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¿Por qué y para qué tener un amante? Resignificación de la infidelidad

Por Lic. Verónica Kenigstein

La palabra amante nos remite al amor. Un amante es alguien que ama, que profesa amor. Y en nuestra cultura, en general se llama amante a aquella persona con quien se tiene una relación sexual, que suele estar fuera del matrimonio y con quien no se sostiene un vínculo estable (si no, sería novio/a o esposo/a o pareja). Y entonces me pregunto sobre la connotación del amor sexual, diferenciado del amor emocional.
Una pareja es un espacio de intercambio, de posible crecimiento y de nutrición. Es claro que cuando formamos una pareja no podemos esperar (no tendría sentido) que la otra persona satisfaga todas mis necesidades. Sin embargo, una de las situaciones que hacen que una pareja sea considerada tal, y vuelvo a remitirme a nuestra cultura, es el hecho de que tengan entre las cosas que los unen, una relación de tipo sexual. Aunque hay parejas que no están unidas por la sexualidad, sino por otras causas de unión. Y creo que en general, esta suele ser una de las causas por las que surge la necesidad de la búsqueda de un/a otro/a: para compensar necesidades sexuales y/o emocionales. Las personas se juntan en parejas por diversas razones y con distintos objetivos. Uno de los cuales es tener un vínculo en el cual satisfacer sus necesidades sexuales y afectivas, sus espacios de placer y disfrute (cuestiones que, cuando la sexualidad es buena, vienen dadas por el sexo).

Sin embargo, me atrevo a aventurar que un amante no se busca. Una persona tiene algunas de sus necesidades insatisfechas dentro de su pareja y al encontrarse con otra que siente o cree que aparentemente puede llenarlas, se da el permiso de abrirse al vínculo sexual con esta otra persona. La situación de infidelidad, creo, en general, no es proactiva (uno no sale a buscarse un amante) sino de apertura a experimentar eso nuevo que necesita con otro ser. Suele suceder que esta nueva relación, precisamente por la novedad, por lo distinto, genere mucha excitación, mucha adrenalina, la sensación de “eso efervescente que estábamos necesitando”, en contraposición a la rutina, lo aburrido, quizás hasta lo conflictivo, lo “siempre igual” del vínculo original.

Las necesidades
Las necesidades que requieren ser satisfechas en general tienen que ver con el sentirse sexualmente atractivo, encontrar espacios y situaciones nuevas de placer y disfrute, una piel nueva, un cuerpo diferente, otro olor, otra energía. A veces quizás poder salir de un círculo vicioso del conflicto instalado en la pareja (a veces difícil de desarmar) por una comunicación insuficiente y poco efectiva, en la cual no se expresan abierta y asertivamente las necesidades y los deseos y suelen aparecer reiteradamente los reclamos y los sentimientos negativos en forma de crítica. Toda esta situación incómoda y difícil de sobrellevar suele conducir a estar abierto/as a encontrarse con otra persona con quien podamos enfrentar estas necesidades de una forma distinta. También es cierto que al no compartir la cotidianeidad, las responsabilidades, la convivencia y tener encuentros destinados casi exclusivamente al placer, se libera un espacio para dedicarse de lleno a éste.

Desde el punto de vista sexual, las parejas habitualmente suelen entrar en patrones repetitivos: hacen siempre las mismas cosas, es general el mismo integrante quien inicia, suelen adoptar las mismas posiciones, seguir los mismos “ritos” y entonces se va creando como un “surco” del que si no somos conscientes, es difícil salir. Es como si diéramos vueltas una y otra vez sobre un terreno cada vez más seco. Lentamente se va formando un cauce que se hace cada vez más profundo y cuando queremos darnos cuenta, el aire ya está muy por encima de la superficie y se requiere un gran esfuerzo para salir de él y empezar otro nuevo recorrido.

Las relaciones de amantes suelen producirse también como forma de encontrar solaz, un oasis frente a los problemas, una situación para intercambiar afecto (o sólo sexo, a veces) sin pensar en otra cosa. Es decir, la relación original es una que desde algún punto de vista es insatisfactoria y en lugar de movernos adentro para buscar la solución, buscamos afuera aquello que nos alivie del peso.

Los confines de la cultura
Sin embargo, uno de los pilares de una relación de pareja, indispensables para que ésta se sostenga con firmeza y solidez es la confianza. En nuestra cultura (nuevamente, no podemos escapar de los confines de la cultura, que nos conforman, con o sin conciencia) la exclusividad sexual es uno de los compromisos explícitos o implícitos que hacemos las personas cuando establecemos una pareja estable. Si ese compromiso se quiebra (a menos que sea explícito el hecho de que cualquiera de los dos pueda tener otras relaciones, lo que en la década de los 60 se llamó el matrimonio abierto), el dolor de sentir que la confianza se ha roto es tan grande como para, a veces, impedir que una relación pueda recomponerse.

Hay otras culturas en las que la norma es el desapego emocional (y/o sexual) y en las que es socialmente permitida la experimentación sexual con otras personas. Pero en la nuestra, como el vínculo sexual es uno de los más íntimos y profundos (aunque actualmente hay como una especie de superficialización del sexo y de la sexualidad y la cultura predominante es el “todo vale, con cualquiera”, “toco y me voy”, “mientras más mejor”), cuando uno de los dos se da el permiso de intercambiar su energía sexual con otra persona, el otro siente que hay una profunda deslealtad.
Aquí es importante destacar otra diferencia cultural de género. A los hombres les suele resultar más fácil separar el sexo del amor o del afecto. Precisamente por la característica “exterior” de su genitalidad, fragmentan su ser y su sentir y distribuyen su semilla por el mundo: no sienten este entrar en distintas mujeres como una situación en la que se les “queda pegada” su energía.

Esta sería una concepción casi “animal” de su sexualidad, como los animales que en busca de la perpetuación de la especie diseminan su esencia en muchas hembras, en contraposición a la percepción “humana” de la sexualidad en la cual el intercambio de energía sexuales forma parte de un encuentro más integral y más trascendente a la mera continuidad de la especie. En cambio, para las mujeres, por la característica “interior” e íntima de su configuración genital, en este intercambio son “penetradas” por la energía del otro. Y cada hombre con quienes se relacionan sexualmente les deja parte de su esencia y las impregna. Por eso, en general, a las mujeres nos cuesta más separar el sexo del afecto. Es como si en cada encuentro, entregáramos una parte importante e íntima.

¿Hay algunos síntomas de infidelidad?
En general, serían algunas conductas distintas a las habituales. Entre otras:
- Pasar mucho tiempo fuera de casa: en el trabajo, en la computadora, o con actividades “extra” hasta ahora no conocidas. Aunque esto por supuesto no es “necesariamente” un síntoma de infidelidad sino de que por alguna causa la persona quiere alejarse.
- Imprevistos viajes frecuentes (presuntamente por razones de trabajo).
- El alejamiento sexual, o a veces, por contraposición, un aumento. Algunas personas se sienten culpables y entonces buscan sexualmente a su pareja en mayor medida para sentir que “se sacan la culpa”.
- Hablar por teléfono a escondidas o empezar a tener espacios “secretos” cuando antes no los tenía.
- Correo electrónico confidencial (cuando antes, por ejemplo, compartían la cuenta).
- Mensajes con destinatario “erróneo” de correo-e o de texto por celular.
- Conductas de evitación en general.

De un lado o del otro
Hay una diferencia importante entre ser la persona infiel o la pareja de la misma. O ser quien comete la infidelidad o el/la amante. Las sensaciones son claramente distintas. Quien comete la infidelidad siente adrenalina y entusiasmo. Quien es la pareja suele sentirse traicionado. Quien está adentro de la pareja y tiene una relación extramatrimonial no siempre quiere separarse, muchas veces siente que este “nuevo aire” es lo único que necesita o que está dispuesto/a a atreverse a hacer. La tercera persona (si está sola) muchas veces tiene la esperanza de que su amante se separe de su pareja y comience una nueva pareja con ella/él, cosa que suele no suceder y esto genera grandes frustraciones y comienzan los reclamos (cosa que puede llegar a romper incluso este nuevo vínculo).

Antes de entrar en una nueva relación, es interesante darse cuenta de las propias necesidades y expectativas. Y saber que, en cualquier caso, que todas nuestras conductas tienen consecuencias. Siempre. Esto implica la necesidad de que estemos conscientes de lo que necesitamos y que sepamos que cualquier cosa que hagamos tendrá un efecto (a veces positivo y otras negativo o de conflicto). Si actuamos con este darnos cuenta, seremos capaces de estar preparados para lo que venga.

La solución
En cualquier situación de relación, la solución a los conflictos siempre pasa por la comunicación. Expresar sentimientos, necesidades, conversar sobre lo que necesito y sobre el vínculo presente y posible futuro. ¿Por qué nos elegimos? ¿Volvería a elegirte hoy? ¿Qué necesito hoy? ¿Qué necesitás? ¿Podremos darnos mutuamente eso que necesitamos? ¿Sigue habiendo amor entre nosotros? Poder conversar abierta y honestamente sobre todas estas cuestiones facilitará el proceso de encontrar espacios refrescantes y novedosos dentro de la relación o definir nuestra necesidad y disposición a terminar armónicamente esta relación si es realmente lo que queremos.

Las parejas necesitan reinventarse todos los días. Como cualquier ser vivo, evoluciona, crece, se desarrolla. No puede quedarse estancado en un mismo estadío, porque se atrofia. Y esto significa estar plenamente conscientes de las necesidades de todos los días y abrir la comunicación para recrear los espacios de crecimiento mutuo, inventarnos una nueva pareja (dentro de la misma, si es lo que elegimos) todos los días. Probar cosas nuevas, encontrar actividades de interés común, encontrar nuevos aires compartidos.
Y también a veces se requiere tener la valentía de saber que esto ha llegado hasta aquí (los seres no viven para siempre). A veces las relaciones son más largas y otras más cortas. Y esto también es parte de la vida.

Un caso de la vida real

Cometí infidelidad virtual y ahora mi matrimonio es un desastre. ¿Qué hago?
El problema por el cual recurro a usted, es el siguiente. Soy empleado de una empresa que comercializa informática, en un momento de mi vida y la del negocio, no había demasiadas cosas por hacer y la manera de poder "pasar el tiempo" me llevo a hacerme adicto al chat. Cuando llegaba a casa, solía contar a mi mujer lo que hacían mis compañeros, pero nunca lo que yo hacia. Fue un período no mayor a año y medio que me dediqué de lleno, y en horario laborar a enamorar y a enamorarme de mujeres de distintas partes del planeta, lo veía como un pasatiempo, a tal punto que intercambié correspondencia con muchas de las mujeres que conocí en la red, correspondencia que guardaba celosamente en un cajón del escritorio de mi trabajo.

Pero un día haciendo limpieza general en el mismo, decidí cambiar de lugar las cartas y ponerlas dentro de una agenda sin uso que solía tener a mano, y en un descuido, llego a manos de mi Sra. Esto pasó hace ya mas de 8 meses desde que ella leyó las cartas que recibí de mis enamoradas de la red, y hasta el día de hoy tenemos serios problemas conyugales. En un comienzo argumenté que nunca había tenido sexo con ellas (cosa que era cierto, ya que la más cercana vive a 20 000Km). Para mi el hablar del tema me hace muy mal, no solo por dejar al descubierto el mal que cometí, sino el ver como se pone mi mujer cada vez que lo hablamos. No sé que hacer, si tocar el tema cada vez que sea necesario, o evitarlo, no se que hacer, porque de todas maneras seguimos mal, de ninguna de estas formas, logramos salir del pozo en el que caímos, y lo mas lamentable es que veo que nuestro matrimonio cada vez se hace más pedazos. Yo amo a mi esposa y ella dice amarme, pero las discusiones no dejan de ser el pan del día. Desde ya muchas gracias por escucharme.

El tema de la infidelidad es un tema delicado y complejo de tratar, fundamentalmente porque quiebra uno de los pilares sobre los que se afianza una pareja que es la confianza. Si bien no llegó "a mayores" (es decir, no hubo contacto sexual real con otras personas) el hecho de que hubiera "cartas de amor" por más que estuvieran a 20.000 km de distancia es muy perturbador para cualquier persona. Es un proceso que ustedes como pareja necesitarán recorrer para poder sanar las heridas que se hayan abierto. Para que esto suceda, hay algunas cosas importantes a tomar en cuenta. La primera es que la comunicación por ninguna circunstancia debe romperse con tu pareja porque eso generará una brecha aún mayor que será cada vez más difícil de soldar. Aunque resulte doloroso, es muy importante que puedan hablar de lo que sucedió porque las cosas siempre suceden por alguna causa. Esto significa, desde mi punto de vista, que si al no tener nada que hacer tu instinto fue buscar relaciones alternativas a tu pareja para llenar el tiempo (aun cuando hayan sido virtuales, tu mente estaba allí; podrías por ejemplo haberte dedicado a estudiar algo o leer, o cualquier otra de las miles de cosas que pueden hacerse en el tiempo libre) hay alguna necesidad tuya que tu esposa no está satisfaciendo.

Es posible que no te hayas dado cuenta de esta situación (y ella tampoco, pero probablemente a ella también “le esté faltando algo”) por lo que esta es una excelente oportunidad para replantearse la pareja, los objetivos que ambos se plantearon al decidir unirse y las necesidades que ambos necesitan satisfacer a través del vínculo. Esto significa primero reflexionar muy internamente sobre aquellas cosas que cada uno necesita para luego poder ver si hay algo que puedan cambiar en la relación para comenzar nuevamente a satisfacerlas. Aunque sea difícil, si existe amor entre ustedes, pueden tomar esto como un nuevo punto de partida para darse y pedirse aquello que necesitan. Y comprometerse a aquello que realmente puedan cumplir. Hay que darse cuenta de que para que las cosas cambien, ustedes tendrán que cambiar.

Hablen de lo que pasó, para poder a través de la palabra sacar todo el dolor o en tu caso la sensación de “culpa” (que no lleva a nada bueno, pero ¡cuántas veces nos ataca!). Es muy importante que cada uno de los dos pueda expresar lo que le pasa, lo que siente, responsabilizándose de sus propios sentimientos (“me siento triste”, o “estoy enojada” o “me duele lo que pasó, siento que perdí la confianza en ti” o “siento que hay cosas en nuestra pareja que tenemos que cambiar para sentirme mejor”) y no adjudicando al otro acciones o sentimientos (“tú hiciste” o “tú dijiste”, “eres tal cosa” o “nunca me haces”). Es preferible evitar los términos absolutos como “siempre”, “nunca”, “jamás” y además evitar, en la medida de lo posible la escalada de violencia, las palabras hirientes, las agresiones. Si cada uno puede decir de manera honesta y vulnerable lo que siente y necesita, será posible llegar a nuevos acuerdos. Recuerden que las parejas deben reformularse constantemente, alimentarse, para subsistir y vivir sanamente (la única manera lógica, a mi juicio de mantener una pareja: debe ser sana y nutritiva para ambos miembros).

Si no pueden hacerlo solos, lo cual puede suceder y es normal, busquen ayuda profesional (un psicólogo/a o counsellor o terapeuta de pareja, nunca un/a amigo/a, familiar o conocido/a) que pueda ayudarles a aclarar ideas, sentimientos y a hacer acuerdos mutuamente beneficiosos.
Les deseo mucho éxito en esta parte del camino que ciertamente es difícil, pero no imposible. Cualquier cosa, estoy a disposición. Saludos cordiales,

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Por Lic. Verónica Kenigstein
Publicado Monday 23 de July de 2007 en la Revista sexualidad sección mas


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