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MAX JACOB (1876-1944)
Por Francisco Arias Solis
“¡Ay, no quedan esperanzas!
Mi alma está triste.
Ni padre, ni madre,
ni hermano, ni amigo.
Mi miseria impertinente.
Ah, si no obstante se supiera
cuán tierno y contrito
me ha hecho la desventura.”
Max Jacob.
LA VOZ DEL ARTISTA CUBISTA
El cubismo fue la cuna de Guillaume Apollinaire, Max Jacob, Cendrars, Cocteau,
Reverdy, Salmon y otros poetas franceses que, tras iniciarse en el cubismo,
dieron lugar a nuevos movimientos, como Paul Eluard, Aragón y André Bretón, sólo
por citar algunos de los más conocidos y también para poner de manifiesto el
origen eminentemente lírico de todos los nuevos movimientos literarios que tanto
proliferaron en el pasado siglo.
Max Jacob nació en Quimper, Bretaña, el 12 de julio de 1876. Deja sus estudios
para seguir a los cubistas que se instalaron en Montmartre, Parìs. Distinguido
entre los representantes más característicos de la entonces novísima escuela
literaria, ejerció variadas y extrañas profesiones y cultivó la poesía, la
novela, el teatro y la pintura. El artista cubista Max Jacob hubo de vivir una
negra bohemia, vendiendo acuarelas y dibujos realizados por él, hasta que se
convirtió al catolicismo en 1915 (su padrino fue Picasso), tras abjurar de sus
orígenes judíos, y vivió como lego en el monasterio de Saint-Benoit sur Loire.
Max Jacob hizo diversas incursiones en el neoimpresionismo en la pintura, y el
surrealismo y el dadaísmo en la literatura. En febrero de 1944, apresado por los
nazis en Saint-Benoit, fue deportado al Campo de concentración de Drancy, donde
murió el 5 de marzo de 1944.
La poesía de Max Jacob se caracteriza, dentro del orden cubista, por la
regularidad de su verso y el virtuosismo de su rima, animada siempre por el
humor del que hace gala a través de su obra, en duro contraste con sus
circunstancias personales. Su producción alcanza cuarenta volúmenes en los que
se observa una singular y estética amalgama de realismo y fantasía, fervor
religioso y satanismo.
Citamos entre sus obras: San Martorel (1911), que constituye su primera gran
aportación literaria en el campo de la novela mística, El sitio de Jerusalén
(1914), su obra más importante, que coincide con su conversión al catolicismo,
El cubilete de los dados (1917), poemas en prosa, su obra más conocida,
precursora del surrealismo, La defensa de Tartufo (1919), escrita tras su
conversión, no varía en nada el sentido de su humor optimista, y la subtitula:
Éxtasis, remordimientos, visiones, plegarias y meditaciones de un judío
converso, en la que expone sus ideas filosóficas y religiosas, El laboratorio
central (1920), libro de poemas. Max Jacob da a sus personajes-marionetas de
origen burgués un relieve extraordinario.
En este aspecto sobresale L’homme de chair et L’homme reflet en el que compone
un gran fresco social del ambiente inmediato a la primera gran posguerra. El
humorismo de Max Jacob se parangonó, en literatura, al de Chaplin,
particularmente en lo que respecta a su poesía y novelas de prosa lírica. Y como
dijo el artista cubista: “Si soy demasiado pesado para ir hacia Dios, camilleros
cárguenme, y si no tienen camilla fabriquen una con mis sufrimientos
entrelazados”.
Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
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Cortesía de Francisco Arias Solis
Publicado Monday 7 de July de 2008
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