La manifestación de este tipo de relación suele estar directamente ligada a
una desvalorización de la propia persona y vinculada a estados depresivos y de
baja autoestima, hasta el punto de llegar a creer ser merecedor de la situación
que se está viviendo, impidiéndole tomar cualquier tipo de actitud que ayude a
un cambio total, profundo y duradero.
En este sentido, un estudio realizado por la revista científica 'Archives of
Pediatrics & Adolescent Medicine', arroja resultados esclarecedores, al
comprobar que las mujeres que durante su adolescencia reflejaron síntomas de un
cuadro depresivo, son más propicias a vivir una relación tóxica en su madurez.
De allí, los investigadores afirman que prevenir, identificar y tratar la
sintomatología depresiva en las jóvenes adolescentes podría ayudar a reducir la
probabilidad de una victimización posterior. Los especialistas advierten que la
constatación de esta situación durante la adolescencia debería ser tomada con
seriedad y la actitud a seguir sería acudir a un profesional que nos pueda
ayudar en el diagnóstico y tratamiento.
Existen diferentes razones que nos pueden llevar a involucrarnos en relaciones
tóxicas
- Baja autoestima, desmereciendo nuestras capacidades
- Sentimiento de omnipotencia, creer que podemos cambiar al
otro y modificar su conducta
- Asumir un rol de víctima
- El miedo a la soledad
- La necesidad de cumplir un rol social
Frecuentemente el miedo a la soledad y la necesidad de sentirse acompañado a
cualquier precio, propicia que la persona sienta que es capaz de tolerar todo
por no perder el vínculo afectivo, lo que tarde o temprano deriva en una
situación de asimetría en la pareja, en la que uno de los integrantes termina
viviendo de acuerdo a las necesidades, rutinas, humores y problemas del otro.
Las relaciones tóxicas no son un mal menor, ni deben tomarse como algo natural.
En cualquiera de los casos, lo que debe primar es que ni el temor al fin de la
relación, ni el miedo a la soledad, ni a la fragilidad económica o laboral, ni a
la disolución del grupo familiar, deben ser más importantes que nuestra
integridad emocional, nuestra salud, el respeto que nos merecemos como seres
valiosos que somos y el derecho legítimo a ser plenamente felices.
Las personas que se ven afectadas sufren las consecuencias de no pedir ayuda
profesional, muchas veces por miedo a la pareja, en distintos ámbitos de su
vida. Nadie merece una relación en la que no pueda compartir sus sueños,
expectativas y problemas, donde no se potencien sus ganas de vivir alegre y
plenamente.