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" El nacionalismo es una práctica de objetivos políticos y de contenido
ideológico que pretende establecer formas de autonomía para los miembros de una
colectividad que titula 'nación ", según plantea José Ramón Recalde en su libro
La construcción de la naciones .1
El Diccionario Filosófico de Rosental e Iudin conceptualiza al nacionalismo como
un principio de la ideología y la política burguesas, que se traduce en la idea
del aislamiento nacional, preconiza la desconfianza hacia otras naciones y la
hostilidad internacional, un fruto del desarrollo capitalista que se presenta en
dos variantes esenciales: el chovinismo y el nacionalismo localista. Señala
además que la ideología burguesa lo utiliza para aplastar la conciencia de la
clase obrera, dividirla a nivel internacional, justificar las guerras de rapiña
y el colonialismo. Para los trabajadores –afirma- ninguna de sus formas es
aceptable, sin embargo en una determinada etapa del movimiento de liberación
nacional, los comunistas pueden apoyar el nacionalismo de los países oprimidos,
aquel que tenga un contenido democrático, una orientación antiimperialista, la
aspiración a la independencia política y económica.
Sin embargo para Recalde los nacionalismos son de dos tipos: el progresista que
identifica el concepto de nación con el de pueblo y el reaccionario cuando asume
la nación como entidad suprapopular.
El marxismo a su surgimiento se manifestó a favor de un movimiento
revolucionario esencialmente de carácter internacional, sin despreciar los
sentimientos nacionales y la importancia de cada una de las realidades internas
de los países. Comprendía que el campo concreto donde se desenvolvían los
conflictos políticos eran las naciones, y que la clase social que defendiera los
intereses colectivos se transformaría en clase nacional. Por lo tanto, el
proletariado debía aspirar a ello para alcanzar el triunfo sobre el capitalismo
y construir una nueva sociedad socialista.
En los albores del imperialismo tuvieron lugar importantes debates al respecto.
Lenin, partidario de la autodeterminación e igualdad de las naciones cual
realidad histórica inevitable, en sus tesis sobre los problemas nacional y
colonial definía que los intereses nacionales debían subordinarse a las luchas
proletarias a escala mundial y que la Internacional Comunista podría sellar una
alianza temporal con la democracia burguesa de los estado-naciones, sin
fusionarse con ella. 2 Aseguraba además que la revolución social era
inconcebible sin las sublevaciones de las naciones menos desarrolladas, ni los
estallidos revolucionarios de la pequeña burguesía con todas sus limitaciones;
no habría "revolución pura"; y en los países coloniales y atrasados se lucharía
en dos frentes: primero unidos a los elementos demócrata-burgueses contra el
imperialismo; luego enfrentándose a esos mismos elementos para emprender la
lucha a favor del socialismo.
El Partido Comunista de Cuba en la etapa cercana a su fundación en 1925, trabajó
con un grado estimable de autonomía con relación al centro moscovita de la
Comintern a pesar de haberse declarado una filial de la misma, cuestión que no
fue ratificada hasta su VI Congreso en 1928. El desconocimiento de la teoría y
la inmadurez práctica hicieron razonar a su escasa membresía en la posibilidad
de una revolución proletaria, que subvaloraba el papel del campesinado y de los
restantes grupos de la oposición, centralizando sus esfuerzos organizativos en
los sectores industriales urbanos.
Lo cierto es que las relaciones con el movimiento comunista internacional
estaban muy limitadas por la distancia, la escasez de bibliografía de trabajo y
los problemas reales de la lucha diaria, razones por las cuales los análisis de
la organización se centraron esencialmente en cuestiones nacionales, en el
vórtice de cuales estuvo entonces por varios años la figura de uno de sus
militantes más preclaros, Julio Antonio Mella, aún en la lejanía de su exilio
mexicano.
Con un conocimiento restringido de la obra de los clásicos del marxismo, Mella
proyectó un antiimperialismo político y económico muy bien articulado, acorde al
escenario local y latinoamericano. Ya en 1924 expresaba :
No pretendemos implantar en nuestro medio, copias serviles de revoluciones
hechas por otros hombres en otros climas, en algunos puntos no comprendemos
ciertas transformaciones, en otros nuestro pensamiento es más avanzado pero
seríamos ciegos si negásemos el paso de avance dado por el hombre en el camino
de su liberación.3
Por su parte Rubén Martínez Villena, joven intelectual de orientación
nacionalista, que había participado en la Protesta de los 13, integró la Falange
de Acción Cubana y conspiró dentro del Movimiento de Veteranos y Patriotas, se
sumó en marzo de 1925 al repudio general hacia el gobierno que pretendía
agradecer a los Estados Unidos, la devolución de la Isla de Pinos a la soberanía
cubana.
Al paso de unos meses, en plena efervescencia huelguística, Mella puntualizó su
criterio sobre quienes consideraba serían los "nuevos libertadores" de estas
tierras:
La causa del proletariado es la causa nacional. El es la única fuerza capaz de
luchar con probabilidades de triunfo por los ideales de libertad en la poca
actual. Cuando él se levanta airado como nuevo Espartaco en los campos y en las
ciudades, él se levanta a luchar por los ideales todos del pueblo. El quiere
destruir al capital extranjero que es el enemigo de la nación. El anhela
establecer un régimen de hombres del pueblo, servido por un ejército del pueblo,
porque comprende que es la única garantía de la justicia social /.../ Sabe que
la riqueza en manos de unos cuantos es causa de abusos y miserias, por eso la
pretende socializar /.../4
De esta reflexión podemos extraer dos conclusiones elementales: Mella valoraba
las causas nacional y social de conjunto; y establecía a los obreros como
protagonista de ambas. Al enemigo lo nombraba sin temores. Contra el
imperialismo norteamericano dirigía sus dardos, y la unidad de todos era
considerada asunto primordial. En su profundo trabajo Cuba: un pueblo que jamás
ha sido libre , denunció la dependencia económica de Cuba, su limitada
independencia política y la actitud lacayuna del régimen, reivindicando la
revolución social: "Mañana se podrá discutir, hoy sólo es honrado luchar", así
reflexionaba.5
En efecto reconocía la existencia de dos nacionalismos: el burgués y el
revolucionario. "el primero desea una nación para vivir su casta
parasitariamente del resto de la sociedad y de los mendrugos del capital sajón;
el último desea una nación libre para acabar con los parásitos del interior y
los invasores imperialistas, reconociendo que el principal ciudadano en toda la
sociedad es aquel que contribuye a elevar con su trabajo diario, sin explotar a
sus semejantes. 6
Las luchas estudiantiles y proletarias convencieron a Mella de la urgencia de la
lucha antiimperialista y socialista de conjunto, llevándolo a integrarse al
movimiento comunista.
Sobre sus convicciones políticas mantuvo informado a Villena que actuaba,
fundamentalmente desde posiciones antinjerencistas y antigubernamentales.
Después de la huelga de hambre, Mella tuvo que abandonar el país ante la
imposibilidad de mantenerse activo en la lucha y se instaló en México, donde
contactó de inmediato con el PC de ese país, se integró a la sección
latinoamericana de la Liga Antiimperialista y, al tiempo que trabajaba dentro
del movimiento obrero, estudiantil e intelectual azteca, preparaba las
condiciones para continuar su batalla antimachadista.
En misiva a Gustavo Aldereguía en septiembre de 1926, decía:
La lucha contra el imperialismo de todas las fuerzas y tendencias, desde las
obreras y campesinas hasta las burguesas nacionales (aunque éstas en su mayoría
sean capaces de traicionar) es la lucha más importante en el momento actual, si
el imperialismo puso a Machado para tener seguras sus inversiones, todos los
oprimidos por el imperialismo lo quitarán para reconquistar o conquistar la
libertad, cualquiera que sea el futuro de Cuba /.../Tenemos el deber de plantear
el "problema nacionalista" para unos, el "social" para otros, pero
antiimperialista para todos/.../7
Por su lado Villena, en el lapso de varios años, había experimentado una
evolución en sus concepciones políticas y los combates de todos los días, le
permitieron madurar hacia posiciones comprometidamente antiimperialistas y
socialistas.
Mella y Leonardo Fernández participaron en el Congreso contra la opresión
colonial y el imperialismo de Bruselas en febrero de 1927. A ese evento llevó un
informe enjundioso sobre la situación cubana, elaborado por Villena: Cuba,
factoría yanqui, en el cual se explica como la soberanía en la Isla resultaba
una ficción , pues un quinto de la riqueza nacional se encontraba en manos
extranjeras, el país vivía endeudado con la banca norteamericana y las compañías
norteñas eran propietarias de las mejores tierras, minas, servicios públicos.
Mella fue redactor de varias resoluciones latinoamericanas para el congreso. En
ellas refleja un examen profundo de la panorámica continental en cuanto al
desarrollo de la conciencia nacionalista y revolucionaria, al mismo tiempo que
distingue los países sin llegar a generalizaciones inexistentes y proclama que
la base de la lucha se encontraba en las masas obreras y campesinas integradas a
grandes movimientos colectivos de elementos progresistas de la intelectualidad,
el estudiantado, las clases medias, las razas oprimidas.
Lo que en Rubén significaba una progresión, en Mella era convicción
definitivamente reafirmada luego de haber asistido al Congreso Antiimperialista,
con su viaje a la Unión Soviética, y el conocimiento del heroísmo de las huestes
de Sandino y las batallas contra la "prorroga de poderes" de Machado.
Es por ello que en sus afanes combativos decidió enfrentarse al peruano Víctor
Haya de la Torre, organizador de la Alianza Popular Revolucionaria
Antiimperialista (APRA), que proclamaba una teoría "revolucionaria autóctona y
única" para la América Latina, renegaba del Marxismo con una postura
abiertamente antisoviética y pretendía crear frente único continental liderado
por la pequeña burguesía.
Más que un ataque a un sector oportunista de la intelectualidad y la burguesía
nativa representado en Haya de la Torre, las palabras de Mella pretendían hacer
una valoración de las posibilidades de alianzas y compromisos con las fuerzas
nacionalistas de diversa índole en Hispanoamérica, del papel de los movimientos
democrático-burgueses, sus debilidades y riesgos, eventualidades que los
partidos revolucionarios debían prever en tanto fuera posible, para obviarlas,
sin menospreciarlas. Por ello escribió:
Los comunistas ayudarán, han ayudado hasta ahora -México, Nicaragua, etc- a los
movimientos nacionales de emancipación aunque tengan una base
burguesa-democrática. Nadie niega esta necesidad, a condición de que sean
verdaderamente emancipadores y revolucionarios. Pero he aquí lo que continúa
aconsejando Lenin al Segundo Congreso de la Internacional: "La Internacional
debe apoyar los movimientos nacionales de liberación /.../ en los países
atrasados y en las colonias, solamente bajo la condición de que los elementos de
los futuros partidos proletarios, comunistas no sólo de nombre, se agrupen y se
eduquen en la conciencia de sus propias tareas disímiles, tareas de lucha contra
los movimientos democrático-burgueses dentro de sus naciones. La I.C. debe
marchar en alianza temporal con la democracia burguesa de las colonias y de los
países atrasados, pero sin fusionarse con ella y salvaguardando expresamente la
independencia del movimiento proletario, aún en lo más rudimentario.8
Lamentablemente Mella en su análisis no hizo distinciones entre la dirigencia
del APRA y su membresía, no tuvo en cuenta su heterogeneidad clasista, ni la
variedad de su instrumentación en los distintos países a donde se extendió. Ello
provocó que elementos apristas que pudieran haber sido captados para el proyecto
general antiimperialista cubano, ya que antes habían colaborado con la
Universidad Popular y manifestaban posiciones antinjerencistas, fueran
rechazados y se situaran a la derecha de los grupos nacional-revolucionarios.9
En la segunda mitad de 1927, Mella viajó a Estados Unidos a fin de contactar con
miembros de la oposición burguesa antimachadista; tales esfuerzos resultaron
infructuosos.
Julio Antonio estaba persuadido de que Cuba, poco a poco, se convertiría en
colonia formal de Estados Unidos, que destruiría todos los elementos
constitutivos de su nacionalidad; pero, al mismo tiempo, aseguraba que existían
las fuerzas capaces de llevar a la isla a la "revolución, democrática, liberal y
nacionalista"10. Ante esta perspectiva se alistó con otros camaradas para crear
la Asociación de Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos. Indudablemente, en
ese propósito estaba la evocación a José Martí y al exilio independentista
decimonónico.
A partir de su lógica cohesionadora, Mella envió a Leonardo Fernández Sánchez,
de manera clandestina, hacia La Habana con la finalidad de coordinar con la
dirección comunista la realización de contactos con varias personalidades del
Partido Unión Nacionalista.
Para cumplir su encomienda, Leonardo, Joaquín Valdés (secretario general del
PCC) y Martínez Villena se reunieron con el general Francisco Peraza y
precisaron detalles con el objetivo de lograr una entrevista con Carlos Mendieta.
El líder de los nacionalistas evitó el encuentro; y como resultado de la
denuncia de uno de los acompañantes de Peraza se produjo el encarcelamiento y
deportación a los Estados Unidos de Fernández Sánchez a fines de noviembre. En
esas circunstancias alguien le hizo saber que se fraguaban planes para asesinar
a Mella en México e inmediatamente se lo notificó.
En franco desafío al peligro que le acechaba, el luchador amenazado continuó su
bregar revolucionario, oportunidad que aprovechó el "Asno con Garras" para
propiciar su eliminación física, en contubernio con algunas autoridades
mexicanas y varios agentes mercenarios en enero de 1929.
De modo simultáneo, el movimiento comunista internacional había transformado sus
orientaciones a raíz de la actitud divisionista y conciliadora con el fascismo
de las dirigencias de la socialdemocracia europea. Con estos argumentos se pasó,
de hecho, a posturas "izquierdistas" que limitaban los acuerdos con estas
fuerzas no proletarias por considerarlas aliadas permanentes de la burguesa
reaccionaria. La nueva táctica de "clase contra clase" presumía como enemigos a
todos los que no aceptaran la línea del movimiento comunista internacional; no
admitía colaboración, ni pactos electorales con esos grupos o partidos.11
A fin de cuentas esos preceptos se concretaron en el VI Congreso de la IC
efectuado en el verano de 1928. En lo tocante a los países coloniales y
atrasados se dispuso la exclusión de las burguesías nacionales en las alianzas
combativas con los PC atendiendo a su inestabilidad política y tendencia a los
compromisos con la reacción. Dichas apreciaciones distaban mucho de tener en
cuenta las condiciones específicas de Latinoamérica.
Como debemos inferir tales disposiciones entraban en contradicción con las
tácticas enunciadas por Julio Antonio y con los preparativos insurreccionales
que desarrollaba en el momento de su muerte. Concretamente encontraron oposición
en varios delegados de la Internacional que trabajaban dentro del Partido
Comunista Mexicano y en el Secretariado Sudamericano con sede en Buenos Aires.
Cuando se efectuó la Primera Conferencia de PC de América Latina en junio de
1929, Mella había muerto, y José Carlos Mariátegui -aunque muy enfermo-, envió
un mensaje al evento que tenía muchos puntos compatibles con las evaluaciones
del cubano.
Si bien la Comintern consideraba que no existían diferencias esenciales entre
América, Asia y África, algunos directivos latinoamericanos no concordaban en
ese criterio, dado el desarrollo desigual de las naciones del subcontinente. Una
visión desdibujada sobre esta realidad traería graves obstáculos a las batallas
que se avecinaban.
Si por un lado, el suizo Humbert Droz, responsable del secretariado
latinoamericano, sostenía que el "movimiento revolucionario en estos países
debía asumir un carácter democrático-burgués, por el otro afirmaba que bajo la
dominación económica del imperialismo era imposible un proceso de
autodeterminación, por lo cual no sería factible la lucha por la independencia
en alianza con sectores pequeño-burgueses, intelectuales, etc.: dos posiciones
bastante contradictorias. En la conferencia también se manifestaron otras
tendencias. Los derechistas favorecieron el colaboracionismo con los sectores
nacionalistas; los izquierdistas, por cierto predominantes en la primera mitad
de los años 30, proponían la lucha antiimperialista a través de la insurrección
y la creación de los soviets, negando el rol de los segmentos más radicales de
la burguesa nativa 12. Un acuerdo de ese encuentro fue creación un buró del
Caribe de la Comintern para la zona norte de América Latina, conformado en 1930
con sede Nueva York y una fuerte influencia del Partido Comunista de los Estados
Unidos.
Con las nuevas directrices de trabajo, Villena elaboró de un documento
programático para el Partido Comunista de Cuba, publicado precisamente en el
primer aniversario del asesinato de Mella. El mismo planteaba que esa
organización trabajaría por la revolución obrera y campesina, el establecimiento
un gobierno soviético como táctica para el derrocamiento del régimen capitalista
y la instauración de la dictadura del proletariado13. La insurrección armada
sería un método esencial para alcanzar esos objetivos, sin embargo no tenía en
cuenta a los más amplios sectores pequeño-burgueses, intelectuales y
profesionales que hubieran ensanchado la base social de la lucha antimachadista.
Rubén veía con reservas la actuación de Unión Nacionalista y no supo distinguir
entre los distintos tipos de elementos que integraba esa asociación, dentro los
apristas radicados en Cuba y del movimiento obrero reformista, dedicando todos
sus esfuerzos a lograr la irrupción inmediata del Partido en las batallas
proletarias, femeninas, campesinas, estudiantiles, etc.
Una vez culminada la huelga del 20 de marzo de 1930, se vio en la necesidad de
abandonar el país, enviado a la URSS para tratar sus problemas de salud, y
representar al PCC en el Congreso de la Internacional Sindical Roja y en la II
Conferencia de P.C. de América Latina que tendrían lugar en esa nación.
Estudiando los acontecimientos cubanos desde la URSS, Rubén llegó a la
conclusión de que las masas aún no se habían percatado de cual era su verdadero
líder, el Partido Comunista; temía que -existiendo condiciones para la
revolución-, los dirigentes partidistas que quedaban en libertad no fueran
capaces de estar a la altura de las circunstancias, a pesar de ser compañeros
abnegados, muchos de ellos con un escaso nivel cultural. En aquella hora crucial
se iniciaba un viraje estratégico-táctico dentro del P.C.C. bajo la orientación
del Buró del Caribe. En noviembre de 1930, su Comité Central declaraba que la
lucha se iniciaría con una primera etapa democrático-burguesa, agraria y
antiimperialista, que se proponía -a través de la alianza obrero-campesina- el
establecimiento de los soviets. La segunda fase sería propiamente socialista.
Tales formulaciones padecían de un matiz sectario izquierdista que, a la larga,
obstaculizaría la conjunción pueblo-partido imprescindible para alcanzar el
triunfo. Estas consignas eran incomprendidas por la mayor parte de las clases
medias, la pequeña burguesa y otros sectores acomodados no oligárquicos.
Una de las grandes preocupaciones de Villena era el pensamiento de que Cuba
vivía una situación similar a la de Rusia en 1905 y que de estallar una
revolución también se frustraría:
/.../ Es necesario no sólo que las masas se convenzan de la traición de los
nacionalistas y en g(ene)ral de la falsedad de la "democracia" burguesa, sino
q(ue) también hace falta que el proletariado obtenga la hegemonía de todo el
momento revolucionario, y aún todo es poco: hace falta que el p(artido) tenga el
control efectivo de ese movimiento/.../14
En Moscú, Villena tuvo oportunidad de defender sus criterios con respecto a las
relaciones del PCC y el Buró del Caribe. En aquellas discusiones el argentino
Vittorio Codovilla lo conminó a prestar mayor atención a los consejos de
aquellos representativos; empero Rubén atestiguó que los norteamericanos se
desenvolvían en un contexto diferente. "Serían los pueblos de latinoamericanos
los que harían cambiar la mentalidad de la clase obrera y el pueblo de los
Estados Unidos", afirmó.
Asimismo estaba convencido de que un cambio del presidente Machado por otro
títere del imperialismo conduciría a una ruptura del círculo de hierro de la
represión, sin embargo sería una magnífica oportunidad para el pueblo viera que
Mendieta y Machado eran la misma cosa.15
En los últimos días de noviembre o principios de diciembre de 1932, Rubén
Martínez Villena llegaba a Norteamérica procedente de Moscú. Leonardo Fernández
Sánchez lo esperaba para comunicarle que próximamente el periódico Mundo Obrero
(órgano del Buró del Caribe de la Internacional Comunista) publicaría un
artículo con expresiones despectivas hacia Julio Antonio Mella.16
En su carta del 9 de diciembre, le cuenta a su esposa Asela Jiménez lo ocurrido
con los representantes de la Comintern en los Estados Unidos:
/.../ He tenido ya -no discusiones, porque aquí nadie me discute excepto Vit.
cuando le es posible-, pero conversaciones, especialmente con Mov. (autor del
párrafo), en que los he inculpado y les he dicho -en términos marxistas de la
autocrítica que ellos usan para nuestro Partido- frases que por primera vez han
oído sobre su trabajo. Pero Mov. está arrepentido, creo que sinceramente, ahora
tiene una enorme curiosidad por conocer el artículo que el Buró me ha encargado
escribir para el número de enero, precisamente sobre Mella. Por supuesto, yo sé
de dónde y de quién personalmente viene el odio contra Mella, que ha provocado
esa opinión en el Buró. El me mira, me sonríe, etcétera, pero con un gran recelo
y con una contenida intención dañina /.../ Al fin , quité uno de los párrafos, y
modifiqué otro . Pero ésta es la primera fase de la batalla.17
Luego de su intervención en el asunto, salió efectivamente en Mundo Obrero de
diciembre de 1932, la siguiente referencia sobre el líder estudiantil cubano:
/.../ Mella fué el exponente de un período del movimiento revolucionario en los
países del Caribe, con el heroísmo y la inmadurez del movimiento de esa época.
Mella, asesinado por orden de los lacayos del imperialismo en plena juventud, no
pudo terminar su formación como luchador leninista. Su folleto contra el Apra
-un documento de lucha contra el nacional-reformismo en América Latina es prueba
de ello. Pero el movimiento revolucionario proletario y nuestros partidos han
continuado su evolución y van sobrepasando los errores de una época (oscuridad
sobre el carácter de la revolución, desconocimiento del rol hegemónico del
proletariado en la revolución anti-feudal y anti-imperialista, etc) y en la
lucha todavía necesaria contra estos errores que persisten, tienden a
convertirse en verdaderos partidos bolcheviques. Mella, no obstante sus errores
que eran el reflejo de errores propios del período en que luchó, pertenece por
derecho propio a la clase obrera, como uno de los "pioneros" del movimiento
comunista en los países del Caribe /.../ 18
Rubén, que conocía muy bien las proyecciones políticas de Mella, su entereza de
carácter y concepciones ideológicas, caracterizó aquella acción que pretendía
enlodar la imagen continental del destacado dirigente comunista como su "segundo
asesinato". Meses después, él mismo sería víctima de dirigentes miopes que
pretendían aplicar en Cuba de manera rígida y esquemática las líneas
estratégico-tácticas de la Internacional, sin tener en cuenta las
especificidades del contexto donde se desarrollaron los acontecimientos
revolucionarios de 1933.
En mayo de 1933, Villena desembarcó por Santiago de Cuba, y rápidamente se
dirigió a la capital cubana. Había estado ausente del suelo patrio por unos tres
años.
Ya incorporado a la vida partidista, a mediados de junio, el Comité Central le
encomendó la tarea de desacreditar al grupo trotskistas que intentaba imponer la
división y precisar la línea estratégico-táctica del PCC. Con respecto a esto
último sus planteamientos fueron:
/.../ La victoria de la revolución agraria y anti-imperialista, será lograda
mediante la alianza de la clase obrera y del campesinado, arrastrando a las
capas pobres de la pequeña burguesía urbana, bajo la hegemonía del proletariado
y la dirección del Partido Comunista, por el derrocamiento del poder del
imperialismo, por el derrocamiento de los elementos feudales (latifundistas) y
de la burguesía nativa ligada a éstos, y el establecimiento de la dictadura
democrática revolucionaria de los obreros y campesinos, sobre la base de los
soviets. 19
Lamentablemente estas declaraciones cerraban el círculo de los simpatizantes
seguros del Partido. Un juicio sereno sobre las mismas nos llevaría a
reflexionar en la ausencia de una posición flexible y realista en concordancia
con las horas infortunadas que transcurrían. Junto a las consignas de
expropiación de los grandes latifundios, reparto de tierras a campesinos,
arrendatarios y aparceros, nacionalización de las empresas imperialistas y de la
burguesía local, repudio a todas las deudas del estado, liquidación de la
Enmienda Platt, instauración de la jornada de 8 horas de trabajo e igualdad
plena de los hombres, hacía un uso descontextualizado de las orientaciones de la
IC. 20
En los días iniciales de julio de 1933, La Habana se agitaba a merced de una
huelga general de proporciones inusitadas. La dirección del Partido Comunista
-con fuerte influencia de Villena- declaró que el paro constituía solo un paso
hacia la revolución, no la revolución misma; que a Machado únicamente se le
podía derribar con la insurrección armada popular y que, en esos momentos, no
existían condiciones internas ni externas para el triunfo. Rubén temía que aquel
movimiento terminara en un holocausto y se produjera la intervención
norteamericana.
Su razonamiento esencial era: "mejor un Machado débil que un nuevo gobierno de
la oposición burgués-latifundista colocado por la marinera yanqui". Machado
entraría en una crisis profunda -pensaba- y el proletariado estaría más
preparado para la revolución agraria y antimperialista. Las empresas de ómnibus,
iniciadoras del movimiento, habían cedido; otras compañías accedieron a conceder
la mayor parte de las demandas, y Machado prometió a los dirigentes obreros y
comunistas que aceptaría sus principales reivindicaciones. El caso es que el
Partido y la CNOC orientaron a los trabajadores a que se mantuvieran firmes
hasta tanto fueran concedidas sus demandas iniciales, pero en aquellos centros
laborales donde hubieran sido otorgadas debían incorporarse escalonadamente a
sus labores diarias.
La huelga que había asumido en principio reivindicaciones económicas y
sindicales se había convertido en un movimiento político que exigía la renuncia
del gobierno, por eso las masas populares no aceptaron el regreso al trabajo
hasta tanto no cayera la tiranía.
Rubén sería uno de los protagonistas de esta orientación equivocada y, al mismo
tiempo, víctima de sus propias concepciones basadas en las líneas proyectadas
por la IC y del aislamiento real en que se veía forzado por la enfermedad.
Lionel Soto en su libro La Revolución del 33 y Fabio Grobart ha precisado muy
bien las causas objetivas y subjetivas del llamado "error de agosto". La
realidad demostró que el pueblo, en su acepción más amplia, podía aplastar la
dictadura como lo hizo el 12 de agosto de 1933.
Sintéticamente podemos señalar como causales subjetivas de esos errores: la
concepción sectaria izquierdista preponderante en el ideario marxista de la poca
que condujo a plantear en Cuba una estrategia revolucionaria agraria y
antimperialista, materializada en la insurrección armada y la toma del poder a
través de los soviets; la proyección de un movimiento revolucionario en forma de
saltos, o sea, ir directamente a la dictadura del proletariado sin cruzar etapas
intermedias de carácter democrático-burgués ; la preponderancia de la táctica
"clase contra clase", traducida en el esquivamiento de alianzas temporales con
organizaciones y líderes de la pequeña burguesa radical, al entender que esos
elementos eran enemigos del proletariado por no aceptar las propuestas
estratégicas de los comunistas; la falta de visión y capacidad para interpretar
la psicología de las masas y su transición de sentimientos de lucha económica a
posiciones definitivamente políticas; el fatalismo geográfico vigente en la idea
de la imposibilidad de una revolución exitosa si no se contaba con el apoyo
solidario de los trabajadores norteamericanos en el poder.
En concreto, a la dirección partidista le faltó madurez teórica, experiencia
para casos tan complejos y suficiente poder de análisis creador dadas las
circunstancias que exigía el momento.
Sin dudas también una serie de factores objetivos propiciaron esos
razonamientos: la calidad de enemigo principal del imperialismo yanqui que
desplazó a Machado de su lugar de hombre protegido y predilecto para buscar un
arreglo con otros sectores de la burguesía acorde con sus intereses; el
acatamiento por parte de muchas organizaciones opositoras, de las maniobras
mediacionistas de Welles; la falta de fuerza política y recursos armados por
parte del PCC para llevar adelante la misión que debía enfrentar; y el cambio
repentino del ABC que, después de haber participado en los cabildeos iniciales
con el embajador norteamericano, se sumó finalmente a la huelga.21
Según explicara Fabio Grobart a posteriori:
Esta miopía política se reflejó también en una errónea conclusión que los
dirigentes del Partido sacaron, de la justa apreciación de que sustituir a
Machado por un gobierno de la oposición burgués-terrateniente significaba dejar
a Cuba en su estado de semicolonia y a las masas populares en la misma miseria y
esclavitud y que únicamente un gobierno de trabajadores podía producir los
cambios radicales que el país necesitaba /.../
Dicha a conclusión fue profundamente falsa por ser mecánica, por no basarse en
un análisis correcto del desarrollo dialéctico de la situación y, esencialmente,
por no tener en cuenta que las masas revolucionarias, enardecidas por la
victoria sobre Machado y orientadas en su acción por una justa política de su
vanguardia marxista-leninista, sí podría asegurar los cambios profundos, es
decir, la realización del programa agrario-antiimperialista, por el cual abogaba
y luchaba desde su fundación el Partido Comunista.22
Tres semanas después, entre el 29 y el 30 agosto, se efectuó el V Pleno del CC
del PCC que logró reunir a numerosos representantes de casi todo el país, en
compañía de varios invitados extranjeros: Alberto Moreau, Ricardo Martínez,
"Juan El Polaco" y "Pedro El Canadiense", a nombre del Buró del Caribe. 23
Durante ese evento se discutió la instrucción de la IC relacionada con el
establecimiento de los soviets en Cuba, cuestión que provocó un serio altercado,
cuando Villena manifestó estar inconforme con la misma. La delegación foránea
criticó acremente su opinión y lo acusó de reformista.
Rubén argumentó que ellos llevaban mucho tiempo alejados de las luchas concretas
de sus países, estaban burocratizados y, además, no habían podido impedir el
apoyo del EE.UU. a Machado, por lo cual no debían imponer una directiva absurda,
que los alejaría de las masas, afectaría el trabajo dentro de las fuerzas
armadas y podía asustar a la gente del pueblo.24
Finalmente vencieron los partidarios de la consigna del gobierno
obrero-campesino y se comenzó a trabajar por la constitución de los soviets.25
En lo concerniente al gobierno provisional establecido el diez de septiembre
conformado por la tríada de Ramón Grau San Martín (presidente), Antonio Guiteras
(secretario de Gobernación y de Guerra y Marina) y Fulgencio Batista (jefe del
ejército), el PCC recibió un cablegrama que orientaba no establecer convenios
con los gobernantes y, al mismo tiempo, evitar conflictos con las empresas
imperialistas. 26
En una reunión del Comité Central, Villena se refirió concretamente al mensaje
de la IC y sus instrucciones acerca del gobierno obrero-campesino que constituía
la primera ocasión en que se materializaba en un documento oficial sobre este
asunto específico. Como denotan las actas, Rubén habló ampliamente sobre
desarrollo de las huelgas, la mejora de la situación de los obreros, el logro de
empleos para unos mil desocupados al conseguir la CNOC la apertura de las
puertas de los ómnibus que incluía el establecimiento de un conductor para cada
vehículo, el atraso relativo a las luchas campesinas, los pasos emprendidos para
la captación dentro del Ejército. En lo tocante a la ocupación de algunos
centrales azucareros y la confiscación de los mismos a sus dueños, aseguró que
"no es una medida bastante eficaz si no se tenía el poder" y consideró
incorrecta la propuesta del documento donde se orientaba eludir un
enfrentamiento abierto con el imperialismo, si en Cuba "cada huelga era un
movimiento contra el imperialismo" y el capital telefónico, textil, portuario,
minero, etc. era mayoritariamente norteamericano; por ende, "quien ha pensado
que con esto se puede detener la intervención de los Estados Unidos, es un
oportunista", afirmó. De acuerdo con estas anotaciones propuso no cumplimentar
esa directiva, cuestionándose como podía la Comintern "considerar que puede ser
establecido un gobierno obrero y campesino que al mismo tiempo oculte la lucha
antiimperialista".27
Amplias fueron las discusiones donde intervino Villena para reafirmar su tesis
de que la ocupación de centrales no constituía una medida eficaz si no se tenía
el poder y considerando además incorrecta la propuesta de eludir un
enfrentamiento directo con los imperialistas, cuando en Cuba el capital
telefónico, textil, portuario, minero, azucarero, era mayoritariamente
norteamericano; y por ende, propuso no cumplimentar esas directrices.28
Tales argumentos fueron rebatidos enfáticamente por "Mariano", uno de los
delegados internacionales que estuvo en Cuba por esos días, planteando que no
podían retroceder.
Mientras Guiteras trabajaba por la promulgación de leyes de contenido nacional y
progresista, las huestes militares actuaban con absoluta independencia. Un
ejemplo palpable de esta afirmación fue el ametrallamiento de la manifestación
que pretendía rendir tributo a las cenizas de Mella el 9 de septiembre de 1933.
Villena y sus compañeros pensaban que aquellas vandálicas acciones tenían por
objetivo el reconocimiento de los EE.UU. a la nueva gobernación y la medidas de
Guiteras eran actos de pura demagogia.
En los procesos nacionalistas el papel del líder es de suma importancia, no solo
el individual sin el colectivo representado por los partidos. Los líderes
individuales pueden ser carismáticos, políticos, intelectuales o varias de esas
cosas al mismo tiempo. En el caso que nos ocupa, tanto Mella como Villena
reunían estas características, aunque no proporcionadas de la misma manera. Si
bien en Mella se destaca su carisma político por sobre todas las cosas, en el
caso de Villena se dio un predominio de los aspectos intelectuales.
En Mella se materializa el revolucionario intuitivo, vital, de acción, que
estuvo en condiciones de realizar su labor con menor predominio de las
proyecciones que emanaban del movimiento comunista internacional; en Villena,
aunque tampoco llegar a una madurez total en el plano intelectual, su estancia
prolongada en la URSS y relaciones con la IC lo prepararon de una manera más
profunda, pero al mismo tiempo más lastrada por las orientaciones existentes. En
ambos se desarrolló el convencimiento de la necesidad de una lucha
antiimperialista con un insoslayable contenido nacionalista estrechamente
vinculado a las batallas de carácter socialista. La concreción de cada uno de
sus puntos de vista, estuvo marcado por su propia proyección y preparación
personal, así como por las circunstancias en que se desenvolvieron.
No caben dudas, tanto Julio Antonio Mella como Rubén Martínez representan dos de
las expresiones más trascendentes de pensamiento marxista cubano en las luchas
revolucionarias del primer tercio del siglo XX.
Notas:
1.- José Ramón Recalde: La construcción de las naciones . Siglo Veintiuno
editores, Madrid, 1982, p. 39.
2.- Vladimir Ilich Lenin: "Esbozo inicial de las Tesis sobre los problemas
nacional y colonial". En sus: Obras Escogidas (en tres tomos), Editorial
Progreso, Moscú, t.3, p.440.
3.- Julio Antonio Mella: "Lenine Coronado". IHMCRSC: Julio Antonio Mella.
Documentos y Artículos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, pp.
87-88.
4.- J. A. Mella: "Los nuevos libertadores". En: IHMCRSC: Obra citada, p. 124.
5.- J. A. Mella: "Cuba: un pueblo que jamás ha sido libre". En: IHMCRSC: Obra
citada, p. 183.
6.- J. A. Mella: "Imperialismo, tirana, soviet". En: IHMCRSC: Obra citada, p.
190.
7.- J. A. Mella: Carta de Mella a Gustavo Aldereguía, 18 de septiembre de 1926.
En: IHMCRSC: Obra citada, p. 259.
8.- J. A. Mella: La lucha revolucionaria contra el imperialismo. ¿Qué es el
ARPA?. Raquel Tibol: Julio Antonio Mella en El Machete, Fondo de Cultura
Popular. México, 1968.
9.- Los apristas en Cuba entre 1927 y 33 fueron decayendo y carecieron de
popularidad. Después se reorganizaron bajo una concepción más adaptada al
panorama cubano, pero con una fuerte carga anticomunista que finalmente los
condujo a unirse al Partido Revolucionario Cubano (Auténtico) para 1937.
10.- J. A. Mella: "¿Hacia dónde va Cuba?. En: IHMCRSC: Obra citada, p.409.
11.- Colectivo de autores: La Internacional Comunista. Ensayo histórico sucinto,
Editorial Progreso, Moscú.
12.- B. Koval: Movimiento Obrero en América Latina. 1917-1959, Editorial
Progreso, Moscú, 1985.
13.- Lionel Soto: La revolución del 33, Editorial de Ciencias Sociales, La
Habana, 1977, T. II, p. 8.
14.- Angelina Rojas (comp): Asela Mía, Editorial Oriente, Santiago de Cuba,
2000, p. 96.
15.-"Carta de R. M. Villena a Asela Jiménez", abril 1932.En: R. M. Villena: Obra
citada, p.496.
16.- Frank Ibáñez: "Los últimos días de Rubén en Nueva York". En: Lunes de
Revolución.92. Enero, 23, 1961.
17.- "Carta de Rubén Martínez Villena a Asela Jiménez", 9 de diciembre de 1932.
En: R. M. Villena: Poesía y Prosa, Editorial de Letras Cubanas, C. de La Habana,
T. II, p. 513. Según referencias de Vittorio Vidal en la entrevista que le
concedió a Enrique López, el 9 de abril de 1976, quien lo miraba y sonreía con
intención dañina era Ricardo Martínez, dirigente del Buró del Caribe, de quien
también asegura que era un miembro de los servicios de inteligencia
norteamericanos, infiltrado en el movimiento comunista.
18.- R. Palacios: "La campaña Lenin-Liebknecht-Luxemburgo en el Caribe". En:
Mundo Obrero.(2) 17. Diciembre, 1932.
19.- "El Partido Comunista y los problemas de la revolución Cubana". S/f. Tomado
de Lionel Soto: La Revolución del 33, Editorial de Ciencias Sociales, C. de La
Habana, Tomo II, 1977, p. 164.
20.- CC del PCC: "Abajo la intervención imperialista del sanguinario Welles y
las serviles maniobras de sus lacayos". En: El Trabajador. (III) 3, julio, 1933.
21.- Lionel Soto: La Revolución del 33. Tomo II. Editorial de Ciencias Sociales.
C. de La Habana, 1977.
22.- Fabio Grobart: Preguntas y respuestas sobre los años 30. En sus: Trabajos
escogidos. Editorial de Ciencias Sociales, C. de La Habana, 1985, p. 93,
23.- Información tomada de Edith García Buchaca: Memorias inéditas de Joaquín
Ordoqui, Inédito , y en la carta de Johny a los camaradas, 4 de septiembre de
1933 microfilmada del Archivo de IC en Moscú.
24.- Carta de Juan al Buró del Caribe. 29 y 30 de agosto de 1933. Microfilmes
del Archivo de la Internacional Comunista en Moscú.
25.- El primer soviet que se organizó el 13 de septiembre en el central Mabay
estuvo bajo la dirección del dirigente comunista manzanillero Francisco
Calderius López (Blas Roca), quien a fines de 1933 fue designado secretario
general del PCC.
26.- Acta de reunión del secretariado ampliado del CC del PCC. Archivo del
Instituto de Historia de Cuba.
27.- Acta de reunión ampliada del CC del PCC. 19 de septiembre de 1933.
Microfilmes del Archivo del Internacional Comunista de Moscú. Moscú.
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Cortesía de Gustavo Pérez HinojosaNube de Tags
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