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FILOSOFÍA Y NOMBRE PROPIO:
Refundar una filosofía que además de una "alethe" profunda, sea
paralelamente una práxis de interacción entre hombre y mundo, parece ser la
tarea venidera.
Saber y "saber". Ya no una Filosofía convocada en torno del hombre concreto,
sino un saber al servicio de semiólogos y especialistas.
Como Martin Heidegger lo previó, la filosofía se ha convertido en tarea de
profesores.
Esta nueva forma de escolástica - marginada de las nuevas formas de un saber
al servicio de formas del poder instrumental del totalitarismo de la técnica
- esconde su cabeza como el avestruz.
La filosofía - así, en abstracto - no habla porque jamás habló sino en las
formas de los nombres propios.
Muda, no es sino cobarde y estéril reflexión desconectada del tiempo del
mundo.
Son los hombres llamados en otro tiempo filósofos (amigos de la verdad)
quienes ahora callan, se humillan, mercantilizan sus discursos, los pulen o
codifican, al servicio de las imágenes del mundo en boga que imponen los
mercados de la cultura planetaria.
La verdadera valentía reside en el pensar cuestionador, no solo en el
compromiso para y con la acción, sino en el compromiso con el ser que dona
de sentido a toda acción, en una "aletheia" capaz de modificar
sustancialmente nuestra visión de la imagen del mundo.
Esa "aletheia" que Heidegger reivindicaba como la verdadera acción cuando es
ya revelación de un mundo.
Nuevas formas de servidumbre se enseñorean ahora sobre el talante en el
temple de toda verdadera interrogación filosófica.
El pacto secreto de no dejar hablar a los espectros, el miedo a una realidad
que ha escapando así de las mallas de la razón o la perdida de un logos,
capáz de dominar al mundo y acuñarlo en una lengua perdida, sumados a las
culpas por aquellos holocaustos que la razón no había previsto, hacen al
sentimiento de inferioridad ante los destellos de la razón cumplida en la
instrumentalización de la técnica, que silencia el habla especulativa, o la
vuelve soliloquio estéril de los limites del lenguaje, encerrado en sus
propios limites.
La palabrería adopta en nuestro tiempo formas patéticas.
La mayoría de los filósofos de los países marginales son además funcionarios
que aspiran al poder político, el más volátil humo del ser que escapa aún a
los dictados de la técnica.
En ésta situación la filosofía no es más interrogación ni construcción de la
realidad, a partir de los limites que la crítica traza, para recibir en sí
lo no pensado, o lo no pensado mismo se vuelve loa, válvula de escape que
permita asistir al nacimiento de una erística de la sofística, cargada ahora
sí con todas las armas con las cuales había sido vencida por la razón.
Filosofía de la impotencia del pensar, el pensar mismo es vituperado como un
arrastrarse atraído por la gravidez de la tierra.
La tierra que Nietzsche había soñado ingrávida y volátil como la danza de
los dioses.
El pensar es desde su partida de nacimiento "langagement" para la
sobrevivencia de esa raza de decadentes, a los que Nietzsche llamaba todavía
filósofos.
Funcionarios de academias o lectores de grandes editoriales, los filosofos -
no la filosofía - hace mutis por el foro.
Deserta de las grandes causas, de los grandes relatos, no busca ya al hombre
con una linterna en pleno día.
¿Pero es la filosofía quien calla ?
No. Son los filósofos quienes maquillándola de un lenguaje esfumado en la
interioridad vacua de un discurso lanzado hacia un afuera ilimitado,
prefieren solo hacer un recuento de los fracasos del logos, avergonzados e
impotentes para fecundar nuevas zonas de una realidad que los enceguece, con
los flashes de imágenes demasiado duras, demasiado impenetrables, para ser
asumidas como la materia que da forma a una vida y se convierte en destino ,
cuando la filosofía ventriloquea desde los genitales de un pensador .
También Nietzsche afirmaba, "toda filosofía, no es sino autobiografía".
Y en ella olía aquel pasado piadoso de una teología a lo Tubinga que
necesitaba todavía justificar la historia como el dedo de Dios sobre la
tierra.
Pero la verdadera filosofía habla allí donde lo Universal encarna en la
singularidad de una experiencia de vida.
Aquí "ello "dice, "ello" dicta, "ello" asume sobre sí peligrosamente el
destino del mundo.
Entonces ello (la filosofía) crea valores y no solo es la arquitectónica de
una razón que sirve a los dictados del miedo.
Filosofía funcionaria del Estado, del olvido, de la pulsión suprimida, de la
cartilla en blanco, de un olvido doblemente consentido, que no se sabe a si
mismo ni se recrea en sus propios pliegues de las culpas del fracaso de un
logos que finalmente ha triunfado en el holocausto, y en una vergonzosa
confutación de la historia.
¿Pero es la historia solo una ficción de la filosofía ?
Son el fin y las estrategias teleológicas solo espejismos de la razón y
miedos de la razón dialéctica a la falta de toda finalidad en el origen del
conocimiento, que no sea la de perpetuar la especie y las ilusiones de los
grandes relatos que han convertido al hombre en un demente funcionario del
lenguaje de la técnica, producto de la liberación por el logos de todo ente
convertido en stock de serivicio.
Había una vez un animal orgulloso que se convirtió en el amo del ente, e
hizo de sí mismo materia de virtualidades que volatilizaron nombres, objetos
y sujetos, fines, causas y efectos, copias y originales .
Si los filósofos callan, si no hablan desde el corazón más profundo de una
constelación epocal, si sienten las vergüenzas y el miedo de una historia
que le es y le fue adversa a los sueños de la razón, no ello la filosofía
debe callar.
Habla a pesar de los filósofos, allí donde su silencio es más pertinaz y es
más riesgosa su pasión de saber.
Si hemos elegir entre la verdad y la vida, dijo Nietzsche, debemos elegir el
que la especie perezca.
La especie como tal parece no correr sino los riesgos de un excesivo celo
por la razón pura-práctica.
Sigue creyendo el hombre que puede ser un buen administrador de los "real"
cuando el mismo a desaparecido, y es ya solo una imagen invertida de sí
mismo, codificado en programas de software, funcionario de la técnica,
materia prima de su propio consumo.
Pero los filósofos no parecen advertirlo, enfrascados como están en resolver
las aporias de una razón que continúa develándolos como la amable disputa
por la "cosa" misma.
¿Pero cual es la "cosa" es la cosa de la filosofía sino proponer al corazón
del hombre las visiones que den nuevo fundamento a otra edad en la historia
de este ser de lejanías, de este ser, que no es sino el animal "que puede
prometer"?.
¿Es todavía el hombre un animal que puede prometer ?
¿No están ya todas las promesas cumplidas ?
¿Es la filosofía capaz todavía de ser la respuesta que toda promesa requiere
para esperar una nueva edad del mundo ?
Existen filósofos, -hombres digo- capaces de responder en nombre de sí
mismos - de sus nombres propios e impropios -, a las promesas con renovados
bríos, preguntando sin esperar respuestas, pero dando respuestas por el solo
hecho de continuar preguntando.
Porque la pregunta, sin concesiones, es en sí ya la respuesta en forma de
plegaria del pensamiento, cuando el desierto está creciendo, y con ello los
nuevos fumaderos de opio de la razón, en los que el hombre puede perder su
sombra, ahora sí definitivamente.
Refundar una filosofía que además de una "alethe" profunda, sea
paralelamente una práxis de interacción entre hombre y mundo, parece ser la
tarea venidera.
Oscar Portela
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