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“Tan pobre me estoy quedando
que ya ni siquiera estoy
conmigo, ni sé si voy
conmigo a solas viajando.”
Antonio Machado.
SON MUCHOS LOS JÓVENES SIN POSIBILIDAD DE OCUPAR UN EMPLEO ESTABLE
Uno de los cambios más importantes operados por la “nueva” dinámica
socioeconómica, es el que hace referencia a los altos niveles de paro y a las
nuevas formas de empleo. Estos factores son para la Unión Europea la razón
principal para la exclusión y marginación social y el factor más importante que
explica la aparición de “nuevas formas de pobreza”.
Los parados constituyen una proporción mucho mayor de pobres y de personas
dependientes de la asistencia social que antes. Sin embargo no ha sido sólo a
través del paro como los cambios del mercado laboral han transformado el mapa de
la pobreza. De hecho, la dinámica socioeconómica ha ido unida a una segmentación
y “dualización” del mercado laboral; lo que ha provocado la precarización del
empleo en una creciente proporción. Por último, el número de personas empleadas
que son pobres o dependen de la asistencia social ha aumentado.
Así pues la relación de los cambios en el mercado laboral con el empobrecimiento
no se da a través de un proceso unilineal sino complejo. Complejo por la
diversidad de los cambios, y complejo porque se manifiesta a través de diversas
trayectorias que además se interconexionan entre sí de muy diversas formas.
El desempleo vehicula la pobreza en tanto no se trata de la pérdida de trabajo,
sino también se trata de endeudamiento, desmoralización y dependencia.
Cuanto más se aleja la última experiencia laboral, o más tarda a incorporarse a
la primera, más se incrementa la dificultad para encontrar una colocación. A
medida que se prolonga la situación de paro se va desdibujando la frontera entre
la intención de trabajar y la de engrosar la población inactiva por efecto del
desánimo. Lo que supone, no sólo la pérdida de recursos humanos y del potencial
de crecimiento colectivo, sino también una evidente frustración personal y un
claro problema de rentas adecuadas, que suele mitigarse a través de medidas
asistenciales o de protección en una dependencia enojosa en la mayoría de los
casos.
Los empleos precarios, junto con otros grupos de personas, en su mayoría
jóvenes, que están inscritos en procesos de inserción, de formación en
alternancia, de aprendizaje, así como otros grupos que se benefician de diversas
formas de ingresos e incluso sin ayuda alguna, han sufrido una fuerte ampliación
en estos últimos años.
Generalmente son las mismas personas y particularmente jóvenes quienes, al no
tener posibilidad de lograr un empleo estable, circulan entre el mercado de
trabajo clásico, al atípico, y luego hacia lo que podría llamarse un tercer
mercado: el del desempleo más o menos indemnizado; y por último, un cuarto
mercado: el del trabajo clandestino.
La redistribución de las formas de empleo está acompañada de cambios en
determinados referentes sociales cuya evolución puede describirse en términos de
retroceso. En particular, la referencia al contrato de duración indeterminada
está puesta en entredicho por la importancia del desarrollo de los contratos
temporales. La puesta en tela de juicio de esta referencia se acompaña de un
debilitamiento de los sistemas de protección y de seguridad social.
El elevado nivel de empleo precario es, por supuesto, un factor eminentemente
negativo desde el punto de vista social. La tasa de empleo precario en España
casi triplica la tasa media registrada en la Unión Europea.
Lo decisivo no va a ser trazar una forma de separación y contraste entre el
desempleado y el que no lo es. Sino que lo decisivo van a ser las
características del propio empleo y de la protección social al desempleo, además
del proceso de rotación entre el desempleo y el empleo precario que es una de
las características que marca la “nueva” pobreza. Destacando los denominados
“niños de la crisis”, es decir, jóvenes que “navegan” de medida de inserción en
medida de inserción y no tienen posibilidad de ocupar un empleo estable. Y como
dijo el poeta: “¡Qué poco me va quedando / de lo poco que tenía! / Todo se me va
acabando / menos la melancolía”.
Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
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