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¿QUÉ NOS OCURRE CUANDO MORIMOS?
Por Originario Ashima
Aunque todos tenemos que dejar el cuerpo antes o después, este es un tema del
que casi nadie quiere hablar, excepto, claro está, las compañías de seguros,
agencias funerarias, constructores de ataúdes y cementerios, enterradores... Sin
embargo, a todos nos preocupa, como es lo natural, y por eso eludimos hablar de
este asunto aunque en el fondo de nuestros corazones lo consideremos muy
importante. Y si surge, nos damos cuenta de que nadie nos dice nada claro sobre
esto. Todo son especulaciones, falsedades y generalidades. Las enseñanzas de las
iglesias por su parte nos mantienen en la ignorancia, y ya veremos por qué.
Pero siendo este un asunto con el que hemos de enfrentarnos debemos saber qué
nos va a pasar y qué nos ocultan las iglesias sobre lo que dijo verdaderamente
Cristo. Y es que lo que dijo no aparece en ninguno de los textos elegidos por
los eclesiásticos .Estos fueron cuidadosamente mutilados o desechados para
evitar a la Iglesia católica demasiadas contradicciones entre la doctrina y la
vida que practican sus anticristianas jerarquías desde hace cerca de dos mil
años, lo que ya es persistir.
¿QUÉ DICE EL CRISTIANISMO SOBRE LA MUERTE?
¿A dónde va el alma tras dejar el cuerpo? ¿Qué dijo Jesús a sus primeros
discípulos y se siguió diciendo hasta que la jerarquía Católica intervino y
ocultó o ignoró aquellas enseñanzas hasta el día de hoy? Estas son preguntas
cuyas respuestas poco tienen que ver con las de las iglesias que llevan el
nombre de "cristianas".
Y estas son respuestas que necesitamos conocer:
-Lo que llamamos "muerte" no es más que el abandono del alma de un cuerpo físico
que fue su vehículo terrestre, pero que ya no puede sostenerla para su propósito
evolutivo. Sólo ese dejar el cuerpo e irnos.
Cada noche,- y esa es la razón por la que dormimos,- el alma se separa
igualmente del cuerpo y se dirige a los ámbitos correspondientes a su propia
vibración energética a tomar energía para el día siguiente. Por eso el no dormir
durante algunos días debilita el organismo hasta causarle la muerte, por más que
nos alimentemos o más vitaminas o recetas de farmacia que tomemos. De modo que
cada noche se da un ensayo de la muerte, una pequeña muerte.
¿Y por qué podemos despertar todos los días y una sola vez en nuestra existencia
ya no?
El cuerpo físico está unido al alma (envuelta a su vez por un cuerpo de materia
intermedia más sutil que la corporal: el cuerpo llamado astral). Ambos cuerpos,
físico y el alma con sus envolturas astrales se hallan unidos mediante un hilo
energético llamado "cordón de plata".Ese hilo es de una longitud infinita, por
ser energía no condensada. Surge de la zona de nuestro ombligo y es el que -como
sucede con el viaje espacial del astronauta- nos mantiene unidos a la "nave
nodriza": el cuerpo físico.
Cada día hacemos nuestro particular viaje espacial a los ámbitos del Más Allá,
que reciben este nombre precisamente por hallarse "más allá" del cosmos
material. Pero el día que "toca morir", ese cordón es cortado, y ya no podemos
regresar más a la "nave nodriza" y el corazón se para. Es entonces cuando el
médico certifica la defunción.
Y ahí estamos, si somos el muerto, tal vez desconcertados porque la gente llora
a nuestro alrededor, tal vez preocupados porque no nos escuchan, pero nosotros
sí podemos escuchar porque somos energía consciente y sintiente tengamos o no
cuerpo físico. Quien haya visto la película "Ghost", y otras de ese estilo como
"El sexto sentido", o "No te mueras sin decirme a dónde vas", hará una idea muy
aproximada de lo que aquí se dice.
El ahora difunto sufre si lloran sus seres más queridos con los que ahora no
tiene comunicación verbal ni contacto físico, y aunque algunos sensitivos pueden
verlo y comunicarse telepáticamente con él, para los demás parece haberse hecho
invisible, mientras sus intentos de intentar penetrar en su cuerpo han sido
definitivamente en vano....Y durante un tiempo puede merodear alrededor de su
mortaja, sin terminar de comprender algo que acabará por admitir antes o
después: que está muerto, pero que en realidad no está muerto, sino vivo, pues
sigue sintiendo y pensando, igual que sucede cuando se sueña. Está vivo, pero no
puede penetrar en ese cuerpo que todavía reconoce como propio.
Entre tanto, y durante las primeras 72 horas, el alma, que es ahora la que
dirige el proceso, se va desprendiendo de todas sus conexiones energéticas y
materiales con el cuerpo físico; el sistema nervioso va dejando de funcionar y
el cuerpo material va perdiendo la sensibilidad progresivamente mientras
comienza su lento deterioro al ser abandonado por la vida. (Cuidado ahí con el
tema de las donaciones de órganos: el difunto sufre las amputaciones, aunque no
pueda manifestarlo. Igual puede decirse de las cremaciones: el difunto sufre el
dolor de las quemaduras. Es por esto tal vez que en el País Vasco existe la
costumbre ancestral de dejar al muerto durante tres días en una habitación del
cementerio antes de proceder a enterrar el cuerpo).
Los difuntos que han estado muy apegados a este mundo, tardan más tiempo en
comprender que han muerto, a pesar de que reciben indicaciones de seres
instructores, y aunque el cuerpo físico ya no les acompaña, visitan sus lugares
habituales de existencia terrenal con su revestimiento astral e intentan vivir
como siempre lo han hecho (son los fantasmas) hasta que se dan cuenta de que
están en otra dimensión de la existencia.¿Dónde? en una estación intermedia,
llamado "reino de las almas" un sitio de paso en donde recibirán en su momento
las indicaciones necesarias para dirigirse a su siguiente destino. En esta
estación intermedia, el alma se va liberando y abandonando todos los programas
básicos personales que formaron parte de su vida material: su profesión, sus
hábitos culinarios, sus rutinas diarias, su identidad social, etc. pero sigue
teniendo conciencia de sí y de sus emociones y sensaciones.
Desde la estación intermedia sentirá en un momento determinado la necesidad de
dirigirse a un planeta espiritual, (veremos enseguida por qué) y pasará a uno de
los cuatro ámbitos de purificación a los que pertenece ese planeta. ¿Y qué son
los ámbitos de purificación? Planetas de sustancia sutil, energética, como lo es
el alma, y por los que esta se siente atraída. Se siente atraída por alguno en
particular porque durante su vida ha pensado, sentido, actuado, hablado, es
decir: ha estado emitiendo energía..
La energía que emitimos cada uno tiene determinadas cualidades y entra en
contacto con planetas de energía situados más allá del cosmos material que se
encuentran en esa frecuencia vibratoria, pues ninguna energía se pierde. Nuestro
primer destino después de la estación intermedia es, pues, el planeta donde
hemos enviado nuestras energías predominantes. Nos sentimos llamados por él y de
un modo natural ingresamos en su área de influencia. Este planeta no es el
cielo. Mientras nuestras almas estén cargadas de defectos no purificados, o
pecados no reconocidos o no expiados, no podemos aspirar a tan altas moradas.
(Pecados: pensamientos, sentimientos y actos contrarios a los Diez mandamientos
y al Sermón de la Montaña).
Existen 7 cielos, correspondientes a los siete chakras o centros de conciencia
existentes a lo largo de nuestra columna vertebral; vórtices por los que
recibimos y enviamos la energía correspondiente a lo largo de nuestra vida. Y
aunque el Todo está en todo y no hay nada separado de nada, en cada planeta
espiritual y en cada lugar del universo, predomina un tipo de energía u otro.
Así en cada planeta de purificación predomina una virtud, e igualmente sucede en
cada uno de los siete cielos.
El alma cargada, una vez llegada a su nueva morada,- uno de los planetas de
purificación del orden, la voluntad, la sabiduría o la seriedad,- inicia una
nueva andadura. Aquí sigue teniendo vivencias, relaciones, escuelas, ayudas para
expiar lo pendiente y para seguir aprendiendo. De ahí es posible regresar y
encarnar de nuevo con un cuerpo físico,( la llamada reencarnación), regresar
para poder eliminar las cargas del alma en mucho menos tiempo del que es
necesario en los planetas de purificación, donde cada uno sufre todo cuanto daño
ha producido mientras estuvo en la Tierra. Y es aquí, de nuevo en la Tierra,
donde tiene nuevas oportunidades en menos tiempo de limpiar sus cargas,
compensar los daños y poder pasar luego a planetas más elevados o a uno de los
cielos donde es posible ver a Dios directamente, como el hijo pródigo de la
parábola volvió a la casa de su padre.
Esta parábola es fundamental para comprender la idea de que Dios no castiga
nunca a sus hijos, pues es todo amor y misericordia a pesar de nuestras
miserias. Así que no existe el llamado Infierno, que es otro más de los miedos
de quita y pon que las iglesias inventan para atrapar incautos. Somos nosotros
mismos quienes nos damos cuenta de que con nuestras cargas no podemos aspirar a
un sitio distinto al que nos encontramos , pues nuestra conciencia no nos engaña
-como nos hace el intelecto del ego en la Tierra- y acepta con toda naturalidad
estar donde está en cada momento.
La iglesia católica, mientras tanto, niega la posibilidad de volver del Más Allá
(lo que llamamos reencarnación), y niega todas estas enseñanzas sobre la muerte
y el Más Allá, mucho más informadas, detalladas, lógicas, normales y
comprensibles que lo que afirma el Vaticano, que es vacío de contenido y
"misterioso". (Pero señores curas: ¿qué interés podría tener Dios de que no se
conociera la verdad en este asunto que tanto nos concierne? Si Cristo la enseñó,
¿por qué las iglesias la niegan?...? ¿O es que Cristo enseñaba cosas contrarias
a las de Dios?...Señores curas de todas las categorías: ustedes van errados,
pero lo peor es que mantienen ciegos a quienes les siguen.
Las iglesias mal llamada "cristianas" viven de la ignorancia y la mentira, de
inventar un dios que no existe y de contar cuentos sobre la muerte para hacer
creer que ellas son intermediarias entre Dios y los hombres, desde su pequeño
dios (con minúsculas) o que perdonan los pecados del difunto, desde su gran
autoimportancia y su fe en la jerarquía.
Creen en su ignorancia o en su buena fe - que hay quienes la tienen- que las
almas de los difuntos se van a aprovechar de esas salmodias mortecinas del
ritual con que los clérigos despiden los cuerpos o del agua con que rocían el
féretro. Todo ello pagado, claro está. ¿Cuántos sacerdotes creerán en esas
fantasías? Una cosa es segura: al difunto no lo engañan.
NOTA ACLARATORIA:
Estas son parte de las enseñanzas cristianas originarias recuperadas y
difundidas en la actualidad por http://.www.Vida-Universal.org página que cito a
menudo.
Lo expuesto es lo que he entendido de las enseñanzas que cito. Más detalles
pueden buscar en la página mencionada.
Como complemento les recomiendo la lectura de un buen trabajo sobre la ayuda a
los que mueren, recientemente aparecido en las páginas de esta revista con el
título.
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Cortesía de Originario Ashima
Publicado Wednesday 30 de July de 2008
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