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Desde hace años, unos desconocidos provocadores se empeñan en creer que Jaime
Richart y Antonio Marín somos la misma y única persona; craso error, pues Jaime
es Jaime o eso cree él y yo soy yo (¿o soy otro... o un Ulises que se presenta
ante Polifemo como "nadie", como un ser que ya no tiene nombre y se siente un
naufrago, un exiliado en busca de una Itaca, de un Paraíso que se encuentra tan
cerca, tan cerca, que no lo ve...).
Lo apasionante del tema es que esos desconocidos llevan años, pero que muchos
años insultándonos y descalificándonos a todas horas, demostrando que nunca se
han tomado la molestia de leer ni uno de nuestros textos, pues hubiesen podido
observar que ambos decimos lo mismo, pero empleamos estilos y expresiones muy
diferentes, dado que los dos tenemos edades y trayectorias desiguales, dispares,
aunque compartimos nuestro desprecio contra el capitalismo, contra el
fascismo... en una palabra, odiamos la existencia de injusticias, se denominen o
etiqueten con eufemismos o no.
Jaime es un reputado y famoso jurista, un distinguido personaje vinculado a la
judicatura y al mundo universitario desde siempre, siguiendo los pasos de su
padre, otro celebre experto en "Derecho" y leyes... El nombre de Jaime puede que
no sea el real; el mío (Antonio Marín Segovia) sí que es el real, aunque tengo
otro nombre falso que utilizo en otros artículos reflexivos, totalmente
subversivos y destinados a limpiar de legañas los ojos propios y ajenos... Los
libros del progenitor de Jaime se pueden encontrar en las mejores librerías
especializadas de los países de habla hispana. Yo soy simplemente un aprendiz de
ciudadano que he tenido la fortuna de tener como uno de mis maestro y compañeros
de piratería y aventuras filosóficas a Jaime y a otros amigos, personajes con
renombre y brillo propio, en mis procelosas y ya históricas navegaciones por el
mar de internet. Va para 11 años, 11 intensos y apasionantes años de matrimonio
con el ciberactivismo... Todo un éxito, dado lo poco que dura hoy todo.
Desde aquí quiero agradecer a ese grupo de intoxicadores y manipuladores, su
extraordinaria labor por llevar tantos años acompañándonos. Sin sus insultos,
amenazas, coacciones, disparates, violencias invisiblemente sutiles (pero
feroces y crueles en grado extremo), sin sus llamadas y mensajes denigrantes...
seguro que no seriamos lo muy radicales y conscientes que ahora somos. Gracias a
la intensa labor de manipulación, a la atroz persecución a la que nos hemos
visto sometidos durante tantos años por ese grupo de indeseables oficiales y tan
bien pagados por el Poder, hemos aprendido que tenemos que seguir en primera
línea de fuego, para evitar que semejante caterva de energúmenos y desaprensivos
(bien trajeados y pagados siempre con nuestros impuestos), tomen y asuman las
riendas de nuestra propia vida en todos los ámbitos...
El dolor de cabeza lo tienen asegurados nuestros enemigos íntimos, desconocidos
compañeros de viaje; esos mismos que desde los despachos de la "Inteligencia",
la Seguridad del Estado, el Misterio del Interior... se dedican a intentar ver
todo tipo de marcianos, ver y atisbar todo tipo de conspiraciones contra el
Imperio, cuando en nuestros numerosos escritos y libelos, únicamente hay grandes
dosis de rabia y desesperación ante tanta ignorancia y miseria emocional,
intelectual... tanta inercia y pasividad general ante las cada vez más visibles
injusticias...
¿Por qué será que ningún responsable real de corrupción acaba en prisión?
¿Por qué será que siempre acaban en la cárcel los desgraciados, a pesar de que
no hay pruebas reales para que se pasen tantos y tantos años entre rejas?
¿Por qué los españoles aplauden y alaban a los defraudadores, a los estafadores,
a los narcotraficantes, a los que comercian con mujeres, niñas y armas?
¿Por qué el joven e idealista Juez de Marbella fue cesado, trasladado y
castigado... cuando descubrió la implicación de otros jueces, fiscales,
notarios, procuradores, abogados... (se rumorea la cifra de más de 50-60 jueces
y otros tanto notarios) en las numerosas tramas delictivas y criminales,
orquestadas por Gil y Gil y sus matones y secuaces?
Esos que permiten, toleran y vitorean todas esas actividades delictivas y
criminales, esa enorme legión de ciudadanos que ven con buenos ojos que se
cometan actos delictivos y criminales... ¿no tienen problemas de conciencia y
salud mental?
Y lo que acabo de decir, esas preguntas planteadas anteriormente no las he
realizado yo. Un grupo de altos funcionarios de Hacienda ha realizado un estudio
detallado y pormenorizado, donde se concluye que a los españoles les encanta que
existan estafadores, defraudadores... empresarios de altos vuelos, que violen
las leyes, a pesar de que muera gente y se distraigan enormes cantidades de
dinero público... Eso sí, esos mismos españoles que toleran y aplauden el robo
de empresarios y ejecutivos de alto nivel, no ven con buenos ojos el hurto o el
robo de poca monta... ¡¡¡ Alucinante!!!
Antonio Marín Segovia
Aprendiz de Ciudadano
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