En el principio del libro EL CIELO RESPONDE se lee el siguiente párrafo:
"Al comienzo era la singularidad, era la nada y era el Todo. Había
terminado un Ciclo y el Absoluto no se encontraba manifestado. Luego, en un
nanosegundo, se manifestó a través de diversas creaciones. Hubo un Big Bang
donde comenzó nuevamente el espacio-tiempo para dar cabida al unive rso físico
y a los supra universos espirituales.
El Absoluto crea entonces a los elohim o dioses menores, que son los que continúan
la tarea creadora en los distintos universos. Deriva la tarea principal a 72
elohim.
Los elohim crean entonces a los distintos seres angélicos (serafines,
querubines, tronos, dominaciones, potestades, virtudes, principados, arcángeles
y ángeles), a los elementales de la naturaleza (gnomos, sílfides, salamandras,
ondinas, hadas, ninfas, trasgos, sátiros, faunos, peris, vestiglos, sirenas,
etc.) y a los espíritus, que encarnan en el plano físico para comenzar su
evolución".
A continuación paso a explicar la tremenda conspiración organizada por algunos
elohim.
Pasaron los milenios y en el planeta Tierra fueron quedando atrás las distintas
eras. El ser humano ya poseía un lenguaje escrito. La historia estaba en sus
comienzos. De esos 72 elohim originales, había seis de ellos que pusieron
atención en nuestro mundo. Coincidió con la época en que el eloah Jehová fue
nombrado Logos del planeta Tierra.
Esos seis elohim estaban en contacto telepático con los Ha, seres de Vega V.
Los Ha eran despóticos, crueles, manipuladores. Uno de esos elohim o dioses
menores era el logos de ese planeta. Se llamaba Elyón, que significa Supremo, y
consentía la conducta equivocada de los Ha. Los otros cinco elohim eran Hashem,
Sh adai, Quadosh, Ramahan y Adonai. Salvo este último, todos los demás gozaban
como propia las ansias de poder de la raza Ha. Si me permiten la expresión,
observaban la conducta de los Ha durante milenios, como si nosotros miráramos
una obra de teatro. Era evidente que, a pesar del plano elevado de los elohim,
el ego había hecho presa de algunos de ellos. Y su espejo físico eran los Ha.
Esa raza desarrolló tempranamente su tecnología y comenzó primero con
exploraciones dentro de su sistema estelar y luego, con viajes interestelares.
Así fue como llegaron a la Tierra, donde luego se armó la gran conspiración.
La Biblia tiene varios relatos que cuentan sobre la crueldad de los Ha,
supervisados por los elohim. Y Jehová, el logos planetario, permisivo con el
mal, no se opuso a la crueldad de los extraterrestres, aunque no aceptaba el
compartir su "poder" con otros elohim, pue s era celoso de sus
posesiones. Algunos escritos prueban que Elyón igual impuso su dominio real en
el planeta Tierra.
Transcribo un dato bíblico, tal cual fue escrito: El Deuteronomio, en su versión
más antigua, dice que "cuando Elyón repartió las naciones, cuando
distribuyó a los hijos de Adán, fijó las fronteras de los pueblos según el número
de sus habitantes, reservando para Jehová uno de esos pueblos"
(Deuteronomio 32, 8-9). O sea, Jehová, aún siendo logos planetario, permitía
que otros elohim tomaran decisiones sobre la raza humana. Esos elohim o dioses
menores se reunían periódicamente en un lugar llamado "la montaña de la
Asamblea" o "el monte de la Reunión", ubicado en los confines
del monte Safón (Isaías 14,13). Obviamente, los que se reunían no eran los
elohim, pues éstos no necesitan de un lugar físico. Los que conformaban esa
Asamblea eran los Ha, la raza extraterrestre venida de Vega V. Las pruebas están
en los escritos bíblicos, pues en el Salmo 82 hay constancia de una de esas
reuniones: "Elyón se yergue en la Asamblea Divina, en medio de los dioses
juzga: ¿Hasta cuando juzgaréis injustamente y a los malvados mimaréis?... Yo
he dicho: ¡Dioses sois, e hijos de Elyón todos vosotros! Sin embargo, como
hombres moriréis, y como cualquiera de los príncipes caeréis".
Es obvio que los Ha obedecían a Elyón, y allí Jehová no tenía parte. Los
antiguos escritos daban a entender que los "dioses" se corporizaban.
En Génesis 32,25 y ss Jacob luchó cuerpo a cuerpo contra un ser extraño y éste
reconoció finalmente ser uno de los elohim. Eso atemorizaba más que si dijera
que era un ser de otro mundo.
No cabe duda que Jehová pactó con Elyón, pues los Ha también se pusieron a
su disposición. En Éxodo 33,11 Moisés conversaba en la tienda de la Reunión
cara a cara con Jehová y no cabe duda que un ser de Vega V era el que
caracterizaba a un dios, pues el escrito dice que están frente a frente
"como conversa un hombre con su amigo". En ocasiones, incluso paseaba
de incógnito por el campamento, por lo que exigía que todas las deyecciones de
su pueblo estuviesen debidamente enterradas (Deuteronomio 23, 13-15), como si él
fuera un hombre como los otros, sensible a la suciedad. Lo que diferenciaba a
los Ha de los humanos, más que su aspecto físico, era el poder que poseían y
que las tribus apodaban la "Gloria de Jehová".
Esa "columna de nube" que se transformaba en columna de fuego dura nte
las noches de travesía por el desierto y a la que con tanto detalle se refiere
el Éxodo, debió tratarse de la nave estelar de los Ha. La llamada "Gloria
de Jehová" tenía "dos caras": una de ellas, conocida como
"el rostro de Jehová", era especialmente peligrosa, pues según
cuenta la Biblia ningún hombre podía verla y sobrevivir. Sin embargo, Moisés
logró ver la cara posterior tras refugiarse en la hendidura de una roca,
haciendo caso a los consejos de Jehová (Éxodo 33,20). Es evidente que "la
cara anterior de Jehová" se trataba de la parte inferior de la nave de los
Ha, donde estaban sus motores, ya que cuando la "Gloria" se situaba
sobre la Tienda de la Reunión, Moisés no podía entrar en ella (Éxodo 40,
34-35), pero cuando "aterrizaba" al lado, no había peligro (Éxodo
33, 9).
Se ignora qué tipo de propulsión empleaba la nave, pero había severas órdenes
de que nadie del pueblo se acercara a las inmediaciones donde ésta operaba (É
xodo 19, 12). Dicha nave tenía poderoso armamento, pues "era capaz de
escupir un fuego que podía abrasar de golpe a 250 hombres (Números 16, 35) o
de destruir ciudades enteras (Génesis 19).
La mayoría de las personas, debido a la desinformación de las religiones
tradicionales, siguen creyendo que Jehová es el Absoluto, pero los escritos
demuestran que era un dios tribal, no universal, y que su mayor obsesión era
repoblar su territorio con gente que le fuera fiel. De esa manera, se aseguraba
de que en el futuro no surgiera ningún foco de "idolatría" a otros
dioses, pues consideraba a ese pueblo "de su propiedad personal"
(Deuteronomio 7, 6). ¿Cómo lograba eso? Allí comienza la conspiración de los
elohim. Debía "vaciar" previamente ese territorio de sus anteriores
pobladores. Así que Jehová dio órdenes de conquistarlo. Eso sí... para
asegurarse que no habría futuras "contaminaciones" religiosas, decretó
muchas veces la muerte de sus habitante s: "De las ciudades de esos pueblos
que Jehová, tu elohim, te da en herencia, no dejarás viva alma alguna; sino
que consagrarás a completo exterminio al Hitita, al Amorreo, al Cananeo, al
Perezeo, al Jivveo y al Yebuseo, conforme Jehová, tu elohim, te ha ordenado; a
fin de que no os enseñen a imitar todas las abominaciones que han cometido en
honor de sus dioses y pequéis contra Jehová, vuestro elohim"
(Deuteronomio 20, 16-18).
O sea, Jehová no quería prisioneros... ni siquiera mujeres o niños, tal era
su crueldad. Por eso tampoco tuvo dudas en aplicar el mismo "remedio"
entre los habitantes de su pueblo cuando éstos sentían que Jehová no era el
dios de bondad que ellos esperaban y comenzaron a adorar de nuevo a sus antiguos
dioses: "Así ha dicho Jehová, dios de Israel: "¡Ponga cada uno su
espada al costado! ¡Pasad y repasad por el campamento de puerta en puerta y
matad cada uno al propio hermano, al propio compañero, al propio
pariente!" (Éxodo 32, 27). Esa orden dejó como consecuencia que tres mil
hombres fueran víctimas de tan drástica medida, muriendo a manos de sus seres
más queridos.
Con respecto a los Ha, los seres de Vega V, tenían trajes resplandecientes. Una
de las pruebas es que en el Libro de Enoch se habla de unos seres que
normalmente eran tan refulgentes como el fuego pero que, cuando lo deseaban, podían
adoptar la forma de hombres corrientes. Los elohim se aprovechaban del temor que
inspiraban los Ha a las tribus de aque lla época y se servían de los veganos
para someter por el terror a los ignorantes pobladores del Medio Oriente
antiguo.
Moisés se hizo cómplice de Jehová para provocar asesinatos en masa. Doy el
caso de que cuando Coré se rebeló contra Moisés, éste le ordenó presentarse
con 250 de sus hombres, portando incensarios ante Jehová en la puerta de la
Tienda del Encuentro. Cuando todos acudieron, Moisés dijo: "´En esto
conoceréis que Jehová me ha enviado para hacer todas estas obras y que no es
ocurrencia mía: Si mueren estos hombres como muere cualquier mortal, alcanzados
por la sentencia común a todo hombre, es que Jehová no me ha enviado. Pero si
Jehová obra algo portentoso, si la tierra abre su boca y los traga con todo lo
que les pertenece, y bajan vivos al Seól (profundidades de la tierra), sabréis
que esos hombres ha rechazado a Jehová´. Y sucedió que nada más terminar de
decir estas palabras, se abrió el suelo debajo de ellos; la tierra abrió su
boca y se los tragó, con todas sus familias, así como a todos los hombres de
Coré, con todos sus bienes". (Números 16, 28-32). Añadiéndose más
adelante que "Brotó fuego de Jehová, que devoró a los 250 hombres que
habían ofrecido el incienso" (Números 16, 35). Es obvio que las armas de
los Ha causaban estragos en las filas de los pobres israelitas que se rebelaban
ante Jehová y Moisés, su cómplice. Hay otro detalle de la extrema crueldad:
Hubo judíos que se impacientaron ante la larguísima travesía por el desierto
y se lo hicieron saber a Moisés, manifestándole su inquietud. La reacción de
Jehová no fue precisamente "comprensiva": "Envió entonces Jehová
contra el pueblo serpientes abrazadoras que mordían a la muchedumbre; y murió
mucha gente de Israel" (Números 21, 6). Esas "serpientes abrasadoras
eran rayos calcinadores provenientes de las armas de los Ha y provocaron cientos
de muertos.
También había mucha competencia entre todos los elohim y la prueba es que
Jehová era muy celoso y posesivo de "su pueblo". Siempre manifestaba
el temor de que decidieran dejarlo e irse con otros dioses, y los sometía con
amenazas que, llegado el caso, cumplía inexorablemente. Así como en Éxodo 32,
27 no dudó en ordenar la muerte de tres mil hombres, en Deuteronomio 7, 9-10,
Jehová le advierte a Moisés: "Has de saber, pues, que Jehová tu Dios
verdadero, el dios fiel que guarda la alianza y el amor por mil generaciones a
los que le aman y guardan sus mandamientos, pero que da su merecido en su propia
persona a quién le odia, destruyéndole". Advirtiéndole lue go en
Deuteronomio 8, 19-20: "Pero si llegas a olvidarte de Jehová, tu Dios, si
sigues a otros dioses, si les das culto y te postras ante ellos, yo certifico
hoy ante vosotros que pereceréis. Lo mismo que las naciones que Jehová va
destruyendo a vuestro paso, así pereceréis también vosotros por haber desoído
la voz de Jehová, vuestro Dios". Es importante aclarar que Jehová hacía
caso omiso del servilismo de Moisés, pues no dudaba en amenazarlo si notaba que
su "poder" se debilitaba. Y así Moisés obedecía en todo al cruel
eloah, bajo el temor de una represalia personal.
En un capítulo, el pueblo de Israel se estableció en Sittim y muchos de sus
hombres se pusieron a fornicar con las hijas de Moab. Quedaron prendados con las
muchachas y se postraron ante otro de los elohim, que era contactado por ese
pueblo. La reacción de Jehová no se hizo esperar: "Dijo a Moisés. ´Toma
a todos los jefes del pueblo y empálalos en honor de Jehová cara al sol; así
cederá el furor de la cólera de Jehová ante Israel´. Dijo Moisés a los
jueces de Israel: ´Matad cada uno a los vuestros que se hayan adherido a Baal
de Peor´" (Números 25, 4-5). El resultado de esos crímenes trajo
aparejado una tremenda peste que asoló a un altísmo porcentaje de personas. En
Números 25, 9 se describe: "Los muertos por la plaga fueron 24.000".
Moisés fue el "ejecutor terrenal" de las órdenes de Jehová y para
aquellos que no saben qué es la técnica de empalar, les comento que consiste
en introducir un gran palo por el ano a las personas e insertárselo hasta la
boca.
Jehová semejaba un animal cebado en sangre. En Números 31, 2 le dice a Moisés:
"Haz que los israelitas tomen venganza de los madianitas". Así fue
que mataron a todos los varones e "hicieron cautivas a las mujeres de Madián
y a sus niños, y saquearon su ganado, sus rebaños y todos sus bienes. Dieron
fuego a todas las ciudades en que habitaban y a todos sus campamentos" (Números
31, 9-10). Y no conforme con eso, Moisés ordenó matar "a todos los niños
varones y a toda mujer que haya conocido varón" (Números 31,17).
Posteriormente, bajo las órdenes de Moisés, el "pueblo elegido" se
repartía el botín, tras los saqueos. En esa ocasión, parte del botín eran
las "32.000 mujeres que no habían dormido con varón" (Números 31,
28). Los Ha, sin que los remuerda ninguna conciencia, participaban "en el
nombre de Jehová", de una gran tajada: En el texto bíblico se especifica
que a Jehová le correspondieron 675 cabezas de ganado lanar, 72 de vacuno y 61
de asnal, así como 32 prisioneros (Números 31, 32-40). "El total del oro
que reservaron para Jehová, de parte de los jefes de Millar y de Cien, fue de
16.750 siclos" (Números 31, 52). Aún para los más escépticos cuesta
aceptar que un "dios" precise ganado, dinero y esclavas... salvo que
los supuestos dioses fueran extraterrestres.
Los magnicidios de Jehová, con Moisés y los Ha como cómplices, los pueden
hallar en distint as partes de la Biblia: Al relatar la conquista del reino de
Sijón, Moisés comenta como Jehová le ordenó apoderarse de ese territorio y
la batalla que tuvo lugar en Yahás, confesando: "Nos apoderamos entonces
de todas sus ciudades y consagramos al anatema toda ciudad: hombres, mujeres y
niños, sin dejar superviviente" (Deuteronomio 2, 34). Ese hecho se
reiteraría con la conquista del reino de Og, reconociendo el texto bíblico
igualmente que mataron a todos sus habitantes "sin dejar ni un
superviviente" (Deuteronomio 3, 3). El exterminio se repite cuando el
pueblo israelita ataca a los benjaminitas por orden expresa del perverso eloah:
"Jehová derrotó a Benjamín ante Israel y aquel día los israelitas
mataron en Benjamín a veinticinco mil cien hombres, todos ellos armados de
espada" (Jueces 20, 35), añadiendo a continuación que después
"pasaron a cuchillo a los varones de la ciudad, al ganado y a todo lo que
encontraron" (Jueces 20, 48). Moisés no era el único cómplice de la
crueldad del eloah, pues en otro de los escritos bíblicos, Samuel le transmite
a Saúl por orden de Jehová, en relación a la guerra que entablaron con los
amalecitas: "Ahora vete y castiga a Amalec, consagrándolo al anatema con
todo lo que posee; no tengas compasión de él, mata hombres y mujeres, niños y
lactantes, bueyes y ovejas, camellos y asnos" (I Samuel 15, 3). Saúl
obedeció a Samuel y "capturó vivo a Agag, rey de los amalecitas, y pasó
a todo el pueblo a filo de espada en cumplimiento del anatema" (I Samuel
15, 8).
Uno de los más grandes exterminios fue en la batalla celebrada entre los
israelitas comandados por Asá y Judá, y el millón de etíopes dirigidos por
Zeraj, que finalizaría con la muerte de todos ellos "hasta no quedar uno
vivo" (II Crónicas 14, 12).
Quiero destacar de "El libro de Enoch" dos capítulos bastantes
ilustrativos. Recordemos que San Agustín afirmaba que la Iglesia lo rechazaba
de su canon, debido a que lo consideraba muy antiguo y que, sin embargo, fue
aceptado por los primeros cristianos, entre ellos, San Clemente de Alejandría.
Enoch (el que caminó en compañía de los Ha y éstos lo arrebataron al Cielo)
nos habla sin tapujos de la unión entre los veganos y las hijas de los hombres,
y completa algunos datos que se calla el Génesis. En el capítulo VI, versículos
1-8 y capítulo VII, versículos 1-6, dice: "Así pues, cuando los hijos de
los hombres se hubieron multiplicado y les nacieron en esos días hijas hermosas
y bonitas, y los ángeles, hijos de los cielos, las vieron y las desearon, se
dijeron entre ellos: ´Vamos, escojamos mujeres entre los hijos de los hombres y
engendremos hijos´. Entonces, Semyaza, su jefe, les dijo: ´Temo que quizás no
queráis (realmente) cumplir esa obra, y seré, yo solo, responsable de un gran
pecado´. Pero los otros le contestaron: ´Hagamos todos juntos un juramento y
prometámonos todos con un anatema no cambiar de destino, sino ejecutar
realmente (ese destino)..."
Los Ha participan en varios episodios de la Biblia. Algunos de los personajes bíblicos
"fueron arrebatados a los cielos por misteriosos torbellinos y carros de
fuego". Era evidente que los veganos abducían a los terrestres para algún
tipo de estudio o experimentación. El profeta Elías fue arrebatado por un
torbellino ante los ojos de 50 profetas y de su compañero Eliseo. Enoch también
fue llevado a los cielos en un carro de fuego. El profeta Isaías también fue
subido a los cielos, acompañado de varios "ángeles". En el Nuevo
Testamento se relata otro "arrebatamiento": Felipe también fue
llevado por un carro y transportado cerca de 40 Km. Las "visiones" de
Ezequiel son narradas en otro de los libros: OVNIs (Pluralidad de Mundos
habitados).
En resumen: La crueldad de los elohim, en complicidad con los Ha y Moisés, no
tiene parangón.
Afortunadamente, cuando Jesús desencarnó fue nombrado por los Lípikas, nuevo
Logos planetar io, y la Conspiración elohim pasó a la historia.
Canalización telepática recibida por Jorge Raúl Olguín.
Bibliografía bíblica: Revista "Más Allá de la Ciencia".