Hasta ahora los procesadores (o chips) se caracterizaban por ser
objetos en extremo diminutos pero demasiado rígidos. John Rogers, profesor de la
Universidad de Illinois (USA), ya ha inventado el primer chip flexible de la
historia.
Para crearlo diseñó una forma ultrafina de silicio (el material del que se hacen
los chips), de un espesor equivalente a una millonésima parte de un cabello
humano, que se inserta en tubos de plástico también pequeñísimos que le otorgan
resistencia.
Este desarrollo abre el camino para la creación de teléfonos móviles e iPods que
modificarán absolutamente lo que conocemos hoy. Serán como papeles, que se
doblan y guardan en el bolsillo. No obstante, el objetivo final de todo es
llegar a fabricar chips que puedan implantarse en el cuerpo humano.
Si te ha gustado lo de disponer de ropa que se "lava" sola, ¿qué te
parecería tener un electrodoméstico que al romperse se reparase sin ayuda? Pues
la tecnología para esto ya existe, se llama biomimética y lo que hace es imitar
procesos biológicos, en este caso, el de la cicatrización.
El sistema ha sido desarrollado por científicos de la Universidad británica de
Bristol que han creado un material compuesto por minúsculos tubos de fibra de
vidrio que se comportan de modo similar a los vasos sanguíneos en presencia de
una herida.
El material, al romperse, expulsa una resina combinada con un material
endurecedor, que sella la grieta en pocos segundos.
Se está probando para aumentar la seguridad de los aviones en vuelo, pero sus
aplicaciones son insospechadas y podría llevar a toda una nueva generación de
productos.
Ian Bond, creador de esta tecnología, afirma que la biomimética podría llegar a
aplicarse en áreas como la regulación de la temperatura en espacios cerrados.