RSS /
/

Sólo el desarrollo de la conciencia moral espiritual, trascendente, pero
liberada de materialismo, clericalismo, ritos, dogmas y ceremonias que atan a
los poderes políticos o a las castas sacerdotales, siempre aliadas y formando
parte de la castas del poder, puede impedir al capitalismo seguir cantando su
canción de muerte y expolio mundial.
No nos engañemos: los idearios sociales no bastan para producir cambios
duraderos en la conciencia colectiva. Esa es la dura lección de las llamadas
revoluciones clásicas. Los cambios en la conciencia colectiva sólo son posibles
cuando la conciencia de las personas asume individualmente su condición
espiritual y mira al otro como a un hijo de Dios y a un hermano. Esta es la
revolución que nunca se hizo: la revolución espiritual que Cristo vino a
anunciar a este mundo.
No es necesario leer grandes tratados teóricos: basta con los Diez Mandamientos
y el Sermón de la Montaña que los complementa para conocer la propuesta más
revolucionaria de la Historia. Difícilmente se encontrará oposición razonable en
cualquier filosofía religiosa a esos principios universales que forman la base
de la conciencia libre.
El capitalismo anda buscando una religión mundial para consumo colectivo pero
las tres grandes religiones tradicionales no parecen serle de gran utilidad. Las
llamadas "cristianas", la católica especialmente, pierden fieles; la islámica
produce fanatismo como efecto secundario a la política del binomio
judío-anglosajón y problemas de inserción social y laboral en las democracias
formales, mientras que el hinduismo no es apropiado para el pensamiento y la
tradición occidental.
Queda el budismo, que aún teniendo elementos aprovechables por el Sistema., como
la presencia de la jerarquía de la conciencia y la sumisión al líder, resulta
difícil de aceptar porque predica la reencarnación, la generosidad y la
compasión. Y esa filosofía da mucha libertad a las conciencias y una perspectiva
mucho más amplia para el entendimiento de la realidad física y metafísica. Por
tanto, no es útil.
Si hiciésemos una encuesta a las poblaciones del mundo, ¿cuántos de sus
habitantes no estaría a favor de la paz, de trabajos dignos y justamente
retribuidos, de la distribución social de la riqueza, de una vejez atendida, de
la libertad de conciencia y pensamiento, de poseer un buen nivel cultural, una
vivienda confortable, unos eficientes servicios médicos, una correcta educación
para sus hijos?...
En cualquier siglo, la humanidad respondería igualmente que sí a todo eso que se
suponen hitos de bienestar y civilización. Es preciso estar a favor del
bienestar, de llevar una vida digna del ser trascendente que somos. Pero para
todos, sin exclusiones. Es preciso superar la codicia y el egocentrismo; es
preciso erradicar la envidia y los deseos de poder. Pero eso precisa una
revolución espiritual.
Y aquí viene la pregunta:
¿Qué sucede a la humanidad para que en tantos siglos de existencia haya sido
incapaz de dotarse de las herramientas necesarias para conseguir esos propósitos
básicos? ¿Qué clase de obstáculos se han presentado a lo largo del tiempo para
que en tantos siglos de evolución no sólo no hayamos alcanzado aquellas metas
que por nuestros conocimientos y desarrollo tecnológico cabría esperar, sino
que, muy al contrario, estemos retrocediendo en todos los terrenos a tales
niveles que ya estamos poniendo en peligro nuestra propia existencia como
especie en un Planeta al que esquilmamos a nuestro antojo según las
posibilidades que cada uno tiene?
Cuando observamos la historia del género humano, observamos que solamente
durante los últimos siglos se ha ido produciendo una continua desacralización de
la vida y la substitución por un endiosamiento de la razón como rectora del
comportamiento. En términos simples: La humanidad se ha ido "vaciando" de Dios y
"llenándose" de materialismo, racionalismo y tecnología creyendo encontrar en
ellos los elementos salvadores del dogmatismo oscurantista de la iglesia romana,
enemiga de la razón y del progreso, vacía de Dios y pagana desde Constantino, en
una escalada progresiva de corrupción, persecuciones internas a los verdaderos
cristianos, entronización del máximo dirigente, el llamado Papa título
equivalente al máximo representante del culto imperial (Pontífice Máximo.)
Las residencias lujosas , la vida disipada, las crueldades practicadas en
privado por papas y obispos, las diversas formas de enriquecerse los mandatarios
abusando de la ignorancia de las gentes y de su posición privilegiada, el
cultivo y divulgación de supersticiones, las guerras de conquista, los
tribunales inquisitoriales, las cárceles, las torturas y las penas de muerte
decretadas contra toda clase de gentes de pensamientos libre a lo largo de la
Historia pusieron en duda las enseñanzas de esa criatura monstruosa disfrazada
de religión....
Eso incitó a científicos, pensadores y místicos a la rebelión, y cada uno a su
manera inició su propio camino de salida del laberinto oscurantista. Esta
diáspora hubiese dado buenos frutos si cada uno de ellos por separado hubiese
sido capaz de converger hacia la unidad espiritual desde el cumplimiento de las
leyes divinas, pero lejos de eso, se convirtieron en los más encarnizados
propagandistas del ateísmo o del agnosticismo, creyendo de buena fue muchos de
ellos que así marcaban hitos en un proceso de liberación colectiva dirigido por
la razón sin Dios. Y con su prestigio arrastraron a millones. Entonces
coincidieron con la iglesia de la que abominaban en un punto: no entraban por la
puerta de la verdad ni dejaban entrar a otros, encandilados por su supuesta
superioridad y sabiduría.
Excepto los místicos, la mayoría de los hombres de ciencia, literatos, filósofos
y artistas fueron asumiendo la creencia de que sólo existía la materia y una
vida material donde la razón debía ser el principio rector de la civilización,
por encima de cualquier pensamiento místico o religioso, e incluso por encima de
los sentimientos. Esto arrojó sobre la humanidad enormes cantidades de ideas
falsamente liberadoras, entre ellas la de que era posible cambiar el mundo desde
las vanguardias, especialmente desde las vanguardias políticas. A ellas, se
pensaba, era posible ir uniendo las demás.
Estas ideas han prevalecido durante los dos últimos siglos en Occidente, y sus
resultados están a la vista. No importa qué nombre se den: comunismo,
socialismo, neoliberalismo, capitalismo clásico, basta con mirar a nuestro mundo
para observar en todos los países de esta Tierra el enorme fracaso de la razón,
tragada por el egoísmo de uno pocos grupos o unas cuantas clases sociales
privilegiadas que, contra todo principio racional están contribuyendo a la
destrucción de nuestro mundo, y, por supuesto, a la suya propia.
Es más evidente que nunca que esta situación no puede ser corregida por quienes
la crean y que sólo una toma de conciencia espiritual, persona a persona, nos
puede ayudar a cambiar la dirección de nuestras vidas y el rumbo de este barco
averiado llamado Tierra,pues sólo el amor libera del odio, el revanchismo, el
egocentrismo,la codidia, la envidia y tantas otras lacras que nos hacen tan
dificil la evolución.
Originario Ashima
navarrovalero.patrocinio@yahoo.es
Comparte y promueve este artículo en Internet con
Cortesía de Originario AshimaNube de Tags
horoscopo juegos gratis musica noticias monografias casino tarot directorio de blogs tests interpretación de sueños conocer gente peliculas online empleos poker angeles consultorio sexual becas diarios de viajes animes clasificados chistes fotolog videos online monografias agrega tu link aqui