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La energía, en todas sus manifestaciones en nuestra vida, tiene un ciclo que
se repite. Este circuito cíclico tiene 4 fases: la fase de estímulo (que a nivel
sexual corresponde al deseo), la de carga (que en la respuesta sexual equivale a
la excitación y la meseta), la de descarga (correspondiente al orgasmo) y la de
recuperación (que comprende lo que en un encuentro sexual llamamos la resolución
y la fase de bienestar). Todas estas fases necesitan ser recorridas por completo
para poder volver a empezar armónicamente.
Si nos quedamos atascados en alguna de ellas, se produce un problema. El deseo
es la primera parte del ciclo. Si el estímulo siempre es el mismo llega un
momento en el que se pierde la sensación. Comparémoslo con dos superficies que
friccionan entre sí. Después de un período de fricción continuada, podrá pasar
una de dos cosas: o una de las superficies entra en una sensibilidad extrema que
hace que se lastime (y entonces la tendencia es a retirarse) o se desensibiliza,
deja de sentir y necesita un cambio de estímulo para reencontrarse con la
sensación o bien pasar a la siguiente fase.
El deseo es la fase de la respuesta sexual humana en la cual percibimos un
estímulo que despierta nuestra sensación. Son las ganas de tener un encuentro
erótico de alguna naturaleza. En ocasiones, con bastante frecuencia en las
parejas de larga duración, esta fase se ve disminuida. Las personas ya no tienen
ganas de hacer el amor, al menos con su pareja.
Hay varias causas posibles de esta pérdida. Analicemos algunas:
1. Disminución del placer vital en general (para detectar esto, se puede
observar otras partes de la vida). En esta circunstancia es interesante detectar
cómo estoy viviendo mi vida, porque probablemente esta disminución del deseo, de
la respuesta al estímulo, se haya trasladado a otras áreas de mi vida
(recordemos que la sexualidad es solamente un reflejo intenso e íntimo de la
forma en que vivimos nuestra vida). Como dijimos antes, si el estímulo siempre
es el mismo llega un momento en el que se pierde la sensación.
2. Desgaste, aburrimiento, rutina, ¿me sigue gustando mi pareja, sigo queriendo
a esta persona? Precisamente por la razón del desgaste, de la fricción del mismo
estímulo, las personas adultas (en general porque nos cuesta conectarnos con el
asombro) empezamos a entrar en surcos que repiten caminos. Y eso termina por
anular la sensación inicial de entusiasmo. Pero es interesante poder recuperar
la capacidad de asombro, como los niños. Cada paso me abre a algo distinto.
3. Problemas hormonales o de salud, en general. Los problemas en la salud física
y específicamente los hormonales pueden tener efectos nocivos sobre el deseo
sexual. Si estamos con poca energía para la vida, el cuerpo usa esta energía
para los procesos básicos de subsistencia: comer, moverse, dormir, respirar.
Conviene estar atentos a los desarreglos de la salud física y consultar a un
profesional para corregir lo que no funciona bien.
4. Medicación. Algunos medicamentos producen una disminución del deseo. Toda
medicación, además de tener efectos primarios tiene efectos secundarios. A
veces, uno de los efectos es una reducción de la vitalidad y/o del deseo sexual.
5. Problemas de relación, comunicación, resentimiento. Cuando en una pareja hay
situaciones no resueltas, resentimientos por rabias no expresadas correctamente,
comunicación poco efectiva, el inicio del encuentro sexual se ve afectado.
Solamente cuando la comunicación es abierta, fluida, circula, puede ocurrir lo
mismo con la energía sexual.
6. Parto reciente (cambia el objeto de la libido). Cuando una mujer acaba de
tener un bebé, suele suceder que toda su atención, su energía, está puesta en su
nuevo hijo. Muchas veces, esto produce que su energía sexual orientada a su
pareja se vea disminuida y es causa de conflictos.
7. Aparición de un tercero. Cuando aparece una tercera persona en la pareja, es
interesante preguntarse ¿qué busco en ese otro? En la respuesta estará aquello
que necesitamos limpiar y desarrollar dentro de la pareja.
Es útil usar la metáfora de la fogata y las cenizas. Dice el dicho: “donde hubo
fuego, cenizas quedan”. Con esto quiero decir que es posible buscar alguna brasa
para soplar y reavivar el fuego que una vez hubo, pero para ello será necesario
primero limpiar las cenizas, dejar el espacio limpio para que quede aquello que
puede ser recuperado. Limpiar lo sucio pero dejar el oro. Es decir, si
reflexiono sobre lo que me atrajo inicialmente de mi pareja, es probable que
pueda ir detectando cómo recuperarlo.
Ejercicio de la salida por primera vez
Hay un ejercicio que me gusta recomendar a las parejas que hace mucho que están
juntas y que sienten haber perdido parte de la efervescencia inicial de la
relación. Se trata de un juego en el cual la propuesta es que la pareja haga una
cita, como si fueran a conocerse por primera vez. Cada uno se viste por
separado, se arregla como si quisiera seducir a aquella persona a la que va a
conocer. Tengo que mostrarle a aquella persona a quien voy a conocer, mis
mejores partes. Se encuentran en el restaurante (o el cine, o el programa que
hayan hecho). Y tendrán un encuentro de primera vez. Esto quiere decir, no vale
tocarse abiertamente (valen los roces de manos, de piernas, las caídas de ojos,
pasarse el pan con un desliz de dedos como si no se quisiera, dejarse servir el
vino), se trata de contarle a la otra persona quién es hoy cada uno como si
realmente el otro no lo conociera. Es un juego muy revelador. Y el hecho de no
poder tocar al otro con la confianza habitual, le da un toque de picardía que
recupera una parte perdida del vínculo.
Procuren reencontrarse como si se estuvieran conociendo. Salgan como si
quisieran conquistarse nuevamente. Sean novios de nuevo. Planifiquen alguna
salida distinta a la que normalmente hacen, disfruten de cosas y situaciones que
a ambos les agradan, y que han olvidado por la rutina. Hagan como si fueran las
primera veces que salen. Con todas las características de la situación que eso
implica: no se vean vestirse ni arreglarse, lleguen a encontrarse a su cita,
conversen, pregúntense y comenten cosas. Re-conózcanse. Y algo muy importante:
por esta semana, ESTÁ PROHIBIDO EL COITO. Si tienen ganas, bésense, acaríciense,
pero no lleguen a una relación con penetración. Esta parte de la tarea es muy
importante.
También es importante que si hay algún problema específico, algún resentimiento
entre Uds. puedan conversarlo (previamente a esto) en calma, sin rabia, en un
momento a solas para ambos (si tienen niños, pidan a alguien que los cuide
alguna vez para que puedan encontrar un momento para ustedes solos).
Se trata de re-descubrir los espacios perdidos de sensualidad, de seducción.
Volver a encontrar en la mirada del otro a la persona con quien cada uno de
ustedes decidió formar una pareja. Mostrarse mutuamente los mejores atributos.
Encontrar formas distintas de hacer las mismas cosas
Cuando prestamos plena atención al presente, al cuerpo, a las sensaciones, sin
dejar que la mente tenga millones de conversaciones al mismo tiempo, podremos
encontrar en cada actividad algo nuevo y diferente cada vez. Es como el actor
que transita una y otra vez la misma obra, siempre con distintos matices. Cada
vez es diferente, aunque pasemos por el mismo lugar. . ¿Vieron como los niños
ven una película 35 veces sin aburrirse? Es porque cada vez la ven con ojos
asombrados, descubren algo distinto. Y si la conocen, se divierten repitiendo
parlamentos o anticipando escenas, desde un espacio de juego y disfrute. La
clave está en recuperar el asombro que teníamos de niños, cuando podíamos
divertirnos con un palito y una hoja de árbol. Hoy también podemos, sólo
necesitamos disolver las barreras mentales y el mismo surco de aburrimiento. Si
tenemos que lavar los platos (cosa que personalmente no me gusta ni medio,
confieso) probemos una lavada de platos meditativa, en la que percibir cómo el
agua tibia junto con el jabón va limpiando y dejando reluciente el recipiente
que usamos para comer, para alimentarnos.
El sexo es una metáfora de la vida: comemos todos los días, dormimos todos los
días, nos bañamos todos los días. Podemos tomarlo como una bendición (como el
hecho de tener un plato de comida y no darlo por sentado), un espacio de
intercambio energético, de renovación, de recarga, de placer y amor profundo.
Como vivimos la sexualidad solemos vivir la vida. Busquemos encontrar aquello
que despertaba el propio deseo. Que no es necesariamente una persona nueva. Se
trata de renovar la energía. Cada circuito energético, cada ciclo, pasa siempre
por las mismas áreas, pero en espiral. Pasamos cada vez por el mismo punto, pero
un poco más profundo o ampliado. El ciclo se repite, pero siempre estamos en un
lugar diferente, aunque pasemos aparentemente por el mismo espacio.
A veces es una cuestión de actitud: “me da pereza”. Entonces, podemos
“desperezarnos”, estirarnos para respirar, permitir que el aire entre por los
poros, la imagen de la persona amada por nuestros ojos, su aroma por nuestra
nariz, su textura por nuestra piel, su gusto por nuestra boca. El estiramiento
permite la entrada de nuevo aire, así como una nueva conciencia.
Respirar juntos
Este ejercicio permite una conexión profunda. Pongan unas velas alrededor de la
cama (con cuidado que no se queme nada). Sentados en una posición relajada, con
los ojos cerrados y los labios juntos; comiencen a emitir un sonido como el
zumbido de una abeja, lo suficientemente fuerte como para que otros te oigan y
crear una vibración en todo el cuerpo… desnudos sobre la cama, sin molestias
(apagar teléfonos, llevar a los niños a casa de los abuelos, obviamente apagar
la televisión), con la espalda derecha, cúbranse con una sábana para encontrar
un espacio común propio, sólo de ustedes. Se toman de las manos, cruzadas.
Luego se miran y encuentran un ritmo respiratorio conjunto. Lleven la atención y
la respiración al periné, el espacio entre los genitales y el esfínter anal. De
allí sube un canal hueco por la columna que se llena de energía, que irán
recorriendo suavemente con el aire, hasta salir por la coronilla. Hagan dos
ritmos: en el primero, respiran inhalando y exhalando al mismo tiempo. Luego,
mientras uno inhala, el otro exhala, de manera que irán respirando el aire del
otro. Terminan con el primer ritmo. Cierren los ojos y juntos emitan el sonido
de la abeja durante 30 minutos; en un rato van a sentir que sus energías se
encuentran y se unen. El deseo estará nuevamente presente.
Por Verónica Kenigstein
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