
El pasado sábado llegó a su fin la segunda edición de la Carlsberg Cup o Taça da
Liga portuguesa (no confundir con la Taça de Portugal de toda la vida) con una
final tan apasionante como polémica hasta el extremo de llevar a la directiva de
los Leões a retirarse de la dirección de la Liga (lo que desde la otra acera
interpretan como una medida de presión). Curiosamente, fue el propio club
lisboeta junto al hoy precario Boavista quien propuso la creación de este torneo
de curioso formato que pasamos a comentaros antes de hacer lo propio con la
final del mismo.
Al igual que sucede con la Carling Cup, su similar inglesa, la Carslberg Cup
solo la disputan los equipos de las dos primeras categorías del balompié luso.
Eso si, a diferencia de su homónima anglosajona, este torneo se disputó este año
(si, digo este año porque el pasado durante la primera edición se jugó bajo
diferente formato) con dos eliminatorias previas entre clubes de la Liga
Vitalis, la segunda categoría. Los vencedores pasaron a una nueva eliminatoria
con los dos equipos que ascendieron a la BWIN Liga (primera división) la última
campaña, así como los clasificados de la 7ª a la 14ª posición de la 07-08 en
Primera, formando 6 grupos de 3 donde cada equipo jugaría un partido en casa y
otro fuera. Los ganadores accedieron a la liguilla de grupos, siendo 3 grupos de
4 equipos, con los ganadores de cada grupo y el mejor segundo como clasificados
a las semifinales, disputadas a partido único (Sporting 4 - Oporto 1 y Benfica 2
- Vitoria Guimarães 1 fueron los resultados) para ya por fin hallar a los
finalistas.
Si, lo sé, maquiavélico, enrevesado, aburrido e inentendible en el fútbol de hoy
día, pero ya nos puso Martín algunos ejemplos de estos con ligas como las de
Holanda o San Marino.
Regresando a lo que nos importa, la final se disputó en el Estadio Algarve, al
igual que en 2008. Ambos habían vencido en sus respectivos hogares al recibir al
máximo rival durante el campeonato liguero, por lo que el enfrentamiento
prometía emoción e igualdad, aspectos en los que no decepcionó. Además, Quique
recuperaba para la contienda a Rubén Amorim, Carlos Martins y Suazo, aunque
Paulo Bento no pudo contar con el ruso Izmailov.
El choque fue tenso con multitud de ocasiones para ambos, adelantándose los
blanquiverdes gracias un tanto de Pereirinha, que llegó desde atrás para
remachar un balón suelto en el área. Pero todo se torció para ellos a los 75’ de
partido, cuando el árbitro castigó con penalti una mano de Pedro Silva (que para
mí no era voluntaria), que además vio la segunda amarilla por lo que hubo de
marcharse antes de tiempo a los vestuarios. Este hecho alteró los ánimos de
jugadores, afición y directiva sportinguista, con las quejas que comentamos en
el primer párrafo.
Reyes convirtió la pena máxima, llevando el encuentro directamente a la tanda de
penaltis, pues el marcador se mantuvo inalterable hasta el final y no se disputó
prorroga. Ya en la tanda definitiva, los constantes fallos de los lanzadores en
ambas escuadras permitieron lucirse a los porteros a la par que dotar a la misma
de mayor emoción, finalizando cuando Carlos Martins transformó para los
benfiquistas el 3-2 que cerró la tanda y definió el torneo.