
En
mi viaje a México pude disfrutar del baño en dos cenotes, una experiencia muy
particular y una de las razones para viajar a la Riviera Maya. Aunque me
quedarían por ver unos cuantos miles más (entre 6000 y 7000 en toda la península
de Yucatán), así que lo dejo pendiente para mi regreso...
Un cenote es un hundimiento del terreno creado por la filtración del agua, a
través de la superficie de la piedra caliza. Una hipótesis sobre su origen se
remonta al efecto de un meteorito hace más de 65 millones de años. Lo que hoy
día tenemos son lagos de agua cristalina que pueden adoptar muy diversas formas,
unas formaciones exclusivas de la península de Yucatán, de la península de
Florida y de la isla de Cuba.
Los cenotes que yo conocí eran subterráneos, aunque también existen a cielo
abierto. El baño en estas aguas frías resulta reparador para cualquier visitante
de la península de Yucatán, y la experiencia de los buceadores parece ser
también inolvidable.
Los mayas consideraban los cenotes lugares sagrados y ahí realizaban
sacrificios, según confirman los numerosos restos humanos prehispánicos hallados
en muchos de ellos. El complejo de Chichén-Itzá cuenta con uno de los cenotes
más populares en este sentido, en el que también se encontraron utensilios
empleados por las antiguas civilizaciones.
Los cenotes más populares y visitados por su belleza son el cenote Caracol, el
Dos Ojos (aquí tenéis la posibilidad de bañaros en 3 cenotes: los dos ojos y Bat
Cave), el Nohoch, el Gran Cenote... El Chak Mool es un cenote particular, ya que
en él se mezclan el agua dulce y salada. El Ik-kil (al que corresponde la imagen
inferior), también llamado "Cenote Azul Sagrado", es uno de los preferidos por
el viajero a la Riviera Maya.

Yo estuve en un cenote muy cercano a Valladolid, con un agujero en la superficie
que dejaba entrar la luz del sol y las raíces de un árbol hasta el agua, creando
un maravilloso efecto: el cenote Samula, también conocido como Xkekén, muy
cercano a otro cenote de características similares y también muy visitado, el
Dzitnup.
El segundo cenote en el que nadé estaba muy cerca de Cobá, pero era demasiado
oscuro, iluminado con focos, no apto para claustrofóbicos. Éste no me dejó tan
buen sabor de boca como el anterior... ¡aunque me vino muy bien refrescarme tras
el paseo por las ruinas de Cobá!
Para acceder a la mayoría de los cenotes hay que pagar una pequeña entrada que
oscila entre los 30 y los 60 pesos (menos de 5 euros), excepto algunos como el
Cenote Dos Ojos que se sitúan en el interior de un parque natural y el precio es
más elevado (25-30 euros) si quieres incluír guía, desplazamientos al cenote en
el interior del parque, visita a las grutas...
Escrito por Eva Paris