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Todos los médicos veterinarios clínicos se sienten, con toda razón y legitimidad, los referentes primarios de los propietarios de los animales de compañía cuando éstos necesitan prevenir, diagnosticar y tratar problemas relacionados con la sanidad y la nutrición de sus animales. Sin embargo, en general, no sucede lo mismo cuando la problemática está relacionada con el comportamiento de sus pacientes. No resulta infrecuente que los clínicos piensen que el comportamiento animal no es un tema inherente a la profesión veterinaria, aunque en los últimos años son cada vez más los profesionales que opinan lo contrario.
Estudios realizados en EEUU indican que el médico veterinario es la primera persona en ser consultada por los propietarios cuando éstos necesitan ayuda con respecto al comportamiento de sus animales.
Si bien en nuestro país no existen estadísticas que permitan realizar comparaciones, para la mayoría de los veterinarios no es ajeno el hecho que durante una consulta la mayoría de los propietarios de perros y de gatos se refieran al comportamiento de los mismos, ya sea para resaltar aspectos positivos o como motivo de queja. Lamentablemente, en este último caso muchos profesionales restan importancia a tales comentarios perjudicando no sólo a los propietarios y a sus animales sino también a ellos mismos.
Las actitudes de los profesionales
Entre las actitudes observadas con mayor frecuencia vale la pena mencionar tres:
* No emitir opinión alguna: es necesario saber, aunque parezca una obviedad, que cuando una persona dice tener un problema serio en relación al comportamiento de su animal, el problema es verdaderamente serio, aunque para el médico veterinario no sea grave. Solucionar un problema de comportamiento puede ser tan importante como tratar una enfermedad orgánica. Un propietario cuyo gato destruya todos los muebles de la casa puede verse obligado, en caso de no encontrar una solución al problema, a tener que sacar al animal de su domicilio. En este caso no sólo el gato perderá un hogar y el propietario un compañero, sino que, además, el veterinario perderá un paciente y un cliente.
* En el caso de los perros: aconsejar la consulta con un instructor canino, (en relación a los instructores caninos todo veterinario debería saber que el único requisito que tiene que cumplir una persona para ser un instructor es decir que lo es). Por tal motivo dichas personas no tienen la formación necesaria para poder diagnosticar y tratar un problema de comportamiento. Un buen instructor canino puede llegar a ser un auxiliar del médico veterinario pero bajo ningún aspecto un reemplazante del mismo. En este punto es necesario tener en cuenta que cuando un profesional deriva la responsabilidad de atender a uno de sus pacientes a una persona no calificada para la tarea en cuestión está perjudicando su propia reputación.
* Castrar al animal en cuestión: si bien ésta fue y probablemente todavía sea el principal servicio que los veterinarios brindan a sus clientes para el manejo comportamental de sus animales, la misma está lejos de ser la terapia más adecuada para el tratamiento de la mayoría de los problemas de comportamiento que suelen motivar la consulta de los propietarios de animales de compañía. Esto no quiere decir que la castración nunca deba ser utilizada para tratar un comportamiento indeseable sino que tiene sus indicaciones específicas para determinados diagnósticos. En la actualidad los médicos veterinarios tienen acceso a información que les permite realizar mejores diagnósticos, prescribir tratamientos más específicos, o derivar el caso a un especialista en comportamiento animal.
Por todo lo mencionado hasta aquí es posible concluir que la terapia del comportamiento habitualmente es subvalorada y por ende subutilizada en el ejercicio de la profesión. Dicha conclusión está refrendada por un estudio que indica que el 80% de los propietarios de perros afirman que sus animales presentan uno o varios problemas de comportamiento y por otro que indica que la principal causa que motiva que en los EEUU aproximadamente 20 millones de perros sean enviados anualmente a refugios caninos son los denominados problemas de comportamiento.
A partir de estos datos resulta evidente que no sólo existen serias implicancias éticas que obligan a los veterinarios a considerar al comportamiento animal como un área importante para la profesión, sino que también existe un aspecto económico que de no ser tenido en cuenta probablemente ocasionará un serio perjuicio a los profesionales que no presten la debida atención a los requerimientos de sus clientes. En base a los datos del segundo estudio mencionado, cada médico veterinario norteamericano pierde anualmente alrededor de 175 pacientes caninos exclusivamente por problemas de comportamiento. A su vez se estima que cada propietario gasta aproximadamente 100 dólares al año en la atención de su animal de compañía. De acuerdo a esto, cada médico veterinario pierde alrededor de 17.500 dólares por año a causa de problemas de comportamiento de sus pacientes. Si bien en nuestro país no existen datos al respecto, los resultados brindados por el primer estudio indican que, si bien con otros números, la realidad argentina no debe ser muy distinta a la norteamericana.
Finalmente restan mencionar los beneficios que pueden traer aparejados la incorporación del comportamiento animal al ejercicio de la profesión.
Obtener animales con mejor comportamiento no sólo dentro del hogar sino también dentro de la clínica, consultorio u hospital veterinario;.
Mejorar la relación propietario/animal de compañía;.
Aumentar los ingresos económicos de los profesionales; esto es debido a que aumenta la reputación de los mismos, se acrecienta la oferta de servicios a los propietarios y se mantiene y aumenta la clientela base.
¿Continuarán siendo sólo unos pocos médicos veterinarios los que obtengan las ventajas que brinda considerar al comportamiento animal como un área de su incumbencia, ya sea para tratar o derivar a sus pacientes, o dichos beneficios se extenderán a la mayoría de los profesionales?
Únicamente los médicos veterinarios tienen la respuesta.
Autor: Dr. Claudio Gerzovich
Especialista en comportamiento animal
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