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"No habrá más reformas educativas, porque no son necesarias", dice Zapatero.
Es cierto, por una vez, estamos de acuerdo. No son las reformas las que levantan
de su terrible penuria la educación de los niños. No son las LOGSES y las ESOS
las que han proporcionado altura y calidad al sistema educativo español, hundido
a niveles ínfimos, reducido, en su vacío, a la simplicidad camuflada bajo una
terminología estéril y altisonante y amparado en su obligatoriedad desmotivada,
indisciplinada y falta de interés e incentivo.
El Presidente anuncia que no habrá más leyes educativas por "innecesarias y
porque necesitamos estabilidad", al estar establecido el marco normativo,
fijadas las metas y asumido el compromiso financiero. A ello, añade que los
responsables de las principales instituciones culturales de carácter público
serán elegidos por comisiones de especialistas y sus mandatos no estarán
condicionados a los posibles cambios de Gobierno. Quiere acercar la gestión
cultural a la sociedad civil y fomentar la lectura para extender los beneficios
de su práctica "a todas las capas sociales y edades". ¿Qué es eso de comité de
expertos? Nunca ha sido demócrata ni tolerante la búsqueda de la cultura.
Parece que, desde su reducto de La Moncloa, no sabe Zapatero cosa alguna de este
mundo real. ¿Conoce el estado actual de la enseñanza en España? ¿Qué clase de
asesores lo rodean? Salga, asómese a la realidad nacional; vea cómo escriben hoy
los jóvenes, su falta de conocimientos elementales y su pobreza mental; oiga
cómo leen nuestros locutores, con su cansino soniquete, que se comen la
puntuación, los acentos y la entonación, "alma de la Lengua", decía Dámaso
Alonso; compruebe cómo se rompe la Morfología, cómo se destruye la Sintaxis, y
sabrá por qué España está en los últimos puestos del cómputo educativo de países
europeos. No se puede sufrir inopia más supina. Ciertamente es mejor que no
toque ni se acuerde de la enseñanza.
Es este el País de las tinieblas. Mejor que nadie lo saben los profesores, a los
que nunca se les consulta. Pregúnteles y le hablarán de la indisciplina, de la
anulación de su autoridad, de la imposibilidad de explicar e impartir la
materia, de la falta de reconocimiento y apoyo, de la vejación de su dignidad,
de la pasividad normalizada, de la agresividad y violencia establecida contra su
figura y actividad. Y le expondrán su inestabilidad, su tensión y depresión y
horror.
No hacen falta leyes ni reformas porque ya se ha conseguido la extensión de la
ignorancia, al rebajar las exigencias y disminuir los contenidos a escala de
mínimos, ya tienen la grey sumisa, entregada y falta de criterio, para depositar
el voto, una vez tragado, sin repulsa, el adornado sustento de sus mítines.
Mientras ellos y las clases dominantes mandan a sus hijos a reputados centros de
aquí o de allá, a recibir la formación valiosa y consistente que en su país no
encuentran.
Tal vez, algunos vuelvan su recuerdo hacia aquel antiguo y eficaz Bachillerato
de los siete años y muchos recriminen el derribo del BUP y, en el fondo, lo
añoren.
M. Berceo
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