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Mejor dialogar...
Durante las vacaciones aparecen los conflictos cuando los hijos adolescentes
manifiestan sus ganas de ir de vacaciones con amigos/as por primera vez. Los
padres se muestran desconcertados y tienen temores frente a los permisos que se
deben dar o no. Más tiempo libre, menos presencia familiar, más salidas
nocturnas, enamoramientos de verano, y ¿el sexo?.
Me voy sola/o de vacaciones
Las vacaciones pueden ser una oportunidad para que la familia se reúna en un
ambiente de distensión y diversión, sin estar bajo las presiones del día a día
que impone la rutina laboral, el colegio y las actividades cotidianas. Pero
además de descansar y relajarse, este aparece como un buen momento para que los
padres se encuentren con sus hijos en espacios de juegos, recreación y, sobre
todo, de dialogo sincero y ameno.
Una posibilidad se presenta cuando los hijos, entrados en la adolescencia,
manifiestan su deseo de pasar las vacaciones con sus pares. Para estos últimos,
éste suele ser un momento de dudas y dificultades para decidir qué autorizar y
qué no. Uno de los temores que surgen son los peligros a los que los jóvenes se
pueden exponer tanto en la calle como en los vínculos con otros/as. Las salidas
nocturnas, el alcohol y las primeras relaciones sexuales están entre las
preocupaciones más frecuentes. “Los padres deben saber a dónde van sus hijos,
con quiénes están y qué hacen. Sin necesidad de trasformarse en investigadores
privados, será el diálogo con sus hijos lo que proveerá a los jóvenes de las
herramientas necesarias para cuidarse solos”, comenta la Lic. Andrea Gómez,
psicóloga del Celsam, y alerta: “Lamentablemente este diálogo que abre y
desarrolla el tema del cuidado y de la sexualidad a veces llega demasiado
tarde”.
En este sentido es que las vacaciones aparecen como un momento indicado para el
dialogo. Los jóvenes conocerán gente nueva y los adolescentes se enamorarán con
mucha intensidad, pero en relaciones que suelen durar poco tiempo. Y, junto a
este enamoramiento surgirá la posibilidad de tener la primera relación sexual.
“Esta situación es normal y sana pero para que resulte enriquecedora es muy
importante que no deje secuelas poco felices, como el contagio de una infección
de transmisión sexual y/o un embarazo no planificado. Para prevenir, el miedo y
el silencio no son buenos consejeros”, dice la Dra. Karina Iza, ginecóloga del
Celsam.
La última investigación presentada por el Celsam este año mostró que sólo un
tercio de los padres entrevistados reconoce que hablan de temas relacionados con
la sexualidad con sus hijos y que, en general, son las madres quienes hablan
tanto con las hijas mujeres como con los varones. Los padres no saben cómo
hablar de sexualidad con sus hijos ya que ellos tampoco han tenido un diálogo
con sus propios padres.
Por otro lado, también se evidenció que subyace la fantasía de que hablar sobre
sexualidad es una manera de estimular y dar permisos. “En el mundo se ha
demostrado que la educación sexual formal, temprana e integral, preserva y
posterga el inicio sexual de los adolescentes -explica la Dra. Karina Iza,
ginecóloga del Celsam-. El conocimiento sobre los métodos anticonceptivos y la
prevención de infecciones de transmisión sexual debe darse antes del inicio
sexual, para que los jóvenes tengan tiempo de incorporar este conocimiento y
plantear sus dudas”.
Según datos estadísticos del Celsam, el 62% de las mujeres argentinas se inician
sexualmente durante la adolescencia; el 11% lo hace antes de los 15 años y el
51%, entre los 16 y 19 años. En tanto que el 80% de los adolescentes no utiliza
un método anticonceptivo en la primera relación sexual.
¿Si los padres no hablan, entonces quién lo hace?
Pasaron dos años desde que se promulgó en Argentina, la ley 26.150 de Educación
Sexual Integral y una vez más, ha finalizado otro ciclo lectivo y el programa de
educación sexual en las escuelas sigue ausente. Los jóvenes aun no reciben la
información adecuada de parte de las instituciones educativas, a lo que se le
agrega el poco diálogo en sus hogares. En el estudio realizado por CELSAM se
identificaron tres grupos de familias de acuerdo a la manera de abordar el tema
de la sexualidad con sus hijos. Sólo un tercio de los padres dialoga con cierta
frecuencia, propiciando así un diálogo respetuoso y distendido. “Otro tercio
sólo alerta sobre los peligros, llevando así un mensaje represor y temeroso
sobre el ejercicio de la sexualidad”, manifiesta la Dra. Alicia Figueroa,
ginecóloga del Celsam. Y, por último, el tercer grupo de padres excluye el tema
del diálogo familiar, esperando, ilusoriamente, que surjan otros interlocutores
y que sus hijos aprendan solos. Ante el silencio en sus hogares, los
adolescentes recurren a interlocutores muy poco confiables como ser sus propios
amigos, las páginas de Internet, las revistas y la televisión. Muy pocas veces
reciben información científicamente correcta. “Cuando los jóvenes sienten que
sus preguntas incomodan o enojan a sus padres dejan de hablar en sus casa y
quedan expuestos a otros discursos que suelen estar teñidos de tabúes, mitos y
falsos conceptos”, explica la Lic. Andrea Gómez.
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