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Era un rocanrolero que se va a confesar. -Padre, vengo a confesarme, yeah, yeah, yeah. Y el padre le contesta: -No te puedo confesar hasta que te cortes el cabello. Pasa un año, dos años, tres años y llega el rocanrolero. -Padre vengo a confesarme yeah, yeah, yeah. -No hijo, hasta que te quites esos aretes, esas pulseras y todos esos colguijos que traes. -Pasan cinco años, seis años y llega otra vez a confesarse. -Padre vengo a confesarme, yeah, yeah, yeah. -Que no hasta que te vistas como la gente y te quites...
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