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La prensa alemana publicaba recientemente un artículo titulado "la Biblia, un
libro brutal" en el que el autor invitaba a reflexionar sobre si el Antiguo
Testamento puede hacer agresivo a quien lo lee. Esta cuestión fue el tema de
estudio de tres importantes universidades que después de un proceso riguroso
tuvieron que admitir que efectivamente El Antiguo Testamento producía un
incremento de la agresividad y de la predisposición a la violencia.
La mayoría de personas se preguntarán qué pasajes de la Biblia habrán leído esas
personas para que aumente en ellos el deseo o el impulso de agredir a otros,
cuando se trata de un libro sagrado o al menos pasa por ser un libro sagrado.
Pregunta que denota que la mayoría de personas y entre ellas la mayoría de
católicos, desconoce el contenido de un libro realmente sangriento del que hay
que entresacar con mucho tacto y precisión lo que es la palabra de Dios y lo que
es la palabra introducida por hombres y que ha pasado a lo largo de miles de
años por palabra de Dios.
Algunos ejemplos los encontramos en el Deuteronomio, por ejemplo en el capítulo
20.16, se dice: "Pero de las ciudades de estos pueblos que Jehová tu Dios te da
por heredad, ninguna persona dejarás con vida, sino que los destruirás
completamente: al heteo, al amorreo… todos esos pueblos, como Jehová tu Dios te
ha mandado". Y en el capítulo 32.42: "Embriagaré de sangre mis saetas, y mi
espada devorará carne; En la sangre de los muertos y de los cautivos; En las
cabezas de larga cabellera del enemigo. Alabad, naciones, a su pueblo".
Ciertamente son pasajes sanguinarios que deben dar a la reflexión sobre todo en
la actualidad, donde hacer apología de la violencia es un delito que está
penado.
Con toda razón y visto lo visto no es de extrañar que en la actualidad la Biblia
se encuentre expuesta a críticas cada vez más duras, lo que sin embargo para la
Iglesia es una herejía pues según su fe lo contenido en ella de principio a fin
es palabra de Dios. El Vaticano incluso presume de su infalibilidad. ¿Pero qué
pensaría una persona que no supiera nada de la Biblia, un lector verdaderamente
imparcial y que leyera textos de este calado? ¿A favor de quien se pondría, de
los defensores o de los detractores? ¿Qué imagen de Dios obtendría?, seguramente
la de un Dios cruel, iracundo y vengativo. (Entendamos que para los católicos
este análisis es realmente difícil pues recordemos que la misma Iglesia condena
como pecado mortal el simple hecho de dudar de la autoría de la Biblia o de la
veracidad de sus pasajes, lo que supone un enorme impedimento para reflexionar
con libertad sobre ello).
Después de esto se puede entender que el autor del artículo incluso haya llegado
valientemente a formular la pregunta de sí en las escuelas, que ya de por sí
tienen cada vez más problemas con la disposición a la violencia de los alumnos,
no se debería tal vez prohibir la lectura de la Biblia. ¿Se podría y se debería
realmente prohibir?
Maite Valderrama Texeira
24823003 T
www.vida-universal.org
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Cortesía de Maite ValderramaNube de Tags
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