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Una Televisora sólo para los Libros
Por Fernando Buen Abad Domínguez
La tele legible contra la alienación
A estas horas los libros velan armas. Se los ha visto, por las noches,
arremolinados en algunas esquinas -como conspiradores iridiscentes- empeñados en
zarandearse las esperanzas para que sus gargantas canten tempestades
insurrectas: bien pensadas. Se gesta una revolución de la lectura. ¿Puede ayudar
la Tele? Los programas televisivos, paridos por la ética primero que por la
estética, pueden ser un arma superior de la humanidad. Un arma finísima y una
herramienta en simultáneo, afinadas para ganar, sin complacencias, toda lucha
emancipadora de la conciencia. Esto es una urgencia que no admite eufemismos,
dilaciones ni maquillajes. ¿Y si ponemos la tele al servicio de una Revolución
Bibliográfica mundial?
Digámoslo de una vez: si el capitalismo ha hecho, con muchos libros, una
industria farandulera de mercancías veleidosas sometidas a la dictadura del "rating",
impregnadas con al cachondeo salivoso del bestsellerismo o intoxicadas con el
estrellato de la miseria intelectual burguesa.... si eso boceta un diagnóstico,
entonces es inexcusable impulsar una revolución honda y creativa capaz de llevar
la producción libresca a un estadio más avanzado, salvar la producción de libros
de las garras mercantiles y llevarlos a un estadio con mayor potencia
productiva, un estadio con mayor y mejor solvencia tecnológica, económica y
política. Un estadio de revolución permanente, es decir, la praxis del
desarrollo humano sin trabas.
Digámoslo de una vez: si al capitalismo le gusta arrumbar –o derrumbar- nuestras
mejores conquistas bibliográficas, si se permite secuestrar libros, degenerarlos
(al vapor de las peores canalladas) e incluso si el capitalismo goza con
quemarlos, tenemos la obligación inequívoca de impulsar una revolución cultural
humanista que ponga a salvo nuestra historia toda. Revolución inteligente de la
inteligencia que rescate y estudie todo lo que, para bien o para mal, con sus
logros y retrocesos, es la base que nos permitirá cambiar la vida, transformar
al mundo. Y para eso podemos contar, también, con la televisión. Expropiarla
para la guerra simbólica que debemos ganar.
¿Será aburrida una televisora dedicada a los libros?
Eso que la mentalidad burguesa llama "aburrido" suele ser lo que no deja
"ganancias". Y hay personas (alienadas) cuya idea hegemonizada de "lo divertido"
radica, casi exclusivamente, en sentarse a contemplar cómo se enriquecen y
"divierten" sus explotadores. Y encima lo agradecen.
No pocos revolucionarios (en todas las áreas de la producción intelectual) han
sido acusados de "aburridos". Unas veces como crítica (incluso fraternal) a sus
métodos expositivos y otras como descalificación reaccionaria. En general la
burguesía tilda de "aburrido" todo lo que la incomoda. Cuando existe solidaridad
verdadera los camaradas no ofenden con adjetivos simplistas, los verdaderos
camaradas exponen, con método, su crítica honda, sin complacencias y siempre
propositiva.
El insulto, la calumnia, la procacidad y la vulgaridad son reductos donde
pululan felices las ideas de los fascistas. Nadie le dice a sus hijos, si
realmente los ama, que son "aburridas" sus expresiones, sus intereses o sus
logros y, si algo sale mal, la primera respuesta fraternal es ayudar y tomar
compromiso práctico. La mejor expresión de la humanidad. Una televisora
revolucionaria dedicada a los libros no tiene por que ser "aburrida" aunque a
las oligarquías les disguste que los pueblos se cultiven y aunque a las empresas
libreras les moleste la democratización bibliográfica. Pero es obligación de una
televisora de los libros ser participativa, interactiva, imaginativa, sabrosa,
seductora, lúdica, creativa y brillante... O será nada.
¿Qué tareas ha de cumplir una televisora de los libros? 13 sueños (al menos)
para realizar mañana mismo.
1. Producir diagnósticos permanentes sobre la crisis de los libros, de la
lectura y de los autores. Ayer y ahora.
2. Producir una Historia Mundial de las canalladas perpetradas contra los libros
y luchar para que se conozcan.
3. Estimular la producción bibliográfica juvenil.
4. Estimular la diversificación, la interdisciplina y la profundidad
metodológica. Estimular la producción bibliográfica militante de la
independencia semántica y estimular la rebeldía editorial.
5. Llamar a la Revolución Permanente de los Libros contra toda forma de
alienación y bloqueo de las conciencias.
6. Impulsar la necesidad estratégica mundial de una biblioteca rica en cada
casa.
7. Demostrar que la riqueza bibliográfica revolucionaria es parte insoslayable
de las riquezas nacionales.
8. Liberar a las imprentas de burocratismos y sectarismos, vengan de donde
vengan.
9. Impulsar una gran movilización revolucionaria que expropie a las mafias
distribuidoras de libros.
10. Devolver a los libros su dignidad, su rigor y su responsabilidad histórica.
Crítica y auto-crítica sistemáticas.
11. Emprender una movilización mundial para elevar la calidad léxica, la
gramática y los vocabularios en los libros.
12. Impulsar, con todos los medios, el arte editorial, el diseño, la
encuadernación, la experimentación hacia formas de libro nuevas, más ricas, más
profundas, más nuestras.
13. Impulsar la organización y movilización revolucionaria de los trabajadores
de la producción editorial y suprimir toda división entre el trabajo manual y el
intelectual.
Andan en Latinoamérica algunos "locos" con la idea de una "TVlecturas: libros a
toda hora"
¿Por qué no sorprende?
Si alguien nos manda callar... producimos proyectos. Ya hay muchas cabezas
desvencijadas por el pesimismo diciendo que "eso es imposible", que eso "no es
negocio", que con sueños no se hace la revolución... que de nada sirve tener
proyectos porque nadie apoyará... y sin embargo la pura posibilidad de
intentarlo ya tiene méritos inmensos en un mundo donde el mejor negocio es la
destrucción, el crimen, el saqueo y la miseria. Por cierto hay muchos libros que
estudian, denuncian y combaten al capitalismo y nos urge que se hagan visibles y
legibles.
Hace falta una Televisora de los Libros militante de la libertad e investigadora
fantástica de la inteligencia. Rebelde y práctica, que habrá de valerse de
cuantos medios tenga al alcance para movilizar todas las voluntades hacia el
triunfo final de la humanidad en contra de todas las opresiones de su
conciencia. Seguramente lo que no avance con la revolución terminará disecado en
alguna vitrina de la historia, acaso como testimonio de lo que hubo de morir
para que naciera lo nuevo. Soñemos una Televisora transformadora que expanda e
inaugure visiones y conciencia sobre los libros sin propiedad privada.
Soñemos una Televisora de los Libros armada también con poesía para liberar a la
humanidad de todo aquello que la aprisiona en los límites de sus necesidades más
elementales. Televisora contraria a la estupidez y la gratuidad. Televisora con
las imágenes más bellas de la Revolución (no las de una secta, no las de una
imposición dogmática, no las de una burocracia) Televisión de los libros y para
los libros contra el culto de la vanidad, contra toda prostitución o cursilería
negociables. Televisora de los libros contra la palabrería y los retruécanos de
caballeros o niñas snobs, burócratas o sectarios, se llamen como se llamen,
publiquen lo que publiquen, se premien como se premien.
Hace falta una televisora de los libros que no se agote en los libros, que los
inserte en la lucha y les inserte la lucha, Televisora para abrir no para
cerrar. Televisora para salir a movilizarse no para encerrare a "ilustrarse"...
Televisora de los libros para la revolución y viceversa... necesaria,
arma-herramienta de lucha capaz de iluminar con sus fulgores formas nuevas con
luz de pantallas y turbulencia que agite ideas, corazones y espasmos. Televisión
organizadora y movilizadora, belleza convulsiva, magnética, sobre el terreno de
los hechos.
Es necesario sembrar la Televisión revolucionaria por todas partes, impulsar
programaciones nuevas hasta que el espíritu alcance la certeza absoluta de la
necesidad de apropiarnos las herramientas de comunicación a toda cosa. Eso
incluye a los libros y a las televisoras y eso pondrá en marcha la unidad, no
uniforme, de todas las categorías comunicacionales para cambiar al mundo.
Televisora de los libros conciente de que no serán los libros quienes hagan la
revolución, serán los obreros y los campesinos organizados bajo un programa en
el que no estará ausente un buen arsenal de libros llamados a sumarse a la
lucha, bajo crítica y autocrítica permanente. Televisora acompañante y
protagonista a su vez. Contra la censura nuestras armas no son distintas a las
armas comunes en función revolucionaria. Es decir, el arma no es una
representación simbólica de lo que la lucha y el mundo son, sino herramienta de
destrucción-construcción bajo la brújula de un programa revolucionario. Tatuado
en las armas y en los libros.
A los libros que son una de las conquistas de la humanidad, ha ocurrido el
saqueo, la malversación, el robo y la censura. Muchos de los mejores logros
humanos viven secuestrados bajo el imperio de comerciantes que hacen pasar por
triunfo moral su habilidad impune para beneficiarse con lo que es propiedad
colectiva: los libros por ejemplo. Pero no soñemos con libros plenos y libres en
una sociedad enferma. Una Televisora de los libros debe pensar el trabajo de
expresarse libremente, dialéctica y colectivamente, armada para defenderse.
Una televisora de los libros tiene desafíos enormes que sin un programa político
socialista y acceso irrestricto a las herramientas de producción y la
construcción de espacios, (medios y modos para la exhibición libre de la
producción bibliográfica), será nada. Cada uno es libre de decir y escribir lo
que le agrade, afirmaba Lenin en 1905, la libertad de prensa y de palabra debe
ser completa.
Tomemos el derecho de llevar adelante, tanto en literatura como en arte, en
ciencia, en educación, en agricultura y en carpintería... la investigación de
nuevos medios de expresión, como derecho de la humanidad de continuar
profundizando el problema de la libertad. Opongámonos a cualquier tentativa de
limitación del campo de observación y de acción que la humanidad aspire a crear
para atender sus necesidades cambiantes. Una Televisora de los libros es no sólo
posible, ¡es necesaria! . Hay miles de voluntades en marcha que lo probarán en
la práctica. ¿Te sumas?
Y si hubiera dudas, cosa de escribir a Marialcira Matute TVlecturas@gmail.com
Dr. Fernando Buen Abad Domínguez
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Cortesía de Fernando Buen Abad Domínguez
Publicado Wednesday 13 de August de 2008
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