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Estas mismas rocas, además, tienen una gran capacidad para almacenar y
transmitir agua. En regiones tropicales, como Costa Rica, debido a las lluvias y
a las rocas volcánicas se forman acuíferos subterráneos, de gran valor
estratégico, ya que son una fuente de agua segura para las comunidades. Además,
por el clima tropical, suelos volcánicos de alta fertilidad y buenas condiciones
para la vida, se desarrolla una gran biodiversidad. Así, sus montañas, de
exuberantes bosques y alta biodiversidad, representan un gran tesoro de vida.
La minería de oro (‘a cielo abierto’ o subterránea) y otra minería que utilice
sustancias químicas, entra en conflicto con las condiciones naturales de
biodiversidad, suelos fértiles, agua superficial y acuíferos, debido a que
impacta de forma irreversible esos recursos para extraer el oro.
Costa Rica y Centroamérica por sus condiciones naturales y gran potencial en
yacimientos de oro se han enfrentado por años a esa encrucijada: permitir la
minería de oro o, conservar los ecosistemas y dar un uso diferente al suelo,
protegiendo un recurso vital como el agua. Es un debate que requiere de más
información para decidir con criterio. Por ello, el artículo de la publicación
del mes de diciembre de National Geographic , titulado “ Oro: El costo humano de
una obsesión ” es de interés meritorio. Globalmente, el oro se usa
principalmente en joyería. En segundo lugar se utiliza en la electrónica y para
fines dentales. En tercer lugar, para fondos de inversión, como lingotes y
monedas. Actividad esta última que se encuentra en franco crecimiento.
Impacto ambiental. En la historia se han extraído, hasta ahora, 161.000
toneladas de oro, lo que apenas equivale a llenar dos piscinas olímpicas. La
mitad de ese oro fue extraído durante los últimos 50 años. No obstante, es
sabido que el oro es un recurso que se agota. “Los depósitos más ricos del
planeta se agotan rápidamente y cada vez es más difícil hallar nuevas vetas”
señala el artículo, y agrega que “casi todo el oro que falta por explotar yace
enterrado en minúsculas cantidades en aislados y frágiles rincones del planeta.
Es una invitación a la destrucción”.
Sobre los impactos ambientales, el artículo recalca un tema muy importante para
todos los que tenemos interés en el futuro y el desarrollo sostenible de
nuestros países. Se indica: “ Del otro lado de la balanza se encuentran las
descomunales minas a cielo abierto explotadas por las compañías más grandes del
mundo […] Aunque ciertamente crean empleos y llevan tecnologías y desarrollo a
lugares muy apartados, estas operaciones generan más desperdicio por onza que
las de cualquier otro metal […] Aquí, obtener apenas una onza de oro (cantidad
suficiente para producir un anillo de matrimonio) obliga a extraer más de 250
toneladas de roca y mineral ”.
El precio de la onza de oro fluctúa, últimamente con una tendencia creciente:
las proyecciones indican que en poco tiempo llegaría a los dos mil dólares.
Debido a dos causas: primero, que muchos inversionistas, en crisis financiera,
respaldan sus fondos con oro. Segundo, porque además de la India, principal
consumidor de oro para joyería, China ha asumido el segundo lugar. Estos dos
gigantes representan un mercado muy beneficioso para las mineras de oro.
Parámetros estratégicos. La minería de oro genera impactos ambientales
significativos e irreversibles en el ambiente. En el caso de los países de
climas más secos o desérticos, esos efectos son menos notables, debido a su
limitada condición ambiental, ya que no hay bosques, ni suelos, ni agua que
puedan ser impactados. En los países tropicales, en cambio, es todo lo
contrario. Los daños ambientales que se producen son altamente significativos y
la mitigación de los mismos, aunque parcial, es muy costosa. El caso de
Centroamérica (incluyendo Costa Rica), además de su vulnerabilidad ambiental, se
agrava por vulnerabilidades relacionadas con una legislación minera obsoleta y
no armonizada con la escueta legislación ambiental sumada a la escasa capacidad
de control y prevención del daño ambiental por parte de las autoridades.
Ante este panorama es necesario analizar seriamente si la estrategia de abrirse,
sin condiciones, a la minería de oro para explotar los yacimientos presentes en
nuestros países es una decisión acertada en este momento. El artículo antes
citado señala que las grandes empresas mineras del mundo, se desplazan hacia las
regiones tropicales debido a “ los beneficios de operar en los países en
desarrollo (menores costos, rendimientos más altos y menos reglamentos)”. La
estrategia minera y ambiental a seguir por Centroamérica debe ser diferente:
a. Permitir que la población conozca las alternativas y decida si la minería de
oro debe formar parte del modelo de desarrollo económico de nuestros países
tropicales.
b. Modernizar de forma verdaderamente participativa la legislación técnica,
ambiental y económica que rige la actividad minera, de manera que las decisiones
se tomen sobre verdaderos estudios de costo/beneficio ambiental.
c. Fortalecer de forma efectiva las autoridades de control técnico y ambiental.
Hacer lo contrario, con argumentos de oportunidad y de visión de corto plazo,
solo es beneficioso para una muy pequeña minoría y no para los verdaderos
intereses de nuestros países. www.ecoportal.net
http://www.nacion.com
Allan Astorga G. - Geólogo, Profesor UCR, Consultor Internacional
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