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Se habla siempre aquí de la religión "cristiana" con comillas porque ha sido
y así sigue, la capa con que se ha cubierto Occidente ante el mundo para
justificar sus fechorías históricas y sus numerosos crímenes hasta nuestros
días, en que el presidente de los EEUU dice cumplir una misión encargada por el
mismo Dios (sin que ninguna iglesia le desmienta) mientras manda bombardear
ciudades que duermen, sin que ninguna iglesia proteste ni organice
manifestaciones con obispos al frente.
El Papa habla del silencio de Dios, pero no se preocupa por el silencio de la
Iglesia ante los crímenes que cometen en el mundo esos sus amigos que van a
rendirle honores en sus audiencias selectivas. Todos guardan silencio sobre el
hambre y el dolor que provocan, el cambio climático y todo aquello de lo que son
cómplices.
El silencio de Dios no existe en la conciencia de las gentes de buena voluntad.
También la religión musulmana ha sido- y sigue siendo para los autócratas
multimillonarios del mundo árabe- la capa demoníaca oriental con que se cubren y
justifican ante sus súbditos cosas parecidas a las occidentales, en su propio
provecho y contra los intereses de sus pueblos siempre sojuzgados por los
colonialistas de Occidente y/o por ellos mismos, a veces separados o en alianza:
lo que más les convenga. Naturalmente, en este caso en nombre de las enseñanzas
de Mahoma desvirtuadas es muy posible lapidar a una mujer violada, o pegada
"reglamentariamente" por su marido, privada de voz y voto, obligada a carecer de
los derechos de los varones, etc.¿La mujer es un ser peligroso para el alma del
varón?
Pero no sólo ellas: también puede ser o condenado a muerte, según las leyes
coránicas más estrictas un musulmán varón que abraza otra fe religiosa, como
sucede en Afganistán. ¿La apostasía es un crimen que exige la muerte? La iglesia
católica así lo creyó durante el tiempo interminable de la Inquisión.Pero si
Dios es amor, según se reconoce por todos, ¿cómo se puede comprender la
crueldad, hija del fanatismo? ¿Cómo se puede comprender la discriminación por
razones de sexo, la intolerancia fanática del pensamiento, la pena de muerte?
Nada de eso tiene sentido si no es bajo regímenes fanáticos y demoníacos, da
igual que sean orientales que occidentales.
Una cosa es la religión a medida humana y otra es la justicia divina que se basa
en las leyes dadas un día por Dios a Moisés y aceptadas por los verdaderos
creyentes cristianos o musulmanes, igual que ambos aceptan a Cristo como Profeta
iluminado. Cristo es Amor, sin embargo. ¿Cómo entender esto?
En India ha sido también la religión una excelente excusa para mantener un
sistema social cerrado de castas y unas concepciones machistas que llevan hasta
el extremo salvaje de matar a niñas recién nacidas por el problema que pueda
suponer a los padres la futura dote o la falta de ingresos familiares debido a
las posibilidades más escasas de trabajo para ellas.
Las ciudades, los suburbios, y los campos de India están repletos de gentes
enfermas, hambrientas, muchas abandonadas a su suerte, pero las castas
continúan, los gastos en armamento son enormes, y la bomba atómica está
esperando su turno. Uno de los países más empobrecidos del mundo pertenece al
club atómico de los ricos. ¿De qué ha servido su religión milenaria? Si una
religión no cambia las conciencias no sirve para nada. Y de Ghandi no queda ni
rastro público. El pueblo indio, al igual que los cristianos con Cristo, ha
olvidado sus mensajes.
Sin embargo los místicos de todas las religiones, cualquiera que sea su nombre,
siempre practican la igualdad entre los seres, el amor, la paz, la humildad, y
en fin la lucha contra la codicia, la envidia, y todos esos defectos del ego que
impiden al alma alcanzar la unión con Dios, da igual qué nombre le dé cada uno
al Padre común. Ningún místico predica la violencia, ni la desigualdad, ni la
exclusión. Para todos ellos la ley Universal es la Ley del Amor. Y todos ellos
conocen las persecuciones dentro de su religión.
Lo que demuestra que una cosa es el pensamiento espiritual puro y otra el
"aparato religioso"que pervierte ese pensamiento a través de sistemas de poder
refinado ejercido por castas sacerdotales convertidas en auténticas inquisidoras
de los mejores para acomodarse a los poderes materialistas, a los ricos y
poderosos del mundo. Y para ello manipulan el pensamiento espiritual y someten a
sus seguidores a través del miedo al más allá, la ignorancia y la represión, la
mentira, y el ocultamiento de las verdades sagradas que conviene a sus
particulares intereses.
Nunca la riqueza petrolífera o de otro tipo, ha sido objeto exclusivo de la
codicia imperialista, sino también de los gobernantes de los países que poseen
recursos que venden al mejor postor extranjero. Los gobernantes de los países
ricos en recursos se aprovechan de ellos para construir inmensas fortunas y
suntuosas mansiones y redes de poder para sojuzgar a sus pueblos, por lo que
estos viven en la miseria.
Curiosamente, en esos países también juega la religión el papel social represor
y manipulador de la verdad que le corresponde, actuando como ese "opio del
pueblo" que denunciaba el pensamiento marxista en el siglo XIX para referirse a
las religiones institucionales. Naturalmente, los jefes políticos afirman ser
religiosos. Es una vieja tradición histórica desde los faraones el unificar
ambos poderes. En esto no hay diferencia entre un rey musulmán que se considere
el Primer Creyente y Representante Nato de su religión, y el Vaticano.
Catolicismo e islamismo son dos sistemas con los suficientes elementos en común
para comprender cómo algunas de las religiones institucionales pueden influir en
la sociedad y contribuir a desviar, someter o adormecer las conciencias y a
evitar el progreso real de los pueblos a todos los niveles. Es referencia
obligada hablar de esto, porque la Vía que se propugna en este trabajo es
precisamente la Vía de la conciencia, la necesidad de evolucionar desde la
conciencia individual unida a las leyes de Dios, y no a sus interpretaciones
construidas por mediadores religiosos y políticos, para que la sociedad mundial
pueda llegar a ser evolucionada y definitivamente libre y pacífica; pacífica y
convivencial y no egocéntrica, agresiva y competitiva. Así ha de ser el Reino de
Paz anunciado por Cristo.
Un creyente no espera que Dios en el mundo del Más Allá le pregunte sobre qué
dogmas, qué ritos o qué ceremonias practicó, o se interese por el nombre de su
religión. Los carnés religiosos estimo que no sirven a Nuestro Señor.
El creyente (o la creyente) espera que Dios, en su conciencia, le haga
consciente sobre si cumplió o no con el mandamiento sagrado del Amor, con la
amplitud que tal mandamiento tiene: tolerancia, respeto, igualdad, unidad,
consideración, justicia, hermandad, cooperación, libertad. Y con esta
perspectiva resultan ser poderes mucho más difíciles de erradicar aquellos que
intentan manipular conciencias que aquellos que manipulan la economía o la
política estrictamente.
Puede resultar más peligrosa para el pueblo una asociación
político-religiosa-cultural que controle ciertos medios de comunicación y tenga
capacidad de arrastrar a masas ignorantes y engañadas, que un diputado radical
conservador que gesticule en el Parlamento. Este puede (si es que hay un mínimo
de democracia) ser expulsado por los votantes. Mas el conjunto de poderes que
forman el sistema nos puede hipotecar el alma, que dura muchísimo más, hasta que
descubramos su juego. Por eso tienden hacia el pensamiento único hacia un poder
mundial, hacia un gobierno y una religión mundial amparado en una cultura
homologada que borre el hecho cultural diferencial de cada región del Planeta.
Naturalmente, no faltan voces disconformes que claman contra los poderes
políticos, religiosos, y sus diversos géneros de pensamiento. Entre ellas se
encuentran los intelectuales, a los que no puedo dejar de referirme por la
inmensa resonancia que tienen algunos y por la enorme deuda que contraen con los
lectores a los que influyen negativamente en el proceso de construcción de su
pensamiento conduciéndolos a alejarse de la Verdad, que es sustituida en muchas
ocasiones por pseudo-verdades, brillantes disertaciones carentes de contenido
real, hábiles juegos de ideas para resaltar finalmente la originalidad del
autor, que vende un producto en el mercado, y ha de diferenciarse lo suficiente
de los demás, ser particularmente atractivo para ser comprado, premiado o
reconocido su trabajo o su persona. Son los nuevos sofistas que tanto criticaba
Sócrates.
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