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Posiciones del Kama Sutra
El Kama Sutra, escrito en el siglo II y VII de nuestra era, por el sabio
Vatsyayana, es el más antiguo de los textos que describen las muchas maneras de
colocarse la mujer y el hombre para hacer el amor. Luego, el Ananga Ranga y el
Koka Shastra continúan esa línea al resumir varios libros sobre el tema. Tales
obras aportan una inestimable información sobre la sexualidad en el antiguo
Oriente.
Refiriéndonos al Kama Sutra, podemos decir que de esta obra se han realizado
muchísimas versiones, traducciones e interpretaciones. Escrita, originalmente,
en idioma sánscrito, el nombre del libro tiene su sentido: Los sutras son una
especie de aforismos, sentencias o enseñanzas cortas y Kama significa placer.
Así que el es un tratado sobre los placeres.
Sin embargo, como apunta Ana Cofiño, periodista guatemalteca, quien realizó una
interesante búsqueda de todos los aspectos de este texto, no únicamente relata
los placeres sexuales, sino todo aquello que excite o provoque reacciones
placenteras a través de nuestros sentidos y sentimientos. Sin dudas, esta obra
constituye una significante recolección de tradiciones amorosas que se ha
conservado y transmitido en la cultura de la India.
El libro contiene recomendaciones sobre cómo cortejar a una mujer o cómo seducir
a un hombre; meditaciones sobre el placer y las diferencias entre los sexos. Se
habla del matrimonio, de cómo conducirse, cómo saber si el amor se ha terminado
o cómo y cuándo dar por terminada una relación. También se encuentran
referencias a afrodisíacos y la descripción de muchas posturas amatorias.
Comenta la periodista guatemalteca que esta obra insiste en que las mujeres,
además de manejar el arte del , deben “entender un poco de magia y hechicería y
practicar las artes culinarias”.
Pero, por otra parte, recalca el texto en la necesidad de que las mujeres abran
su abanico de conocimientos en otras áreas también necesarias: “Para poder
hablar bien, lee mucho. Aprende a defenderte (...) Desarrolla tu sentido de la
inferencia, la lógica y el razonamiento. Has de saber algo sobre minas y
canteras, suelos y jardinería.
Asegúrate de saber sobre el almacenamiento de agua en acueductos, cisternas y
aljibes. Aprende a ser especialmente hábil con el lenguaje. Desarrolla tu propia
manera de escribir. En resumen: aprende todo lo que se puede aprender en el
mundo...recibirás todo el respeto debido y podrás sentarte como igual en una
asamblea de hombres doctos”.
El Ananga Ranga
La otra obra de singular valor erótico es el Ananga Ranga, de Kalyana Malla.
Ante mí, tengo el libro, una de las tantas reproducciones, que en su cubierta
aclara: “Enciclopedia del amor sexual”.
Escrito especialmente para instruir en los secretos amorosos a una chica de la
casta de los poderosos, dentro de una filosofía del amor místico, resulta su
lectura sumamente instructiva y curiosa.
A pesar de haber cumplido la obra un montón de siglos, muchos de sus
planteamientos tienen una actualidad sorprendente. Por ejemplo: “Los goces
externos” son los procedimientos que han de anteceder siempre al “goce interior”
o coito.
Explica el libro que antes de la penetración, es necesario “ciertos
preliminares, numerosos y variados, tales como los diversos abrazos y besos.
Estas clases de caricias, despiertan los sentidos y ponen el ánimo propicio”.
El texto aclara que son escaramuzas que preparan a los amantes a una grata
diversión erótica.
En Ananga Ranga alerta que “la monotonía de la posesión, a veces arroja al
marido en brazos de mujeres extrañas y a la mujer en los hombres extraños”. Y a
continuación, sentencia: “La monotonía engendra la saciedad y la saciedad el
disgusto del coito”.
Monotonía de la posición
La posición de la mujer acostada de espaldas y el hombre tendido encima de ella,
resulta la más difundida de todas, según encuestas realizadas a numerosas
parejas de diversos países, tanto occidentales como orientales.
En los filmes aparece con reiterada frecuencia. Sin embargo, esa manera habitual
de hacer el amor es una de las posiciones menos favorecedoras para que las
mujeres alcancen el o. Ella queda como atrapada, apenas sin la posibilidad de
movimiento, en ocasiones, incómoda y hasta con asfixia si el amante tiene unos
kilos de más. Esta forma de amar, además, delinea una superioridad masculina:
ella está debajo y él está arriba.
¿Por qué es tan frecuente y recurrida esta posición, amén de ser una de las
favoritas de los hombres? Siglos atrás, cuando los tiempos que la iglesia
católica postulaba el sexo exclusivamente para la reproducción –no para el
placer– era la única pose que tal institución no castigaba como lujuriosa o
pérfida.
Tenía su sentido ya que es la que mejor favorece la fecundación. La “posición
del misionero” como comúnmente se le llama, tiene hoy día, detractores/as y
defensores/as.
Particularmente no coincido con la opinión de un sexólogo argentino, de cuyo
nombre no quiero acordarme, quien dice de ella: “El hombre, desde arriba, es el
que impone su deseo y su norma. Uno es el que enseña y la otra es la que
aprende; uno es el que propone y la otra es la que acata”.
Las mejores posiciones para hacer el amor
Entre las parejas liberadas de prejuicios, falsas concepciones y manipulaciones,
existe un relevante gusto por la diversidad de acoplamientos eróticos.
Generalmente, no se adaptan a una misma fórmula, sino que dan rienda suelta a la
imaginación y a las fantasías, aspectos sumamente importantes en el hacer
sexual. Inventan –o al menos creen inventar, que no es lo mismo pero es igual–
colocaciones, incluso dignas de acróbatas, que les matizan sus encuentros
amorosos con bello y enriquecedor colorido erótico.
El Ananga Ranga, imaginas y yo te lo confirmo, no tiene ocultas en sus páginas,
recetas para quienes están hastiados uno del otro; para el aburrimiento marital
o la falta de estímulos sentimentales que, en ocasiones siente la pareja. Ni los
más exóticos y complicados malabares, pueden resolver el conflicto del tedio y
el desamor.
Este fabuloso libro, que cayó en mis manos por casualidad, lo he leído con sumo
deleite y nada tiene que envidiar a los manuales actuales, algunos de ellos, no
hacen más que copiar lo ya impreso o decir lo ya dicho.
Si en esas incursiones por viejas librerías, te lo tropiezas, cómpralo que
tendrás en tus manos toda la sabiduría de la gente que sabe amar con esplendidez
y pasión. Que le sabe al éxtasis sexual, un mundo.
Autor: Aloyma Ravelo
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