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ELECCIONES EN USA

Por Eduardo Gonzalez Viana

Se sabe quién ganará.
No se sabe lo que hará

A un año de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, no es necesario ser adivino para saber quiénes no van a ser elegidos: los republicanos.

En su más reciente discusión pública, los aspirantes de ese partido se pelearon por demostrar quién era el más conservador de todos ellos y se enredaron en los pantalones tratando de responder a la pregunta lanzada por un militante gay desde Youtube.

Se les puede reconocer un éxito notable y apabullante. Todos –en especial Mitt Romney y Rudy Giuliani- lograron desacreditar a todos.

En el gimnasio donde yo seguía el debate, recuerdo haber escuchado a un arrepentido republicano que decía:

-Frente a candidatos como éstos, es bueno saber que sólo va a ser elegido uno.

Y yo añado que el elegido no pertenecerá a ese partido. En este momento, ya se puede saber que el futuro presidente será un demócrata, o más bien una demócrata, la señora Hillary Clinton. Lo único que no se sabe a ciencia cierta es qué es lo que hará luego de asumir el mando.

Tanto ella como su esposo se han caracterizado muchas veces por esperar a que las encuestas de opinión pública les digan en qué dirección caminar o qué cambios imprimir a su marcha. Como latinoamericano, por mi parte, estoy preocupado por no haber escuchado hasta ahora una definición tajante acerca de la inmigración ni de parte de la señora Clinton ni la de sus competidores demócratas.

El gran peligro es que, perdedores o no, son los republicanos los que imponen la agenda en este país. Como todos recordarán, en las elecciones previas a su segundo mandato, el presidente estaba perdido. La desastrosa invasión a Irak y el descalabro de la economía lo hacían presa fácil del contendor del otro partido.

Sin embargo, no fue eso lo que se discutió sino temas tan olorosos a incienso como la clonación y los matrimonios gay, y su ubicación en las páginas de la Biblia. Todos se olvidaron de los niños degollados cada día en Irak, y una formidable coalición conservadora, con los obispos católicos a la cabeza, aplastó al candidato demócrata, y por casualidad católico, John Kerry.

En estos días ocurre lo mismo. Down Jones se desploma cada día, y cada día es más evidente que el señor Bush confundió a Irak con Irán (los nombres se parecen) al decidir cuál de los dos países tenía armas de destrucción masiva. Atacó al que no debía atacar, hizo ahorcar a Sadam Husseim y, ahora Bagdad está a centímetros de caer en manos de los iraníes, futuros dueños del arma atómica.

Por otra parte y esto es lo más reciente, un libro próximo a salir y escrito por el ex portavoz presidencial Scott McClellan denuncia que el propio Bush, el vicepresidente Dick Chenney y el asesor político Karl Rove le hicieron comunicar información falsa sobre el caso de la ex agente de la CIA, Valerie Plame, cuya identidad secreta fue filtrada a la prensa por funcionarios gubernamentales.

Revelar la identidad de una agente norteamericana es un delito muy grave que pone en peligro la seguridad de la nación. El presidente Bush podría sufrir un juicio de impeachment, y terminar su mandato antes de lo estipulado.

Sin embargo, una vez más, los republicanos conservadores están imponiendo la agenda. Hace unos meses, hablaron de los valores religiosos familiares, y de inmediato, en el otro bando, la señora Clinton y el senador Obama se hicieron tomar fotos, con el rostro compungido, en las iglesias a las que supuestamente acuden el domingo.

Ahora los conservadores se han lanzado al ataque contra los inmigrantes indocumentados latinoamericanos. No sería raro que viéramos a Romney y a Giuliani en una cabalgata tras del vociferante Tancredo a ponerse al frente de los paramilitares “Patriots” que combaten a caballo contra las modestas familias mexicanas que entran por la frontera de Arizona.

¿Le quitan el trabajo a alguien los inmigrantes? ¡No! ¿Evaden los impuestos? ¿Gozan del seguro social? ¡No y no! Por el contrario, incluso con un documento falso, todos, absolutamente todos, sufren la deducción impositiva en sus salarios, pero nunca llegan a ver la contrapartida en seguro de desempleo o jubilación, ni reciben devolución cuando han pagado en exceso. Negocio redondo para el fisco.

A pesar de todo ello, ya pasó de moda Osama Bin Laden. Sus crímenes ya no son recordados en el discurso conservador. Por el contrario, el archienemigo es el inmigrante ilegal. Hay frecuentes redadas en la puerta de las parroquias o en los malls contra cualquiera que parezca oscurito.

¿Qué hacen frente a esto los candidatos demócratas? Callan en todos los idiomas, o hacen el coro de sus contendores, y juran que ellos tampoco serán consentidores ni apoyarán una amnistía. ¿Cómo diferenciar a los unos de los otros? No lo sabemos. Por eso no sabemos qué política seguirá la nueva conductora de este país el próximo año.

Todos parecen interesados en la construcción del muro que contendrá a los vecinos pobres. El gran error de este país es un error de arquitectura. Aquí no se necesitan muros, sino puentes.

 Por Eduardo González Viaña

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Cortesía de Eduardo Gonzalez Viana
Publicado Wednesday 5 de December de 2007



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