Después de pasear por Chelva y su ruta del agua (68 km. al noroeste de Valencia)
nos dirigimos al acueducto romano de Peña Cortada, situado entre los términos
municipales de Chelva y de Calles, localidades que se lo disputan
históricamente.
El conjunto está declarado Bien de Interés Cultural. Se trata de un acueducto
romano de época imperial (II d.C.) que discurría desde El Azud de Tuéjar hasta
probablemente Chulilla o Villar. Se sigue estudiando su trazado, que actualmente
todavía está en gran parte en funcionamiento. Nos rodea un paisaje rasgado por
diversos barrancos sobre alguno de los cuales se hicieron grandes pasos
sobreelevados.
Entre los varios tramos, discontinuos, que todavía se conservan de esta gran
obra de ingeniería hidráulica, destaca un gran puente que salva el barranco de
la cueva del Gato, con dos gruesos pilares de 27 metros de altura y dos enorme
muros apoyados en los flancos del barranco, sobre los que se apoyan tres arcos
de medio punto por encima de los que discurre el canal. No apto para aquellos
que padezcan vértigo.
La Peña Cortada es un gran tajo excavado en la roca que da acceso a una zona de
túneles muy interesante y curiosa. Mide 22 metros de altura por 26 de longitud y
fue abierto por los romanos para dar paso al canal que conducía las aguas,
posiblemente, desde Chelva hacia la actual Llíria.
Aunque se puede llegar al acueducto a través de dos recorridos, recomiendo el
señalizado como de "dificultad media-alta", que es el que nos llevará desde una
senda pedregosa y no excesivamente inclinada por Peña Cortada y los túneles tras
pasar el acueducto. Esta ruta realmente no presenta problemas excepto si, como
he dicho, tenéis vértigo. El camino alternativo os conducirá a los pies del
acueducto, y no sentiréis la inmensidad de la peña cortada a vuestros costados.
Para la construcción del canal tuvieron que ser excavados a pico en la roca un
total de 11 túneles, que suman unos 300 metros de longitud, con una altura media
de 1,80 metros y una anchura de unos 80 cm. De tramo en tramo se abren
ventanales en las paredes de roca que muestran una panorámica de pinos y
carrascas que salpican las montañas de una melancólica policromía otoñal.
Escrito por Eva Paris