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DIOS, LA TELEVISIÓN Y LA CEGUERA

Por Originario Ashima

Una gran cantidad de gente no cree en Dios, otros se declaran agnósticos, mientras unos terceros creen en dioses inventados al antojo de las iglesias o de religiones tradicionales. Algunos, incluso se han fabricado la idea de un dios para su uso personal. Acuden a su dios cuando tienen problemas, o confieren a imágenes de supuestos santos o a reliquias de muertos toda clase de milagrosos poderes.

No faltan los que a estas formas de pensar tradicionales promovidas por las iglesias añaden la llamada mala suerte, porque consideran que el azar, la casualidad o la fatalidad rige la existencia de los seres humanos y que la manera de escapar de las peores situaciones de la vida es recurriendo a todos esos dioses fabulosos y a sus seguidores menores en busca de un milagro.

A veces se considera a la llamada suerte asociada a un número, a un animal, o a algún fenómeno de la naturaleza a los que conceden poderes sobrenaturales. Pocos reconocen que lo que llaman suerte (buena o mala) o, más aún, destino, no es más que el resultado de las propias acciones por vivir bajo la ley de causa y efecto.

Sin embargo, si les preguntamos directamente a muchas personas sobre si existe o no lo sobrenatural, muchos se encogen de hombros o evitan entrar en conversación. Los hay quienes niegan rotundamente que exista algo por encima de los mundos visibles, y desde luego, niegan la existencia de Dios. Hay que reconocer en estos últimos el mérito de haber sido capaces de negar la existencia del dios que han inventado las iglesias, que poco o nada tiene que ver con Dios.

Y tiene mérito, por supuesto, porque han sabido utilizar el sentido común y la intuición espiritual para vencer tanta catequesis como desde niños se nos administra por todos lados, y tantos cuentos como se nos han ido contando para formar en nosotros la idea de un dios, padre, sí, pero juez y castigador, que en el más acá mientras vivimos nos castiga de muy diversas maneras, y nos aguarda en el Más Allá para seguir con más de lo mismo. Últimamente se ha reinaugurado el Infierno, que es como la cadena perpetua del Más Allá muy oportunamente ahora que las iglesias se vacían y el montante de los descreídos crece por días.

El "temor de Dios", el "temor a Dios", son frases que hemos oído miles de veces y que no dan precisamente una idea tranquilizadora del padre que uno quisiera tener. Con tanta falsa cultura religiosa, completada con toda clase de supercherías consentidas, promovidas y propagadas por las iglesias, se ha conseguido que muchos queden ciegos para captar qué o quién es Dios. Si se le dice a muchos que Dios es la energía consciente y amorosa que mueve el Universo, y que está presente en nuestra alma, o que nuestra alma forma parte de Su energía como todo aquello que tiene vida en la Naturaleza, se quedan sorprendidos, porque no esperan semejante respuesta para referirse a Dios. ¿Qué tiene que ver esto con el dios de las iglesias?

Si en las familias se hablase de Dios de este modo, como energía amorosa presente en el interior de uno mismo y se hiciese mención a los Diez Mandamientos como las leyes de Dios para nosotros, Sus hijos, seguro que tendríamos otros puntos de vista sobre Dios y sobre la propia vida...
Y si las iglesias no tuviesen intereses nada divinos y más que terrenales, tendrían muchas probabilidades de ser muy distintas a lo que hoy son: consorcios seudo -religiosos y financieros con muchos intereses bancarios y de poder. Por eso tienen tan poco que ver con Dios. Y por eso no es de extrañar que lo expliquen tan mal haciendo que muchas personas inteligentes se conviertan en agnósticos o directamente en ateos de ese espanta-mentes o espanta-conciencias que esas iglesias llaman dios.

Entre incontables millones de personas de tan diferentes pareceres sobre lo divino o lo sobrenatural existen, sin embargo, coincidencias extraordinarias en algo universalmente aceptado como oráculo de la verdad: la televisión. Para grandes mayorías la televisión se ha convertido en un escaparate del mundo que expresa la verdad de lo que sucede en él. Así dicen con frecuencia para hacer callar a un oponente: "Lo ha dicho la televisión". Fíjense en la estructura de la frase: la palabra televisión es sinónimo de autoridad....la autoridad que sin embargo, se le niega fácilmente a Dios.

Difícilmente se preguntan los mismos por qué en su endiosada televisión se muestran unas cosas o nunca se habla de otras; por qué aparecen durante un tiempo ciertas noticias y de pronto desaparecen sin más. Raramente se hacen la pregunta de quiénes están detrás de las noticias, a quién o a quiénes sirven la televisión y las agencias, y tantas otras cosas. Todo lo que le niegan a Dios se lo conceden a su tele: el poder de transmitir la verdad, el poder de alegrar, el poder de sugerir pensamientos y experimentar sensaciones positivas y de felicidad... Naturalmente se obvia la necesidad de buscar y sentir la belleza en el interior, y se hace inútil desarrollar la imaginación como forma de enriquecimiento personal, pues todo está ahí, en la pantalla, y fuera de esa supuesta realidad enlatada, sólo existe una vida gris.

La imagen exterior, a la que se le dedican tantas horas diarias en cualquier tipo de pantalla- pues ahora hay muchos- ha favorecido el que la gente deje de bucear en su interior en busca de sí mismo, entretenido como está en seguir la vida de otros que se le presentan como modelos a imitar.
La televisión, junto a las iglesias, ha sido un elemento cooperante a la desacralización de la vida tanto como al triunfo de la banalidad sobre lo importante y trascendente. Las generaciones de televidentes se convierten con facilidad en generaciones de invidentes de lo esencial. Y una vez llegado a ese punto de invidentes en forma de ateos, supersticiosos religiosos y adictos a las pantallas, el interesado ignora que todo estaba preparado de antemano, que ese su estado era precisamente el deseable para que iglesias, estados, multinacionales de todo tipo y medios de incomunicación viviesen a costa de su ceguera.

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Por Originario Ashima
Publicado Tuesday 24 de June de 2008 en la Revista opine sección reflexionar


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