambre en los momentos en que el flujo de sangre es insuficiente para
satisfacer las necesidades de oxígeno. Por ejemplo, durante el ejercicio, una
persona puede sentir dolor de pecho (angina), debido a la falta de oxígeno en el
corazón; o mientras camina, pueden aparecer calambres en las piernas
(claudicación intermitente), debido a la falta de oxígeno en las extremidades.
Estos síntomas se desarrollan gradualmente a medida que el ateroma constriñe la
arteria. Sin embargo, cuando se produce una obstrucción súbita, los síntomas
aparecen inmediatamente (por ejemplo, cuando un coágulo sanguíneo se enclava en
una arteria).
FACTORES DE RIESGO
El riesgo de desarrollar aterosclerosis aumenta con la hipertensión arterial,
los altos valores de colesterol, el tabaquismo, la diabetes, la obesidad, la
falta de ejercicio y la edad avanzada. Tener un pariente cercano que ya ha
desarrollado aterosclerosis a una edad temprana también aumenta el riesgo. Los
varones tienen un riesgo mayor de padecer esta enfermedad que las mujeres,
aunque después de la menopausia el riesgo aumenta en las mujeres y finalmente se
iguala al de los varones.
Las personas con homocistinuria, una enfermedad hereditaria, desarrollan
ateromas con gran facilidad, sobre todo en edad juvenil.
La enfermedad afecta a muchas arterias pero no las arterias coronarias que
alimentan el corazón. Por el contrario, en la hipercolesterolemia familiar
hereditaria, los valores extremadamente elevados de colesterol en la sangre
provocan la formación de ateromas en las arterias coronarias mucho más que en
las otras arterias.
PREVENCION Y TRATAMIENTO
Para prevenir la aterosclerosis, se deben eliminar los factores de riesgo
controlables, como los valores elevados de colesterol en la sangre, la presión
arterial alta, el consumo de tabaco, la obesidad y la falta de ejercicio. Así,
dependiendo de los factores de riesgo específicos de cada persona, la prevención
consistirá en disminuir los valores del colesterol, disminuir la presión
arterial, dejar de fumar, perder peso y hacer ejercicio. Afortunadamente, tomar
medidas para llevar a cabo algunos de estos objetivos ayuda a llevar a cabo los
otros. Por ejemplo, hacer ejercicio ayuda a perder peso, lo cual a su vez ayuda
a disminuir los valores del colesterol y de la presión arterial. Del mismo modo
que dejar de fumar ayuda a bajar los valores del colesterol y de la presión
arterial.
El hábito de fumar es particularmente peligroso para las personas que ya tienen
un riesgo elevado de sufrir enfermedades cardíacas. Fumar cigarrillos disminuye
la concentración del colesterol bueno o colesterol con lipoproteínas de alta
densidad (HDL) y aumenta la concentración del colesterol malo o colesterol con
lipoproteínas de baja densidad (LDL). El colesterol también aumenta el valor del
monóxido de carbono en la sangre, lo que puede incrementar el riesgo de lesiones
del revestimiento de la pared arterial y además contrae las arterias ya
estrechadas por la aterosclerosis y, por tanto, disminuye la cantidad de sangre
que llega a los tejidos. Por otra parte, fumar aumenta la tendencia de la sangre
a coagularse, lo que incrementa el riesgo de enfermedad arterial periférica,
enfermedad de las arterias coronarias, ictus y obstrucción de un injerto
arterial tras una intervención quirúrgica.
El riesgo que tiene un fumador de desarrollar una enfermedad de las arterias
coronarias está directamente relacionado con la cantidad de cigarrillos que fuma
a diario. Las personas que dejan de fumar tienen la mitad del riesgo de los que
siguen fumando (con independencia de cuánto hayan fumado antes de abandonar el
hábito). Dejar de fumar también disminuye el riesgo de muerte tras una cirugía
de revascularización coronaria (bypass) o de un infarto. También disminuye la
incidencia de enfermedades en general y el riesgo de muerte en pacientes con
aterosclerosis en arterias distintas de las que alimentan el corazón y el
cerebro.
En definitiva, el mejor tratamiento para la aterosclerosis es la prevención.
Cuando la aterosclerosis se vuelve lo suficientemente grave como para causar
complicaciones, se deben tratar las complicaciones mismas (angina de pecho,
infarto, arritmias, insuficiencia cardíaca, insuficiencia renal, ictus u
obstrucción de las arterias periféricas).
Tomado del Manual Merck Sharp & Dohme de España, S.A.
Madrid, España.
Natalia Jaramillo - Enfermera Licenciada, U.J.
Editora Contusalud.com
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Cortesía de CONTUSALUD.COMNube de Tags
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