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Un famoso mariconazo, que tantas veces había dado y tantas otras recibido, un buen día muere y llega en presencia de San Pedro. El Santo le dice paternal: -Querido hijo, para entrar al paraíso deberás respoder a mi pregunta, para la cual seguramente no estás todavía preparado; en tanto, toma ésta pastilla. Y le dá un comprimido blanco del tamaño de un botoncito, -Vuelve a la tierra y tómala con un poco de agua, luego vuelve a mí. El mariconazo, estupefacto lleva a cabo la órden y, después de algunos minutos,...
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