RSS /
/
El miedo
Por Joan Montané
¿Qué es lo que nos hace avanzar? ¿Qué nos hace felices? O planteándolo desde
otro ángulo ¿cuál es el obstáculo que nos impide alcanzar nuestros sueños? ¿Por
qué no somos tan felices como quisiéramos?
Seguro que todos nos habremos planteado esas cuestiones filosóficas en alguna
ocasión, y probablemente también poseamos nuestra particular respuesta a cada
una de ellas. Es posible. Incluso creo firmemente que debería ser así, sin
embargo lo más habitual es que lo único que tengamos sea nuestra particular
manera de ignorar esas cuestiones. Es más fácil, sin duda.
Cuando se presenta en nuestra vida una disyuntiva que nos obliga a elegir, casi
siempre solemos decantarnos por la opción más cómoda, por la menos comprometida,
por la que requiere menos implicación y esfuerzo. Diría que se trata de una
tendencia natural o instintiva y queremos creer que es lo mejor para nosotros,
aunque muchas veces no sea así en absoluto. La experiencia suele demostrarnos
que las elecciones más convenientes y adecuadas son las primeras que nos vienen
a la mente, las mismas que acostumbramos a descartar automáticamente. Pero
claro, su efectividad tiene como contrapartida el hecho de ser trabajosas e
incómodas, así que mejor un atajo que nos conducirá a la misma meta. ¿O no?
Aunque no seamos demasiado conscientes de ello, muchos de nosotros tenemos una
cierta propensión a negarnos las mejores posibilidades y a boicotear nuestros
sueños, proyectos o incluso pensamientos. Son diversos los factores que pueden
determinar en que grado ocurre tal cosa y sería demasiado extenso como para
tratarlo aquí.
Nuestras propias circunstancias son el obstáculo que determina en que medida
somos capaces de distinguir con claridad cual es la mejor opción. Sin embargo,
sea cual sea el motivo por el que creemos dejar de hacer lo que corresponde a
cada situación, se esconde una realidad que siempre eludimos: el miedo; la
verdadera clave de nuestra conducta. Así es; el miedo es el instrumento que
descarrila nuestras intenciones y el que nos hace errar a la hora de escoger la
elección correcta. Y no sólo está el mal uso que hacemos de él; también es el
instrumento que emplean los demás hacia nosotros, lo cual ocurre desde todas las
instancias.
Yo he visto el miedo en un asunto que conozco demasiado bien: los abusos
sexuales en la infancia. Ese miedo que nos paralizó en la infancia y que se
deslizó hasta etapa adulta para extenderse y controlar nuestra existencia. Puede
parecer que me decanto por un ejemplo un tanto extremo, pero en realidad el
funcionamiento es siempre el mismo, por terribles que sean las circunstancias en
las que opera el miedo.
Cuando el destino deja de estar en tus manos aparecen excusas vestidas con todo
tipo de argumentos para no hacer lo que hay que hacer. De ahí surgen las
preguntas como: ¿Por qué voy a hablar ahora de lo que sucedió en mi niñez? Es
mejor (más cómodo) mantener para siempre el secreto. Así nos evitamos dar
ninguna explicación. Pero la respuesta correcta no es esa; lo conveniente es
hablar porque eso será lo que va a beneficiarnos. Quizás no de un modo
inmediato, pero las mejores cosas de nuestra vida requieren su tiempo.
¿Qué nos impide entonces hacer lo adecuado? El miedo. Y la excusa que se adorna
con todo tipo de argumentos para esconder ese miedo puede ser, por ejemplo, el
dolor que les causaríamos a los demás, cuando en realidad, de lo que se trata en
el fondo es del miedo que nos produce enfrentarnos a nuestra realidad y a que
ésta sea conocida por todos. El dolor existe, bien lo sabemos, y no es nuestra
obligación librar del dolor a toda la humanidad. Es un absurdo; el dolor forma
parte de nuestra existencia y la obsesión por evitarlo a cualquier precio,
paradójicamente, es lo que más dolor nos va a producir a largo plazo. No es
cuestión de infligir dolor gratuitamente, lo que nos conduciría a otro tipo de
problemas, sino de seguir el curso natural de los acontecimientos y de las
necesidades que todos tenemos. Lo que está en juego es la valentía de ser
capaces de contar la verdad y de asumir las consecuencias. Nosotros las nuestras
y los demás las suyas. Esta es nuestra labor y el camino hacia una existencia
más feliz; al contrario que el silencio y el secretismo. Y eso es válido para
todos.
El miedo también dirige otros aspectos de nuestra vida, más allá de los
conflictos personales o familiares que acabo de exponer. Sin ir más lejos, en
nuestra vida laboral, por poner otro ejemplo, es posible que nos mantengamos
aferrados a nuestro puesto de trabajo por el miedo a ser despedidos y acabar
peor de lo que estamos, cuando quizá podríamos prosperar en otro lugar o incluso
estaríamos perfectamente capacitados para ascender en ese nuestro actual puesto
de trabajo. Es una mera cuestión de actitud. O manejamos el miedo o dejamos que
éste nos maneje.
Si fijamos nuestra atención en otro aspecto de nuestra realidad, y ahora estoy
pensando en la política, veremos que sucede lo mismo a gran escala, sobre todo
en época de elecciones. En este escenario podemos contemplar un completo y
descarado abuso del miedo como herramienta para convencer a los votantes más
indecisos o con menos criterio. No hay más que escucharlos un rato para
constatar que cualquier partido político nos hablará de sus excelencias si sale
elegido, al mismo que no se cansará de recordarnos lo perjudicial y peligroso
que puede ser para nuestros intereses que gane el partido contrario.
Cualquier estudioso de la historia y de la prehistoria del ser humano sabe que
el miedo es y ha sido un elemento necesario para nuestra supervivencia. Sin
miedo quizá ya nos hubiéramos extinguido. Pero el miedo también es una
herramienta muy poderosa que debemos manejar para nuestro propio beneficio, de
lo contrario no faltarán quienes lo hagan por nosotros.
Aunque se trate de un tema delicado y pueda herir más de una sensibilidad, el
miedo por excelencia lo han manejado desde el principio de los tiempos casi
todas las religiones. Este es un asunto en el que cada cual hace su elección y
en el que los argumentos que podrían servir para otras cuestiones no sirven en
estas. La fe y la razón no pueden enfrentarse; habitan en distintos planos.
Siempre me ha parecido que la tendencia está más en "voy a ser bueno" para no ir
al infierno que "voy a ser bueno" para ir al cielo.
Comparte y promueve este artículo en Internet con
Cortesía de Joan Montané
Publicado Monday 18 de August de 2008
Nube de Tags
horoscopo
juegos gratis
musica
noticias
monografias
casino
tarot
directorio de blogs
tests
interpretación de
sueños
conocer gente
peliculas online
empleos
poker
angeles
consultorio sexual
becas
diarios de viajes
animes
clasificados
chistes
fotolog
videos online
monografias
agrega tu link aqui