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“¡Qué poco me va quedando
de lo poco que tenía!”
José Bergamín.
UNA VARIEDAD DE POBREZA QUE REUNE A MILLONES DE PERSONAS
En esta España del “todo va bien”, de “la cultura de los satisfechos”, a algunos
que realmente les va bien, quieren que les vaya mejor. Algunos que viven con
notable desahogo, se oponen enérgicamente a todo lo que pueda suponer un
peligro, no de toda su comodidad sino de una parte de ella. Por eso nuestra
cultura de la satisfacción es reacia a cambios estructurales, y sólo tolera
pequeños avances y cambios estéticos. Y aunque cada vez son más los que
protestan contra la pobreza de una gran porción de españoles y manifiestan una
seria preocupación por el futuro, lo cierto es que no constituyen todavía una
clara amenaza para la mayoría electoral.
Nuestra cultura de la satisfacción se muestra tolerante con las enormes
diferencias de ingresos y rentas que hay en nuestra sociedad y con el abismo de
desigualdad que existe entre los países.
No cabe duda que la ética debe jugar un papel crucial en la construcción de un
futuro mejor y en la lucha contra la pobreza. La ética individual y comunitaria;
la ética en el poder y en la sociedad civil organizada. Nada pueden temer más la
injusticia y los defensores del actual status quo planetario que la unión y la
acción organizada de la gente frente a ella. En este fin de año, si la sociedad
civil encuentra el modo eficaz de encaminar su acción autónoma y consciente,
podrán abrirse las puertas de ese callejón ecológico, económico y social en el
que está sumida. El mundo está cercado por esta realidad: tres de cada cuatro
mujeres, hombres y niños, son pobres.
En la actualidad, 1.300 millones de personas viven con menos de un euro por día;
800 millones sufren hambre y desnutrición crónica; 200 millones mueren
anualmente antes de alcanzar los cinco años de edad. Más de la cuarta parte de
la población mundial no dispone de agua potable, de instalaciones sanitarias, de
atención médica... Una inmensa cantidad de hombres y mujeres que pueblan la
Tierra contemplan su presente y su futuro más inmediato sin ninguna esperanza.
En estos últimos años de bonanza económica ha aumentado la pobreza y el hambre
en el mundo. Ha aumentado la exclusión de la mayoría de la población en la toma
de decisiones sobre su vida y su futuro. Ha decrecido el acceso a lo más básico:
la tierra, el uso de los bienes, los avances técnicos, el alimento, el vestido,
la salud, la educación.
La pobreza es una realidad presente también en los países ricos, en las llamadas
“sociedades desarrolladas”. El progreso de la tecnología, la aparición de nuevos
países industrializados que se valen de una mano de obra mucho más barata, y
otro tipo de razones de carácter no sólo económico sino también político, social
y cultural, han modificado totalmente las reglas de juego. La pobreza y la
miseria avanzan también en importantes sectores de población de los países
desarrollados.
Parados de corta o larga duración. Inmigrantes mal llamados “ilegales”.
Campesinos de zonas rurales marginadas. Jóvenes sin familia. Ancianos olvidados
y abandonados. Millones de mujeres que viven diariamente al límite de sus
posibilidades económicas, físicas y psíquicas como precio por su condición de
mujer . Personas sin techo y sin hogar. Población reclusa. Enfermos terminales y
crónicos sin atención ni cuidados. Discapacitados físicos y psíquicos carentes
de las más básicas prestaciones. Drogodependientes... El dibujo es una realidad
social cada vez más rota, donde “las bolsas de pobreza” dejan de ser pequeños
espacios aislados y localizables, para constituir, paulatinamente, un elemento
cualitativo y definitorio del tejido social de las sociedades opulentas.
En los países ricos existe un número creciente de hombres y mujeres que se
definen socialmente por su falta de identidad social, por el nulo reconocimiento
que se hace de ellos como personas. Son los más pobres entre los pobres. Una
variedad de pobreza que reúne a millones de personas.
Al no acceder a los sistemas y redes de protección social que existen en su
entorno, su patología personal y su desocialización adquieren tonos límites.
Ciertos grupos de población gitana, mendigos, “yonkis”, jóvenes prostitutas
seropositivas, mujeres con cargas familiares y en situación límite por graves
problemas o catástrofes familiares, ancianos con atrofia cerebral, abandonados
por la familia y la sociedad..., son algunos de estos grupos sociales.
Desarraigo familiar, exclusión social, graves problemas de carácter sanitario y
afectivo, desempleo continuado, carencia aguda de recursos económicos y soledad,
son algunas de las características que describen la situación de este colectivo.
Los estudios sobre el nivel de pobreza en España llevados a cabo por diversas
entidades tienen como común denominador la constatación de que, al menos, una
quinta parte de la actual población española vive bajo el umbral de la pobreza,
o sea, tiene ingresos inferiores a la mitad de los ingresos medios.
En nuestro país más de un millón de personas viven en una situación de auténtica
miseria, con unas condiciones de vida tan límite que su existencia está
gravemente amenazada. Aquí se sitúa ese millón trescientas mil personas que
viven con una renta disponible inferior al 25 por ciento de la del español
medio, y que constituyen la franja de lo que se llama “pobreza severa”. Esta
pobreza está constituida preferentemente por madres solteras, mujeres separadas
o viudas con cargas familiares, y por personas en paro de larga duración.
Los procesos de empobrecimiento que no cesan ni siquiera en estos tiempos de
crecimiento económico ponen a nuestro país en situación de ruptura social.
Frente a “una zona de integración”, caracterizada por un trabajo estable y por
la solidez en el ambiente familiar y en el contexto comunitario, existe una
“zona de vulnerabilidad”, caracterizada por la precariedad del empleo y de la
protección social, y por la alteración de las relaciones familiares y sociales.
Y finalmente, está la “zona de la exclusión”, en la que se encuentran aquellos
españoles que viven en una completa marginación, carentes de recursos materiales
básicos, con un empleo inestable o sin empleo y con una desprotección social
aguda o inexistente.
Los excluidos absolutos son un sector cada vez más mayoritario. Y como dijo el
poeta: “Y cuántas promesas, madre / ¡ay!, cuantas hicieron. / Y no cumplieron
ninguna / de las que hicieron”.
Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
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