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La lucha social, en la que se encuentra incluida la lucha ambiental, tiene
muchos frentes. Los derechos de nuestros pueblos se ven amenazados diariamente
por la presión de las multinacionales en su afán de expandir sus tentáculos
hasta cada rincón del planeta en busca de explotar y mercantilizar los recursos
naturales que en sus países de origen en muchos casos ya han sido devastados en
muchos casos hasta el total agotamiento.
Latinoamérica, a pesar de haber sufrido mas de 500 años de explotación, aun
tiene innumerables riquezas naturales que, desde la óptica del sistema
economicista que reina en el planeta, se ven solo como “materia prima” o “bienes
de mercado”.
Es así que una montaña se percibe como un depósito de metales, un bosque es un
almacén de madera, un río como un desaguadero de efluentes o una llanura como
una fábrica de agrocombustibles.
La cultura y el ecosistema del lugar a explotar, carecen de valor alguno. Los
habitantes pueden servir a sus intereses o ser desterrados. Y ninguno de los que
toman las decisiones planea establecerse en el lugar por lo que la degradación
de su ecosistema poco les importa.
Así se ha manejado el mundo en los últimos siglos y esos métodos se han
profundizado hasta límites increíbles en las últimas décadas.
Pero como ha sucedido a lo largo de toda la historia de la humanidad, cuando los
pueblos se sienten atropellados, o sienten que esta en peligro su supervivencia,
se gesta una lógica reacción. Lo que alguna vez era resignada aceptación,
empieza a convertirse en destellante reacción y luego en conflicto social.
Hemos llegado a esta última etapa en decenas, en cientos de lugares y ya muchas
batallas se han ganado. Pero en la mayoría de los casos nos ha faltado el apoyo
de nuestros gobiernos, de las personas que nosotros mismos hemos elegido para
que bregaran por nuestros intereses, por nuestros recursos naturales, por
nuestros bosques, nuestras montañas y nuestros ríos.
Y ese quizás ha sido nuestro talón de Aquiles en la lucha social y ambiental. No
hemos sabido, en algunos casos y no hemos podido en otros, elegir a quienes
realmente se encontraran comprometidos con sus pueblos, a quienes no dudaran en
hacer prevalecer los intereses de sus comunidades, de sus naciones o de sus
regiones, ante cualquier pretensión externa o interna que pudiera dañarlos.
Hay sin embargo casos, en Nuestra América, en los que esa comunión se ha
logrado. Y los resultados están a la vista de quien los quiera ver. Descienden
las tasas de desnutrición y de mortalidad infantil, aumenta la de alfabetización
y el acceso a la cultura, mejoran los servicios públicos y otros innumerables
índices se ven modificados para bien del pueblo, es decir, aumenta la calidad de
vida.
Tenemos espejos donde mirarnos, experiencias de las que mucho se puede aprender
y a las que todos debemos cuidar, cada uno desde su lugar, para que sigan
avanzando. Está en nosotros encontrar los caminos que nos conduzcan a una Nueva
América, justa, equitativa, respetuosa de las diferentes culturas y
ambientalmente responsable.
Nos reencontramos la próxima semana, con una nueva entrega de esta publicación.
Ricardo Natalichio
Director
rdnatali@ecoportal.net
www.EcoPortal.net
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