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¿Gatafloras o madres?
Por ENPLENITUD.COM|
¿Quién las entiende, gatas floras?, es el estribillo de más de un hombre. La
variante radica que unos los vociferan y otros lo piensan. Y alguna porción de
razón tienen, mal que nos pese reconocerlo. Con un ser dependiente 48 de las 24 horas que tiene el día de una y de
cualquier ser humano mortal que pise en esta tierra. Gatas floras y todo, no pueden decirnos que no avisamos. Sobre todo cuando
ocurren los salvatajes domésticos. Porque lisa y llanamente, lo salvamos del
precipicio de la escalera o del abismo del inodoro o de que no lo centrifugue el
lavarropas o que no lo desgrane la procesadora, todo esto si salvó sus garfios
de que el mismo aparato no lo rebane en fina juliana. Pero así es la vida, nos dicen y encima nos recuerdan que todo el mundo
quería que “ellos” crezcan. Pero a nosotras, lo que nos sigue creciendo sin
piedad es la semilla de la culpa como si fuera otro hijo gemelo. Después
quisimos que pase a primer grado y el mocoso paso a primer grado, como era de
esperar. Pero Cachito que mide como tres metros para su talle small lo faja, y
nosotros queremos fajar a cachito, entonces tampoco nuestro retoño quiere entrar
en primer grado y cuando lo logramos, varios guardapolvos rotos después llega a
7mo. Siguiendo el orden natural de los sucesos se supone que una finaliza la
agonía primaria, lo entramos al secundario y en el secundario el primer año se
lleva hasta los recreos y lo que no se lleva por bestia se lo lleva por vago y
ausencias y sentimos que lo amamos y porque lo amamos lo aporreamos y vuelta a
aprender las lecciones de madre. Pero seguimos queriendo que crezca, con arito
hasta en la nariz, piercing en el ombligo y en la oreja y tatuaje grabado a
fuego de su primer amor que durará lo que un suspiro pero sabemos que el tatuaje
dura de por vida y sentimos unas ganas inmensas de tatuarle el cerebro. Pero y a pesar de todo, una quiere seguir siendo mamá, aunque las lecciones para hacerlo se aprendan todos los días. Aunque borroneemos desprolijidades todos los días. Aunque nos saquen canas blancas primero y canas verdes hasta la eternidad y si me descuido después de ella también porque son a perpetuidad y no hay peluquero/a que pueda con ellas. Y después, si queremos que siga creciendo, seguramente querríamos un nieto y empezamos a preguntar disimuladamente primero, son muy susceptibles los jóvenes de ahora, y con ahínco después hasta que nos manden al diablo hijo y nuera conjuntamente. Formulando la pregunta de rigor que se le enchufa a toda madre, la inquietud de por que no nos metemos en nuestros asuntos: los talles literarios, el gym, la peluquería, darle de comer al gato, juntarnos con amigas, no pelearnos y seguir la vida, con amante discreto y sin andar pregonando tanto. Y cuando ella esté embarazada, de su hijo por supuesto, pero también de
nuestro nieto y/o nieta, trataremos de habernos formado en un régimen militar
para no atentar la paz del matrimonio, atormentándolos con preguntas. Para
evitar el reclamo de ella llamándolo pollerudo a nuestro hijo y a nosotras
brujas, por lo bajo. Nos meteremos nuestra experiencia de embarazo en el
bolsillo, porque a la nuera le parecerá de 1810, con tal de estar cerca en el
momento en que nuestro nieto vea la luz del día. |