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Este 20 de diciembre de 2008 marca los 19 años de la invasión estadounidense
a Panamá. Su interpretación, análisis y relato varían dependiendo de los
intereses políticos e ideológicos desde donde se aborde. Es nuestro deber como
docente e historiador aportar conceptos que contribuyan con el reconocimiento y
la reparación del sufrimiento de las víctimas de este traumático episodio, lleno
de recuerdos, silencios y olvido, similar a otros hechos atroces generadores de
memorias traumáticas como el Holocausto, la Guerra Civil Española, la Operación
Cóndor, las guerras civiles en Centro América, entre otras.
El problema de la invasión estadounidense nos acompañan desde las aulas
universitarias como tema de tesis de pre-grado y hoy como proyecto de tesis
doctoral titulada "Memoria y representaciones sociales: la invasión
estadounidense a Panamá", cuyo objetivo central es analizar cómo los grupos
populares y las víctimas de la invasión estadounidense a Panamá del 20 de
diciembre de 1989 han significado y resignificado esta experiencia, mediante las
políticas de la memoria y las representaciones sociales entre el año 1989 al
2007.
Entendemos por política de la memoria el proceso por medio del cual la clase
dominante modela e influye en la memoria de los grupos sociales subalternos,
mediante políticas de recuerdo y olvido, a través de diversos mecanismos e
instituciones de información y formación. Estas políticas han servido, en el
caso latinoamericano en períodos de transiciones políticas hacia a regímenes
democráticos, para conocer la verdad de violaciones a los derechos humanos
-Comisiones de la Verdad-, e igualmente ha sido empleada como una fórmula de
ocultamiento e impunidad de la misma -Leyes de Punto Final y Olvido-. (Ver
Barahona de Brito, A. y otros, Las Políticas hacia el pasado, Juicios,
depuraciones, perdón y olvido en las nuevas democracias, Istmo, 2003).
En nuestro país, luego el restablecimiento del orden oligárquico frente a la
dirección del Estado, tras 21 años de dictadura militar, encontraremos estas dos
corrientes: por un lado el nuevo Gobierno impulsó políticas de verdad y justicia
para las víctimas de la dictadura militar y por el otro promovió el
silenciamiento y ocultamiento de hechos atroces contra la población civil
durante la invasión y ocupación militar estadounidense. Se trata de políticas y
prácticas que no implican el olvido del evento traumático por parte de los
ciudadanos, sino su asimilación en forma de representaciones sociales.
Según Denise Jodelet, las representaciones sociales son: "... imágenes
condensadas de un conjunto de significados; sistemas de referencia que nos
permiten interpretar lo que nos sucede, e incluso, dar un sentido a lo
inesperado; categorías que sirven para clasificar las circunstancias, los
fenómenos y a los individuos con quienes tenemos algo que ver... formas de
conocimiento práctico que forja las evidencias de nuestra realidad
consensual...". (Jodelet, Dense, La representación social: fenómeno, concepto y
teoría, en Moscovici, S., Paidos, 1988 ).
De tal manera que la carga ideológica oficial de la fundación de nuestra
República, el 3 de noviembre de 1903, nos hacen -significar y resignificar la
"heroicidad de nuestros próceres". Sin embargo, las lecciones escolares,
monumentos, conmemoraciones, nombre de avenidas y plazas ocultan los intereses
que conllevaron a la entrega a perpetuidad del área de transito interoceánico a
los Estados Unidos. Es así que las políticas de la memoria panameñas funcionan a
la inversa de las colombianas, donde sus sectores dominantes han impulsado la
historia negra del "robo de Panamá" por los Estados Unidos. La representación de
los panameños de la separación es idílica y de triunfo. La representación de los
colombianos es de engaño y traición. Para Teodoro Roosvelt y los estadounidenses
se resume en: "I took Panama".
En consecuencia, las políticas de la memoria y las representaciones sociales de
los sucesos desencadenados a partir de la media noche del 20 de diciembre de
1989, están intrínsicamente ligadas. El análisis y comprensión de ambas, entre
1989 y el 2007, nos permitirán conocer los mecanismos político y sociales en
torno a la evolución de este acontecimiento, fundamentalmente su significación y
resignificación por parte de los panameños, cuyos resultados nos permitirán
realizar acciones concretas en beneficio de miles de víctimas dejadas a su
suerte y sin ningún tipo de protección estatal, menos el reconocimiento de su
existencia y sus traumas psicológicos o físicos.
Igualmente, y quizás lo más significativo, será la incorporación este corpus
teórico en las aulas universitarias y en textos escolares, como una forma de
promover el respeto a los derechos humanos y el fortalecimiento de nuestra
democracia.
El autor es historiador de la Universidad de Panamá.
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Cortesía de Gilberto MarulandaNube de Tags
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