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Sin lugar a dudas las mujeres de todo el mundo estaremos completamente
felices cuando ya no se celebre ningún día mundial de la mujer, porque la
igualdad y nuestros derechos estarán equiparados a los del hombre;
lamentablemente esto aún no es así. Tampoco las mujeres del occidente cristiano,
sobre todo las que supuestamente vivimos en el primer mundo, quisiéramos apoyar
un día así en pleno siglo XXI. Sin embargo, en muchos ámbitos de la vida todavía
seguimos discriminadas y menospreciadas; un ejemplo claro lo viven las mujeres
en la Iglesia; allí los hombres que dicen representar a Jesús, mantienen
abiertamente una falta total de igualdad hacia las mujeres, aunque se sabe que
Jesús tuvo entre sus seguidores a muchas mujeres a las que nunca discriminó.
La “Declaración Universal de los derechos humanos” dice que todos los seres
humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de
razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros. La
Constitución española dice que todas las personas son iguales ante la ley, y se
indica explícitamente que los hombres y las mujeres tienen los mismos derechos.
Esto que se da por sobreentendido para las mujeres del siglo XXI, dista mucho de
lo que tuvimos que vivir sin ir más lejos en el siglo pasado en Europa, dónde,
por poner un ejemplo, hasta el año 1971 las mujeres no pudieron votar en Suiza.
Pero el sufragio universal no trajo ni mucho menos igualdad para las mujeres en
Europa, donde hasta hace relativamente poco los maridos debían dar el permiso a
sus mujeres para poder trabajar y viajar.
¿Cuál es el origen de esta actitud? No muchas personas, tampoco muchas mujeres
católicas, saben que el 30 de Mayo del pasado año la Radio vaticana emitió una
noticia sobre un nuevo Decreto de Fe: “Excomunión por ordenar en sacerdocio a
mujeres”. ¿Qué significa esto? Que la Congregación de Fe de la Iglesia católica
decretó que los obispos que ordenasen a mujeres como sacerdotisas serían
excomulgados, naturalmente también las mujeres en cuestión. En el mencionado
artículo de la Radio Vaticana se citaba una directriz canónica de la Iglesia,
que dice: “La sagrada consagración sólo es válida para un hombre bautizado”, lo
que sentenció el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe (Antigua
Inquisición), el arzobispo Angelo Amato, quien dijo: “La Iglesia no se siente
autorizada a cambiar la voluntad de su fundador Jesucristo”.
Pero ¿es acaso la institución llamada Iglesia, la voluntad de Jesucristo?, ¡No!
Han sido los hombres ataviados con el manto de “cristiano” y sentados sobre
tesoros incalculables los que han encasillado, manipulado y tergiversado la
enseñanza de Jesús, inventando y exportando dogmas y ritos paganos que arrastran
hasta nuestros días con la “inmunidad” que les da hacerlo en nombre de Jesús de
Nazaret. Un ejemplo lo tenemos en el Sínodo de Macón (siglo VI), donde se
discutió sobre si las mujeres meritorias tenían que convertirse primero en
hombres antes de la resurrección de los muertos, para poder entrar así en el
paraíso; ante dicha increíble cuestión, un brillante obispo declaró: “las
hembras no son seres humanos”.
Si la Iglesia católica aún no se ha retractado de esto, ¿cómo es posible que
tantas mujeres sigan perteneciendo a dicha institución, incluso quieran ser
sacerdotisas?, -la respuesta es: por ignorancia. ¿Estaría usted como mujer
dispuesta a convertirse en hombre, para ir a un Cielo en el que sólo haya
hombres o mujeres convertidas en hombres?
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Cortesía de Maite ValderramaNube de Tags
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