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Viaje al Perú misterioso II

Por Miguel Blanco

La Ciudad Perdida

Ya en la base, y mientras saboreaba un refresco que había preparado la abuela de Carlitos, surgió de nuevo la charla, y apareció un nuevo personaje. El jefe de mantenimiento del aeródromo, Guillermito, un piloto al que habían prohibido volar por oscuros motivos. Él fue quien acaparó toda mi atención.

“Llevo volando más de treinta años. He servido en el ejército y más tarde en la aviación comercial. Estuve con Erick Von Daniken sobrevolando las líneas y con el equipo de la película de Fitzcarraldo. Yo les servía las provisiones en mitad de la selva mientras rodaban la película. Aquellos si que estaban locos...”

Era una mezcla de demente aventurero y buscador de tesoros que se había pasado la vida sobrevolando el Amazonas en misiones tan arriesgadas como poco confesables, eso fue lo que al parecer le costo su título de piloto. No quise preguntarle más sobre el asunto, pero no resistí la tentación de preguntarle sí sabia algo sobre una ciudad perdida en la selva a la que llamaban el Pai Ti Ti. Enseguida obtuve su respuesta.

“¿Qué cuándo nos vamos hacia allá? Le pides una avioneta a Carlitos, parece que le has caído bien, y nos vamos mañana mismo. Sé el lugar exacto donde se encuentra esa maldita ciudad, la he sobrevolado en tres ocasiones. Esta perdida en mitad de la selva, a hora y media de vuelo de Machu Pichu, y cuando la ves te sobrecoge”.bEmbriagado por la charla, le pregunté porqué.

“Una vez que has salido del Machu Pichu, a menos de una hora de vuelo, ya comienzas a ver extrañas construcciones tragadas por la selva. Un poco más allá, se te caen los calzoncillos al sobrevolar la zona. Hay tres pirámides gigantes que destacan por encima de los árboles de la selva y lo que se adivina allá abajo es tremendo. Debió ser un lugar gigantesco. Lo que no comprendo es como el ejército Peruano no ha entrado aún en la zona. Nosotros tenemos el lugar situado por el aire, por tierra es imposible llegar hasta él y, no existe ni un solo claro en mas de 200 kilómetros para poder aterrizar, a no ser que te tires en paracaídas es imposible acceder al lugar, ni siquiera con helicópteros, no hay forma humana de posarse allí, por eso se conserva aún intacta. Pero si estas tan loco como parece, si quieres, montamos una expedición y te la enseño desde el aire... esta en tu mano”.

Era una oferta tentadora, pero no estaba preparado para el viaje, no tenía ni el tiempo, ni el material necesario para poder hacerlo en esa ocasión, así que le hice prometer a Guille que no olvidara su ofrecimiento para mi próximo viaje.“Eso esta hecho, porque nos volveremos a ver, seguro... ya eres de la familia y te espero más veces por aquí, pero ahora ven, vamos a cenar, quiero que conozcas al resto de los muchachos. Pero antes debes despedirte de Carlitos que se va a Lima a buscar equipos de repuestos nuevos que nos llegan de Alemania”.

Así lo hice. Me despedí del comandante y quedé en compañía de un grupo de visionarios locos, aviadores, que eran los dueños de los cielos de las pistas de Nazca.
La cena transcurrió llena de aventuras, de anécdotas, de vivencias de viejos y jóvenes pilotos. Algunos de ellos ya se aburrían de transportar a turistas rollizos, llegados de todo el mundo para ver las líneas, y estarían dispuestos a nuevas aventuras de descubrimiento, así que trazamos un plan para visitar ese lugar mágico y desconocido que era el Pai Ti Ti. La charla continuó ruidosa hasta que alguien habló de una misteriosa cueva. “¿Cómo?” -pregunté enseguida-. “Sí” -Contestó Ortiz, un piloto ya maduro-. “Hay una cueva cerca de la fortaleza de Sacsaguaman, en la que puedes oír las voces de los Apus, de los espíritus. No es muy conocida, pero es fácil llegar a ella si convences a los nativos de la zona para que te guíen hasta el lugar”.

Sonaba igual que la historia que me habían contado en Colombia; una Cueva en la que se oían las voces de los Apus. Y ahora estaba mucho más cerca de ella de lo que nunca hubiera imaginado. Me despedí de mis compañeros tras unas jornadas en las que me sentí parte de aquella familia y, de nuevo, con la promesa del reencuentro, partí hacia Lima. Al llegar a la capital ya tenía dispuesto mi nuevo transporte hacia la capital imperial de los Incas. Cuzco sería mi nuevo destino.

Cuzco, el Centro del Mundo

Nada más descender del avión sentí esa extraña sensación. Cuzco, la antigua capital del imperio de los Incas, esta situada a 3.467 metros sobre el nivel del mar y la altura se siente en los cuerpos que no están habituados. Me aconsejaron descansar toda la mañana hasta que me acostumbrase a la nueva sensación. Por la tarde, un poco mas recuperado, aunque con un intenso dolor de cabeza y una fatiga crónica que me impedía moverme con libertad, comencé a descubrir la ciudad.

Cuzco, fue la mítica capital del Imperio Incaico, ciudad imperial y, según cuenta la leyenda, fue fundada en el siglo XI o XII, cuando el primer Inca, Manco Cápac, funda “El Cusco” cumpliendo un mandato del Dios Sol.

Toda la ciudad tiene un aire de misterio, sus calles empedradas y los gigantescos muros de sus casas parecen parados en el tiempo esperando el momento de sacar a la luz sus misterios. Tras un paseo nocturno por la capital me fui a dormir. Al día siguiente, recuperado del mal de altura, estaba listo para conocer un poco la historia de la ciudad sagrada de los Incas. Y así ocurrió. En muchas partes del mundo las cosas suceden “mágicamente” y en Perú esto se eleva a la enésima potencia. Si “te dejas llevar” es frecuente que pronto encuentres respuesta a tus preguntas.

Caminaba por la plaza de Cuzco admirando los monumentos, sin rumbo fijo, cuando apareció un curioso personaje. Cubierto con el típico atuendo de los montañeses se dirigió a mí y me dijo: “Estas en la ciudad sagrada, en el ombligo del mundo, éstas piedras que ahora contemplas fueron un día el centro del imperio inca”. Como no tenía prisa decidí tomar mi primera lección de historia de boca de aquel extraño individuo.

“El imperio Inca fue uno de los mas grandes imperios del continente americano. Sus dominios se extendían desde el norte del Ecuador a la parte central de Chile y desde los Andes hasta la parte meridional de Colombia en la costa. Toda la historia de los Incas se basa en la presencia de extraños dioses que les ayudaron en su desarrollo y les mostraron el camino a seguir”.
Mientras le escuchaba pensaba sí serian Dioses o seres venidos de lejanas galaxias. En pocos lugares del mundo uno se llega a sentir tan cerca de esas “extrañas entidades” celestes llegadas del más allá como en esta región. “A la tarde, si lo deseas, podré mostrarte algunos lugares de interés donde podrás sentir el poder del mundo Inca”. Había algo en aquel tipo menudo y tímido que inspiraba confianza, así que fijé la cita y me retiré.

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Cortesía de Miguel Blanco
Publicado Monday 13 de October de 2008



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