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La historia de las colonias americanas y caribeñas discurre de la mano de los
monocultivos. Gran parte de los bosques fueron sustituidos hasta en un 100% para
hacerle campo a las siembras de caña, cacao, banano, tabaco, obteniéndose como
resultado esperable pero desdeñado, la esterilidad de los suelos.
La historia de las colonias americanas y caribeñas discurre de la mano de los
monocultivos. Gran parte de los bosques fueron sustituidos hasta en un 100% para
hacerle campo a las siembras de caña, cacao, banano, tabaco, obteniéndose como
resultado esperable pero desdeñado, la esterilidad de los suelos.
Asimismo, no estuvieron ausentes (aunque también esperables) las plagas
agrícolas que aceleraron los procesos de destrucción social y económica,
parientes de la desnutrición, la emigración y otras catástrofes todavía
presentes.
A partir de un inadecuado modelo de desarrollo, acorde a las necesidades propias
del régimen colonial, el uso de suelo jamás tuvo en consideración las
necesidades de las poblaciones colonizadas. Para los esclavistas (¡muchos de
ellos!) las poblaciones no tenían más importancia que la que les deba su fuerza
productiva, fuera ésta aborigen o traída desde ultramar. Lo importante era
producir riqueza para el centro de poder colonial; lo demás, lo humano, lo
ambiental, eran factores que podrían afectar sus ganancias.
Bajo ese esquema se desarrolló luego la ganadería extensiva, que en mucho tuvo
carácter de crimen contra la naturaleza. Biodiversidad arrasada, suelos
erosionados, aguas contaminadas, enfermedades tropicales, ecosistemas
transmutados a desiertos fue, en muchos casos, el resultado final. Y las páginas
de la historia de Costa Rica no fueron ajenas a esa realidad…
Hoy, cuando es irracional no reconocer la existencia de una ruta hacia el
conflicto socio ambiental inherente a la producción extensiva de piña desde
países subdesarrollados hacia el Norte, sentimos que es necesario, y quizá
urgente, acoger la tarea de prevenir en Costa Rica un impacto de impredecibles
consecuencias. El cultivo de la piña tiende a agotar los nutrientes del suelo,
al tiempo que requiere gigantescas cantidades de fertilizantes y pesticidas,
pero es tal su éxito comercial en los mercados de las metrópolis, que su
acelerado desarrollo ha sobrepasado cualquier estrategia de protección
ambiental. La contaminación química ha tenido que ser considerada en el camino,
no se tienen claras las consecuencias sobre los ecosistemas silvestres, los
desechos no son tratados adecuadamente y las evaluaciones de impacto ambiental
son apenas parte del aprendizaje. Las más de 40.000 hectáreas sembradas de piña
amenazan con extenderse hasta cifras insospechables. Las transnacionales
dominantes del mercado se resisten a los controles ambientales y las autoridades
nacionales no cuentan con los instrumentos idóneos para cumplir con el mandato
constitucional en pro del ambiente sano y el equilibrio ecológico. Es como una
regresión a los tiempos del colonialismo europeo de no muy grata memoria.
Ante ello, abogamos por un tratamiento técnico, objetivo, con base científica,
que tome en cuenta la relación del ser humano con su ambiente, más allá de la
sumisión neocolonialista. La situación especial del siglo XIX quedó atrás con
sus pequeñas poblaciones y grandes áreas a colonizar. Hoy, cuando más bien
urgimos de un desarrollo sostenible, que garantice a las futuras generaciones la
disponibilidad de recursos en los cuales sustentar su progreso, no es posible
disimular la tendencia destructiva que nos amenaza.
Por su magnitud e intensidad, los efectos sobre el ambiente representan mucho
más que los inherentes a la erosión y la fertilidad agotada. Es tal la extensión
de las áreas afectadas por la urbanización descontrolada, la deforestación
devastadora, y los monocultivos representados en la agricultura de la piña, que
no habrá tiempo ni de cuantificar la pérdida de la biodiversidad. La fragilidad
de los ecosistemas se profundiza haciéndoles más vulnerables a los impactos.
El diagnóstico para Costa Rica está muy avanzado; la medicina habrá que
determinarla a partir de un alto en el camino que no ha de hacerse esperar.
Medicina que tendrá que ver con la determinación de pautas gubernamentales
obligatorias, independientemente de las molestias que expresarán los dueños del
lucrativo negocio que, paradójicamente, a mediano plazo traerá mayor pobreza a
los habitantes de este pequeño territorio.
www.ecoportal.net
* Catedrático UNA
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