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Un domingo, un hombre de 38 años cenaba en casa de sus padres. En un momento, comenzó a hablar de sus muchos problemas: "Acabo de separarme de mi segunda esposa, estoy a punto de perder mi trabajo y las deudas me ahogan..." Luego, miró a su madre y a su padre y preguntó: "¿En qué fallaron?" Cuando las cosas salen mal, solemos culpar a los demás. Culparlos de nuestras dificultades es el camino fácil, por eso es tan común. Pero las personas más efectivas saben que la vida es una serie interminable de opciones. Aceptan la responsabilidad por estas opciones así como las consecuencias de sus acciones. Se lideran a sí mismas y controlan su destino, mientras que los otros no. Creen que la elección, más que la suerte, determina sus circunstancias. Aún en aquellas circunstancias de las cuales no son responsables, se responsabilizan de sus respuestas.
Estas personas reconocen que tienen control y elección sobre varios factores clave:
Elegir no perder: enfocarnos en nuestros problemas o en nuestras posibilidades, es una cuestión clave del liderazgo.
Cuando nos enfrentamos con los obstáculos y el fracaso, aquellos que pueden superar la adversidad, aprender de sus experiencias y convertirlas en oportunidades, son quienes tendrán verdaderamente éxito.
La realidad percibida: los comúnmente llamados "hechos", están abiertos a interpretaciones y son altamente dependientes de lo que leemos en ellos. No vemos el mundo tal cual es; lo vemos tal cual somos nosotros.
Demasiado a menudo permitimos que nuestros problemas nos atrapen en nuestra "realidad". Nos estancamos allí y no podemos ver ninguna posibilidad fuera de eso.
Elegir nuestra perspectiva: un optimista espera el mejor resultado posible y mira los aspectos más positivos de una situación. Los pesimistas enfatizan lo negativo y adoptan la visión más oscura posible.
Más allá de que hayamos heredado una tendencia hacia el optimismo o el pesimismo por nuestra educación, podemos decidir lo que queremos ser de
hoy en adelante.
Elegir no quedarse con emociones negativas: un hito en nuestro crecimiento, es cuando aceptamos la responsabilidad por nuestras emociones. Es menos doloroso creer que el enojo, los celos, o la amargura son culpa de otro, más allá de nuestro control. Pero eso nos hace prisioneros de nuestras emociones. Nos envenenamos con nuestras propias emociones negativas. Si deseamos preservar nuestra salud y felicidad, debemos dejarlas partir. No importa cuánto tiempo hemos alimentado un rencor, éste no mejorará. Necesitamos perdonar de verdad y olvidar.
El perdón no es para el otro, es para nosotros. Elegir nuestros pensamientos: si continuamos pensando como siempre lo hemos hecho, continuaremos obteniendo lo que siempre hemos obtenido.
Nuestras elecciones de pensamiento diarias se traducen en nuestras acciones diarias, que forman nuestros hábitos. Nuestros hábitos forman nuestro carácter. Nuestro carácter atrae nuestras circunstancias... las cuales determinan nuestro
futuro! Ser responsables de nuestras elecciones comienza con la elección de nuestros pensamientos. Las personas efectivas reconocen que no poseen control sobre todo, pero saben que la vida es el cúmulo de las elecciones que hicieron (buenas y malas, meditadas e impulsivas) y aceptan la responsabilidad de las mismas. De ellas dependen la felicidad o la pena. Cuanto más permitimos que nuestras malas elecciones se acumulen, mayor tiempo y esfuerzo nos demandará cambiar para lograr un equilibrio.
Hoy es tiempo de acción: empiece. Todavía hay tiempo.
Por: Eccio Leon R
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